¡Ay, Dios mío! Así nos vamos viendo, parce. El próximo gobierno que asuma en Costa Rica tendrá un brete considerable: hereda una economía que parece estar tranquila, sí, pero a medio camino. Tenemos números bonitos en papel, pero la realidad es que la máquina económica anda a paso de tortuga, y eso preocupa a más de uno, especialmente a los que nos toca vivirlo día a día.
Según los analistas, el país llega con las finanzas públicas relativamente ordenadas y un crecimiento del PIB que ronda el 4%, lo cual suena decente. Pero ahí radica el problema, mi pana. Este crecimiento no es sostenible a largo plazo, y la incertidumbre por las elecciones agrava aún más la situación. Daniel Ortiz, el economista de CEFSA, lo dejó bien claro: si cerramos el año con un impulso lento, y encima tenemos la campaña electoral comiéndose la energía, el próximo gobierno va a empezar con el pie izquierdo, diay.
Y no es solo eso, porque Ortiz también destacó una dualidad económica que nos tiene sudando frío. Mientras que el Régimen de Zona Franca está produciendo como loco, creciendo más del 15% en el IMAE, el Régimen Definitivo, donde opera la gran mayoría de nuestras empresas y se genera el 85% de la producción nacional, va a velocidad de caracol, apenas superando el 2%. Esto, mis queridos lectores, es preocupante porque precisamente el Régimen Definitivo es el encargado de darle movimiento a la economía y generar empleo de calidad.
Para reactivar este régimen, Ortiz propone un cambio radical en la estrategia. No basta con parchear, necesitamos un viraje completo, comenzando con la tasa política monetaria. Además, urgió a invertir en infraestructura, educación, conectividad y, crucialmente, revisar las cargas sociales que pesan sobre las empresas. Son medidas que ya han recomendado desde el Fondo Monetario Internacional y la OCDE, así que no estamos inventando la rueda, sino haciendo lo que deberíamos haber hecho hace tiempo.
Pero la verdadera carga, y aquí la cosa se pone fea, es la diferencia abismal entre el crecimiento económico y el costo de vida que sentimos nosotros, los costarricenses. ¡Qué sal! En los últimos diez años, la inflación ha duplicado el aumento del ingreso promedio mensual de los hogares. Eso significa que, aunque la economía crezca, nuestro bolsillo sigue apretado, y la demanda interna se desploma, frenando el motor del consumo privado. ¿Cómo pretendemos sacar adelante al país si la gente no tiene para comprar?
Además, Ortiz advierte que estamos atrapados en una espiral de “estabilidad de precios” artificial, llevada al extremo durante más de 30 meses. Esta situación genera un círculo vicioso: salarios estancados, empresas reacias a ajustar precios, caída de la demanda, y un crecimiento económico anémico. Es como intentar correr una maratón con zapatos de plomo; puedes intentarlo, pero no llegarás muy lejos. Sacarnos de esta trampa, según el economista, requiere coraje político y medidas audaces.
Otro punto crítico que debió tocar el nuevo gobierno es encender los motores del empleo formal y la participación laboral. ¡Eso es fundamental!, y revisar la famosa regla fiscal para encontrar un equilibrio entre la estabilidad financiera y el costo social que hemos venido arrastrando. Áreas vitales como la salud, la seguridad y la educación han visto recortados sus presupuestos, dejando necesidades básicas insatisfechas. ¿De qué sirve tener unas finanzas públicas sanas si la gente no tiene acceso a servicios esenciales?
Finalmente, Ortiz señaló el impacto negativo del tipo de cambio en nuestra competitividad y potencial de crecimiento. Esa apreciación constante erosiona nuestros esfuerzos, perjudicando sectores clave como el turismo y las exportaciones. Qué pena, parce, justo cuando podríamos estar aprovechando nuestras fortalezas para impulsar la economía. En fin, el próximo gobierno tiene mucho que hacer, y pocos días para demostrar que está a la altura del reto. ¿Ustedes creen que el próximo gobierno será capaz de implementar estas reformas necesarias y sacudirnos de este letargo económico o seguiremos dando vueltas en círculos?
Según los analistas, el país llega con las finanzas públicas relativamente ordenadas y un crecimiento del PIB que ronda el 4%, lo cual suena decente. Pero ahí radica el problema, mi pana. Este crecimiento no es sostenible a largo plazo, y la incertidumbre por las elecciones agrava aún más la situación. Daniel Ortiz, el economista de CEFSA, lo dejó bien claro: si cerramos el año con un impulso lento, y encima tenemos la campaña electoral comiéndose la energía, el próximo gobierno va a empezar con el pie izquierdo, diay.
Y no es solo eso, porque Ortiz también destacó una dualidad económica que nos tiene sudando frío. Mientras que el Régimen de Zona Franca está produciendo como loco, creciendo más del 15% en el IMAE, el Régimen Definitivo, donde opera la gran mayoría de nuestras empresas y se genera el 85% de la producción nacional, va a velocidad de caracol, apenas superando el 2%. Esto, mis queridos lectores, es preocupante porque precisamente el Régimen Definitivo es el encargado de darle movimiento a la economía y generar empleo de calidad.
Para reactivar este régimen, Ortiz propone un cambio radical en la estrategia. No basta con parchear, necesitamos un viraje completo, comenzando con la tasa política monetaria. Además, urgió a invertir en infraestructura, educación, conectividad y, crucialmente, revisar las cargas sociales que pesan sobre las empresas. Son medidas que ya han recomendado desde el Fondo Monetario Internacional y la OCDE, así que no estamos inventando la rueda, sino haciendo lo que deberíamos haber hecho hace tiempo.
Pero la verdadera carga, y aquí la cosa se pone fea, es la diferencia abismal entre el crecimiento económico y el costo de vida que sentimos nosotros, los costarricenses. ¡Qué sal! En los últimos diez años, la inflación ha duplicado el aumento del ingreso promedio mensual de los hogares. Eso significa que, aunque la economía crezca, nuestro bolsillo sigue apretado, y la demanda interna se desploma, frenando el motor del consumo privado. ¿Cómo pretendemos sacar adelante al país si la gente no tiene para comprar?
Además, Ortiz advierte que estamos atrapados en una espiral de “estabilidad de precios” artificial, llevada al extremo durante más de 30 meses. Esta situación genera un círculo vicioso: salarios estancados, empresas reacias a ajustar precios, caída de la demanda, y un crecimiento económico anémico. Es como intentar correr una maratón con zapatos de plomo; puedes intentarlo, pero no llegarás muy lejos. Sacarnos de esta trampa, según el economista, requiere coraje político y medidas audaces.
Otro punto crítico que debió tocar el nuevo gobierno es encender los motores del empleo formal y la participación laboral. ¡Eso es fundamental!, y revisar la famosa regla fiscal para encontrar un equilibrio entre la estabilidad financiera y el costo social que hemos venido arrastrando. Áreas vitales como la salud, la seguridad y la educación han visto recortados sus presupuestos, dejando necesidades básicas insatisfechas. ¿De qué sirve tener unas finanzas públicas sanas si la gente no tiene acceso a servicios esenciales?
Finalmente, Ortiz señaló el impacto negativo del tipo de cambio en nuestra competitividad y potencial de crecimiento. Esa apreciación constante erosiona nuestros esfuerzos, perjudicando sectores clave como el turismo y las exportaciones. Qué pena, parce, justo cuando podríamos estar aprovechando nuestras fortalezas para impulsar la economía. En fin, el próximo gobierno tiene mucho que hacer, y pocos días para demostrar que está a la altura del reto. ¿Ustedes creen que el próximo gobierno será capaz de implementar estas reformas necesarias y sacudirnos de este letargo económico o seguiremos dando vueltas en círculos?