¡Aguántense!, este caso está que quema, gente. Resulta que Christian Fernando Castillo Calvo, sí, el hijito del magistrado Fernando Castillo Víquez de la Sala Constitucional, anda pagando cuentas tras un robo a mano armada que dejó a varios vecinos de Alajuela temblando. Imagínense la bronca… el padre sentado en la Sala y el muchacho adentro, cumpliendo una condena de cuatro años por robo agravado. Un mamarrón, ¿eh?
Según la información que se ha filtrado –y vaya que se ha filtrado–, el hecho ocurrió el 9 de junio del 2024 en el Bar La Isabel, allá por La Garita de Alajuela. Todo tranqui, la gente ahí tomando unos chispas, y de repente, irrumpe el señor Castillo con un Hyundai, dispuesto a hacer de las suyas. Dicen que entró bien picoteado, buscando cómo sacar unos billetes rápido.
La policía, que logró ponerle las manos encima, detalló en el expediente que el joven, con lo que parecía ser un arma de fuego, intimidó a los presentes para llevarse todo lo que pudo. No se anduvo con rodeos: exigió el dinero de la caja, cajeros automáticos y hasta los celulares y carteras de los clientes. Lo que te digo, ¡qué torta!
El botín fue considerable: celulares de última generación, fajos de colones, identificaciones, tarjetas, maquillaje… ¡de todo! En el reporte policial se especifica que le arrebató el celular a un cliente, además de su cédula, documentos y treinta mil colones. Y eso no es todo, porque parece que también metió unas amenazas graves, diciendo que les iba a hacer daño si no cooperaban. ¡Imagínate el miedo que debieron sentir esos pobres!”,
Pero lo más loco de todo es cómo se desarrolló la persecución. Después de robarles a toda la clientela, intentó escapar en su carro, pero la Fuerza Pública de Turrubares lo divisó. El muchacho, lejos de rendirse, le dijo a los oficiales “agárrenme si pueden”. ¡Qué descaro!, vamos. Empezó a correr con algunas de las pertenencias, luego volvió por el carro y continuó huyendo hasta que, finalmente, lo atraparon a unos 400 metros del Centro de Alto Rendimiento. ¡Menos mal que así terminó la cosa!
Al revisar el vehículo, la policía encontró cinco celulares de las víctimas, el supuesto arma de fuego –una réplica de 9 milímetros– y la billetera de alguien más. Pero no todo estaba ahí. Una de las mochilas extraviada apareció en un área verde cerca del lugar, indicando que no recuperaron todas las cosas que se llevaron. Esto alimenta la conversación sobre qué tan exhaustiva fue la investigación, y si realmente se recuperó todo lo robado. Ya saben, ¡siempre hay detalles que escapan!”.
Lo que más sorprende es que este no es el primer problema con la justicia que enfrenta Christian Castillo. Su expediente policial viene cargado de movidas: 26 partes policiales por porte ilegal de armas y drogas, cuatro presentaciones ante la fiscalía por amenazas, intento de homicidio e incluso incumplimiento de una orden de protección para mujeres. ¡Un currículum turbio, para decirlo suavemente! Este caso pone en entredicho la ética y el criterio del magistrado Castillo Víquez, quien precisamente hace poco fue reelegido para ocho años más en la Sala Constitucional, pese a las fuertes críticas. Un brete, ¿verdad?”,
Ahora bien, dejando a un lado todo el escándalo, me pregunto: ¿Cómo creen que debería afectar este caso la imagen de la Sala Constitucional? ¿Debería reconsiderarse la reelección del magistrado Castillo Víquez ante estos antecedentes, o considera que la separación de poderes implica que estas situaciones no deberían influir en decisiones judiciales? ¡Démemelo en los comentarios, quiero saber qué piensa mi gente!
Según la información que se ha filtrado –y vaya que se ha filtrado–, el hecho ocurrió el 9 de junio del 2024 en el Bar La Isabel, allá por La Garita de Alajuela. Todo tranqui, la gente ahí tomando unos chispas, y de repente, irrumpe el señor Castillo con un Hyundai, dispuesto a hacer de las suyas. Dicen que entró bien picoteado, buscando cómo sacar unos billetes rápido.
La policía, que logró ponerle las manos encima, detalló en el expediente que el joven, con lo que parecía ser un arma de fuego, intimidó a los presentes para llevarse todo lo que pudo. No se anduvo con rodeos: exigió el dinero de la caja, cajeros automáticos y hasta los celulares y carteras de los clientes. Lo que te digo, ¡qué torta!
El botín fue considerable: celulares de última generación, fajos de colones, identificaciones, tarjetas, maquillaje… ¡de todo! En el reporte policial se especifica que le arrebató el celular a un cliente, además de su cédula, documentos y treinta mil colones. Y eso no es todo, porque parece que también metió unas amenazas graves, diciendo que les iba a hacer daño si no cooperaban. ¡Imagínate el miedo que debieron sentir esos pobres!”,
Pero lo más loco de todo es cómo se desarrolló la persecución. Después de robarles a toda la clientela, intentó escapar en su carro, pero la Fuerza Pública de Turrubares lo divisó. El muchacho, lejos de rendirse, le dijo a los oficiales “agárrenme si pueden”. ¡Qué descaro!, vamos. Empezó a correr con algunas de las pertenencias, luego volvió por el carro y continuó huyendo hasta que, finalmente, lo atraparon a unos 400 metros del Centro de Alto Rendimiento. ¡Menos mal que así terminó la cosa!
Al revisar el vehículo, la policía encontró cinco celulares de las víctimas, el supuesto arma de fuego –una réplica de 9 milímetros– y la billetera de alguien más. Pero no todo estaba ahí. Una de las mochilas extraviada apareció en un área verde cerca del lugar, indicando que no recuperaron todas las cosas que se llevaron. Esto alimenta la conversación sobre qué tan exhaustiva fue la investigación, y si realmente se recuperó todo lo robado. Ya saben, ¡siempre hay detalles que escapan!”.
Lo que más sorprende es que este no es el primer problema con la justicia que enfrenta Christian Castillo. Su expediente policial viene cargado de movidas: 26 partes policiales por porte ilegal de armas y drogas, cuatro presentaciones ante la fiscalía por amenazas, intento de homicidio e incluso incumplimiento de una orden de protección para mujeres. ¡Un currículum turbio, para decirlo suavemente! Este caso pone en entredicho la ética y el criterio del magistrado Castillo Víquez, quien precisamente hace poco fue reelegido para ocho años más en la Sala Constitucional, pese a las fuertes críticas. Un brete, ¿verdad?”,
Ahora bien, dejando a un lado todo el escándalo, me pregunto: ¿Cómo creen que debería afectar este caso la imagen de la Sala Constitucional? ¿Debería reconsiderarse la reelección del magistrado Castillo Víquez ante estos antecedentes, o considera que la separación de poderes implica que estas situaciones no deberían influir en decisiones judiciales? ¡Démemelo en los comentarios, quiero saber qué piensa mi gente!