¡Ay, Dios mío! La cosa está rara, ¿verdad, maes? Vimos cómo la producción nacional le pegó un portazo arriba, rebotando después del zarpazo de la pandemia, pero parece que el bolsillo del tico, ay, el bolsillo... va caminando lento, bien despacito. No es que no haya chamba, ni que falten productos, sino que, diay, al final del mes, toca apretarle los tornillos a todos.
Los números del Banco Central no mienten, chunches. Mientras el Producto Interno Bruto (PIB) real se infló un 4,7% entre 2022 y 2024 – ¡eso sí que es un manjar para la economía! –, el consumo de los hogares se quedó rezagado, creciendo apenas un 3,8%. Daniel Ortiz, de Consejeros Económicos y Financieros (Cefsa), nos soltó la bomba: “Se ha abierto un hueco grande entre lo que produce el país y lo que realmente queda para que las famílias puedan gastar.” Y eso, maes, es una vara preocupante.
La Enaho, que siempre nos da lata con sus encuestas, reveló que aunque el ingreso promedio mensual subió un 8%, y el ingreso por cabeza casi un 10%, todavía no alcanza pa’ cubrir gastos básicos. Es un brete querer mantener el carro, pagar la colegiatura de los hijos, echarle comida al perro y salir el fin de semana, ¡con esos precios! La gente se ha visto obligada a meterse hasta el cuello en deudas, especialmente para comprar cosas que necesita, y eso tampoco es novedad.
Lo que más me preocupa es que la demanda interna, que era como el motor de la máquina, ahora anda a paso de tortuga. El sector de servicios esenciales – vivienda, salud, transporte, comida a domicilio – sí se mueve, porque ahí no hay mucho juego. Necesitas comer, necesitas ir al médico, necesitas llegar al trabajo, y punto. Pero otros sectores, donde la gente decide si compra o no, andan bien tranquilos, casi dormidos.
Y ojo, porque la confianza del consumidor, que es como el termómetro de la economía, está estancada en la zona gris, media floja, sin ganas de subir. Parece que estamos todos mirando la pelota rodar, con miedo a que nos dé. Nos preocupa la política económica, el desempleo (y qué desempleo, diay!), la pobreza... tenemos razones, maes, ¡varias razones!
Ahora, muchos se preguntarán, ¿por qué esto está pasando si la producción está tan buena? Pues, resulta que la producción se dirige más hacia la exportación que hacia el mercado interno. Estamos vendiendo afuera, sí, y eso es bueno para el país, pero no necesariamente significa que tengamos más plata en el bolsillo. Además, la inflación, aunque ha bajado un poco, sigue picando como hormiga.
Algunos analistas sugieren que el gobierno debería ponerle atención a incentivar el consumo interno, bajar impuestos a productos básicos, buscar formas de aumentar los salarios… En fin, soluciones que, a ver si en vez de promesas cumplidas vemos acciones concretas. Porque así, con la cosa como está, vamos a terminar jugando al alquerque con la economía, moviendo piezas sin avanzar mucho.
Entonces, maes, la gran pregunta es: ¿cree usted que el gobierno está haciendo lo suficiente para reactivar el consumo interno y ayudar al tico común a respirar un poquito mejor económicamente? Deje su opinión en el foro, queremos saber qué piensa usted sobre esta vara, porque al final, nosotros somos quienes pagamos la cuenta.
Los números del Banco Central no mienten, chunches. Mientras el Producto Interno Bruto (PIB) real se infló un 4,7% entre 2022 y 2024 – ¡eso sí que es un manjar para la economía! –, el consumo de los hogares se quedó rezagado, creciendo apenas un 3,8%. Daniel Ortiz, de Consejeros Económicos y Financieros (Cefsa), nos soltó la bomba: “Se ha abierto un hueco grande entre lo que produce el país y lo que realmente queda para que las famílias puedan gastar.” Y eso, maes, es una vara preocupante.
La Enaho, que siempre nos da lata con sus encuestas, reveló que aunque el ingreso promedio mensual subió un 8%, y el ingreso por cabeza casi un 10%, todavía no alcanza pa’ cubrir gastos básicos. Es un brete querer mantener el carro, pagar la colegiatura de los hijos, echarle comida al perro y salir el fin de semana, ¡con esos precios! La gente se ha visto obligada a meterse hasta el cuello en deudas, especialmente para comprar cosas que necesita, y eso tampoco es novedad.
Lo que más me preocupa es que la demanda interna, que era como el motor de la máquina, ahora anda a paso de tortuga. El sector de servicios esenciales – vivienda, salud, transporte, comida a domicilio – sí se mueve, porque ahí no hay mucho juego. Necesitas comer, necesitas ir al médico, necesitas llegar al trabajo, y punto. Pero otros sectores, donde la gente decide si compra o no, andan bien tranquilos, casi dormidos.
Y ojo, porque la confianza del consumidor, que es como el termómetro de la economía, está estancada en la zona gris, media floja, sin ganas de subir. Parece que estamos todos mirando la pelota rodar, con miedo a que nos dé. Nos preocupa la política económica, el desempleo (y qué desempleo, diay!), la pobreza... tenemos razones, maes, ¡varias razones!
Ahora, muchos se preguntarán, ¿por qué esto está pasando si la producción está tan buena? Pues, resulta que la producción se dirige más hacia la exportación que hacia el mercado interno. Estamos vendiendo afuera, sí, y eso es bueno para el país, pero no necesariamente significa que tengamos más plata en el bolsillo. Además, la inflación, aunque ha bajado un poco, sigue picando como hormiga.
Algunos analistas sugieren que el gobierno debería ponerle atención a incentivar el consumo interno, bajar impuestos a productos básicos, buscar formas de aumentar los salarios… En fin, soluciones que, a ver si en vez de promesas cumplidas vemos acciones concretas. Porque así, con la cosa como está, vamos a terminar jugando al alquerque con la economía, moviendo piezas sin avanzar mucho.
Entonces, maes, la gran pregunta es: ¿cree usted que el gobierno está haciendo lo suficiente para reactivar el consumo interno y ayudar al tico común a respirar un poquito mejor económicamente? Deje su opinión en el foro, queremos saber qué piensa usted sobre esta vara, porque al final, nosotros somos quienes pagamos la cuenta.