¡Ay, Dios mío, qué torta! Aquí estábamos pensando que diciembre iba a ser tranquilo, y resulta que el dólar se está yendo pa' abajo más rápido que carreta cuesta arriba. Cerró la semana en ¢492,42 en Monex, cifra que no veíamos desde el 2006, cuando todavía andábamos con esas cosas de minidevaluaciones. Ya casi pierde 10 colones solo en noviembre, y la gente anda más preocupada que gato en lluvia.
Según los expertos –y ya saben, esos siempre tienen la respuesta–, estamos metidos en el ojo del huracán estacional. Parece mentira, pero dicen que es ley de causa y efecto. Las empresas transnacionales, esas que están en las Zonas Francas, necesitan traer millones de dólares para pagar aguinaldos, salarios, servicios e impuestos antes de que termine el año. Es pura oferta y demanda, señores, como cuando van a comprar churros en la feria y todos quieren el mismo.
Carlos Valerín, el gurú del mercado cambiario, advierte que la semana entrante va a estar pegajosa. Dice que podríamos ver el piso de los ¢490 romperse si el Banco Central no hace algo, y rápido. ¡Qué carga! Porque mientras unos pocos que ganan en colones y compran en Amazon están festejando, el resto del país se está agarrando la cabeza.
Y hablando de agarrarse la cabeza, el sector turístico está echando humo. Shirley Calvo, de Canatur, nos sacó de la confusión diciendo que no son solo los hoteles grandes los que sufren. “Más del 85% de las empresas turísticas son pymes”, recalcó. Hoteles pequeños, guías, transportistas... todos pagando en colones carísimos mientras reciben dólares que valen menos cada día. ¡Es un brete!
Muchos culpan al Banco Central, claro. Rodrigo Cubero, quien ya dirigió el Central, dice que les ha faltado “contundencia y vehemencia”. Sugiere que bajen aún más las tasas de interés, porque así ayudarían tanto a la economía interna como a frenar esta depreciación del colón. Valerín opina que, aunque el Central no puede controlar las marejadas internacionales, sí debería haber hecho más para suavizar la caída. “Debieron haber disminuido la volatilidad para que este mes no fuera un cataclismo”, sentenció.
La situación es complicada, diay. El Central ya tuvo que comprar casi el 61% de los $295 millones que se negociaron estos últimos días para evitar un desplome peor. Y ahora vienen los aguinaldos, una verdadera ‘inundación’ de dólares que va a poner a prueba la resistencia del tipo de cambio y la paciencia de los exportadores. Imaginen el estrés, ¡puro sudor frío!
Nosotros, los tranquilos, seguimos viendo cómo se mueve el panorama. ¿Será que el dólar sigue cayendo? ¿Logrará el Banco Central meterle el freno a tiempo? ¿O nos espera un diciembre lleno de sorpresas desagradables? Hay quienes dicen que México, Colombia y República Dominicana se están convirtiendo en destinos más atractivos para los turistas, dejándonos atrás. ¡Qué pena!
En fin, la pregunta del millón es: ¿Este desplome del dólar beneficia realmente a la economía nacional a largo plazo, o estamos sembrando las semillas de una crisis mayor en el futuro? ¿Ustedes creen que el Banco Central debería tomar medidas más drásticas o que dejarlo seguir su curso natural?
Según los expertos –y ya saben, esos siempre tienen la respuesta–, estamos metidos en el ojo del huracán estacional. Parece mentira, pero dicen que es ley de causa y efecto. Las empresas transnacionales, esas que están en las Zonas Francas, necesitan traer millones de dólares para pagar aguinaldos, salarios, servicios e impuestos antes de que termine el año. Es pura oferta y demanda, señores, como cuando van a comprar churros en la feria y todos quieren el mismo.
Carlos Valerín, el gurú del mercado cambiario, advierte que la semana entrante va a estar pegajosa. Dice que podríamos ver el piso de los ¢490 romperse si el Banco Central no hace algo, y rápido. ¡Qué carga! Porque mientras unos pocos que ganan en colones y compran en Amazon están festejando, el resto del país se está agarrando la cabeza.
Y hablando de agarrarse la cabeza, el sector turístico está echando humo. Shirley Calvo, de Canatur, nos sacó de la confusión diciendo que no son solo los hoteles grandes los que sufren. “Más del 85% de las empresas turísticas son pymes”, recalcó. Hoteles pequeños, guías, transportistas... todos pagando en colones carísimos mientras reciben dólares que valen menos cada día. ¡Es un brete!
Muchos culpan al Banco Central, claro. Rodrigo Cubero, quien ya dirigió el Central, dice que les ha faltado “contundencia y vehemencia”. Sugiere que bajen aún más las tasas de interés, porque así ayudarían tanto a la economía interna como a frenar esta depreciación del colón. Valerín opina que, aunque el Central no puede controlar las marejadas internacionales, sí debería haber hecho más para suavizar la caída. “Debieron haber disminuido la volatilidad para que este mes no fuera un cataclismo”, sentenció.
La situación es complicada, diay. El Central ya tuvo que comprar casi el 61% de los $295 millones que se negociaron estos últimos días para evitar un desplome peor. Y ahora vienen los aguinaldos, una verdadera ‘inundación’ de dólares que va a poner a prueba la resistencia del tipo de cambio y la paciencia de los exportadores. Imaginen el estrés, ¡puro sudor frío!
Nosotros, los tranquilos, seguimos viendo cómo se mueve el panorama. ¿Será que el dólar sigue cayendo? ¿Logrará el Banco Central meterle el freno a tiempo? ¿O nos espera un diciembre lleno de sorpresas desagradables? Hay quienes dicen que México, Colombia y República Dominicana se están convirtiendo en destinos más atractivos para los turistas, dejándonos atrás. ¡Qué pena!
En fin, la pregunta del millón es: ¿Este desplome del dólar beneficia realmente a la economía nacional a largo plazo, o estamos sembrando las semillas de una crisis mayor en el futuro? ¿Ustedes creen que el Banco Central debería tomar medidas más drásticas o que dejarlo seguir su curso natural?