Por aquellos días llegaba a ayudar en la tienda de un amigo, que le gustaba ir a los pueblos a comprar las cosas del almacen, decía él que eran más baratas. Bueno me pidió que le administrara la tienda por unos días, ahí conocí a Rosa, hermosa hembra de 40 y tantos años, cuatro hijos, pero con un cuerpo bien cuidado, ojos verdes, trigueña y muy trabajadora.
Rosa y yo, nos compenetramos muy bien, era trabajadora, incansable y un poco tristona. Un día almorzamos y nos tiramos al suelo a dormitar un rato, sin querer le rocé sus senos, turgentes, redondos... ella río de buena gana y me dijo: vea lo que hizo, y señaló con su dedo, sus pezones erectos, al verlos sentí de inmediato como crecía mi pene... ella no disimuló y me dijo: creí que yo no le gustaba a ningún hombre, mi marido llega, se acuesta y rapidito se duerme.
- Como me va a decir eso rosita, vea como no le miento, y señalé mi pantalón
_ enseñe, dijo con voz de niña traviesa, ni lerdo ni perezoso abrí mi pantalón, dejando escapar mi pene, que aunque normal, lucía deseoso de penetrarla...
Lo vió, lo besó y rápidamente lo metió a su boca... era una mamadora de primera... yo sentía un placer tan intenso, tan rico... que tuve que hacer que parara para no regarme... yo quería hacerla felíz, que ella disfrutara mucho...
Besé sus labios, besos chicos, luego nos besamos apasionadamente, poco a poco las ropas quedaron en el suelo: su blusa, su brazier, sus pantalones, su tanga blanca... mamé sus pechos, esos montes erguidos, estaban duros, firmes... les pasé mi lengua, y los devoré, bajé por su estómago, un delgado hilo de vellos dirigían mis labios hacia su vagina... estaba, húmeda, cálida... pasé delicadamente mi lengua por su palpitante vagina, una y otra vez, me encantaba sentir su cuerpo temblar.
Tomé su clítoris entre mis labios, lo mamé, lo chupé suave, delicadamente... era rosa, una delicia, de pronto tomó mi cabeza con su mano y me apretó contra ella: quiere lechita, tome mi lechita... era intensa, era abundante y se vino en mi boca...
Aún estaba regandose, cuando comencé a pasar mi pene por su ardiente y mojada vagina, que se lo tragó por completo, hasta dentro... uuuyyy que rica estaba, nos movíamos en armonía, gemía intensamente y yo me extasiaba en sus gemidos, era rico penetrar aquella mujer... de nuevo comenzó a agitarse, lanzó un grito de placer y dijo: me vengo, eso me excitó a un más, me impulsé más dentro de ella y al sentir mis testiculos mojados por su nueva "venida" me vine yo también, explotando dentro de ella...