¡Ay, Dios mío, qué historia más dura! Resulta que un chamaco de 10 años, nacio en Brasil pero residente en Portugal, tuvo que pasar por un calvario que te pone la piel de gallina. Sus compañeros, en una escuela de Cinfães, le hicieron tremendo daño, llevándole la situación a niveles inimaginables. La madre, Nívia Estevam, está hecha pedazos y clama por justicia, porque esto ya no puede seguir pasando.
Según cuenta la madre, desde setiembre el pobre nene estaba sufriendo acoso constante: insultos, golpes, empujones... Ella, diligente como diay, avisaba a la maestra cada vez que pasaba algo, mandándole fotos y pidiendo que hicieran algo. Pero la respuesta era siempre la misma: un simple 'hablaré con ellos mañana'. Parece mentira que la seguridad del niño no fuera la prioridad número uno, ¿verdad?
Y entonces, el 10 de noviembre, pasó lo peor. Mientras estaba en el recreo, dos compañeros lo siguieron hasta el baño, cerraron la puerta y le agarraron la mano en una especie de trampilla. Resultado: le amputaron las puntas del dedo índice y medio de la mano izquierda. ¡Imagínate el susto y el dolor! Lo peor es que la maestra le dijo a la madre que era un 'accidente' y bromeó diciendo que 'no fue tan grave'. ¡Pero cómo se atreven a minimizar tamaña tragedia!
Cuando llegaron al hospital, tardaron cuarenta minutos en conseguir una ambulancia, porque el hospital más cercano que podía atender la lesión estaba a más de cien kilómetros. Para colmo, le entregaron a la madre las puntas amputadas en un guante quirúrgico… ¡Inimaginable! Y el personal médico les dijo que no se podían recuperar. ¡Qué barbaridad, pura torta!
La escuela, en lugar de mostrar preocupación, se refugió en el silencio institucional, negándose a dar declaraciones públicas. Su abogada, Catarina Zuccaro, está furiosa, porque considera que la institución incumplió su deber de proteger al niño. Dice que van a buscar una indemnización y que, una vez dentro del colegio, tanto agresores como víctimas están bajo su responsabilidad. Totalmente de acuerdo, la escuela debe asumir la responsabilidad de lo sucedido.
Pero la cosa no termina ahí. Durante la denuncia ante la policía, la madre contó que un agente la interrumpió y le recriminó que dijera que existía racismo y xenofobia en Portugal. “No voy a aceptar que digas eso aquí. En Portugal no hay racismo”, le habría dicho el oficial. ¡Qué salado! Esto demuestra que, lamentablemente, el prejuicio sigue presente en algunos lugares. Y ahora, la familia, aterrada por posibles represalias, se ha visto obligada a dejar Cinfães y vivir temporalmente con familiares, buscando una escuela que le brinde el acompañamiento psicológico que necesita el niño.
Este caso ha encendido las redes sociales, con miles de personas exigiendo una investigación exhaustiva y castigo para los responsables. El ministro de Educación portugués, Fernando Alexandre, ha reconocido que no todas las peleas entre alumnos son simples bromas, destacando la importancia de abordar este problema con seriedad. Incluso el embajador de Brasil en Portugal, Raimundo Carreiro, ha criticado la lentitud y falta de compromiso de la escuela y la policía. La verdad es que es una situación horrible que nos toca la fibra sensible a todos nosotros.
Y aquí viene la pregunta, mis queridos foristas: ¿Cómo podemos asegurar que nuestros hijos estén seguros en las escuelas y recibir la protección que merecen? ¿Qué medidas debemos exigir a las instituciones educativas para prevenir y combatir el bullying y la discriminación, especialmente cuando involucran a menores extranjeros? Compartan sus ideas y opiniones; ¡esta conversación es crucial para construir un futuro más justo y protector para todos!
Según cuenta la madre, desde setiembre el pobre nene estaba sufriendo acoso constante: insultos, golpes, empujones... Ella, diligente como diay, avisaba a la maestra cada vez que pasaba algo, mandándole fotos y pidiendo que hicieran algo. Pero la respuesta era siempre la misma: un simple 'hablaré con ellos mañana'. Parece mentira que la seguridad del niño no fuera la prioridad número uno, ¿verdad?
Y entonces, el 10 de noviembre, pasó lo peor. Mientras estaba en el recreo, dos compañeros lo siguieron hasta el baño, cerraron la puerta y le agarraron la mano en una especie de trampilla. Resultado: le amputaron las puntas del dedo índice y medio de la mano izquierda. ¡Imagínate el susto y el dolor! Lo peor es que la maestra le dijo a la madre que era un 'accidente' y bromeó diciendo que 'no fue tan grave'. ¡Pero cómo se atreven a minimizar tamaña tragedia!
Cuando llegaron al hospital, tardaron cuarenta minutos en conseguir una ambulancia, porque el hospital más cercano que podía atender la lesión estaba a más de cien kilómetros. Para colmo, le entregaron a la madre las puntas amputadas en un guante quirúrgico… ¡Inimaginable! Y el personal médico les dijo que no se podían recuperar. ¡Qué barbaridad, pura torta!
La escuela, en lugar de mostrar preocupación, se refugió en el silencio institucional, negándose a dar declaraciones públicas. Su abogada, Catarina Zuccaro, está furiosa, porque considera que la institución incumplió su deber de proteger al niño. Dice que van a buscar una indemnización y que, una vez dentro del colegio, tanto agresores como víctimas están bajo su responsabilidad. Totalmente de acuerdo, la escuela debe asumir la responsabilidad de lo sucedido.
Pero la cosa no termina ahí. Durante la denuncia ante la policía, la madre contó que un agente la interrumpió y le recriminó que dijera que existía racismo y xenofobia en Portugal. “No voy a aceptar que digas eso aquí. En Portugal no hay racismo”, le habría dicho el oficial. ¡Qué salado! Esto demuestra que, lamentablemente, el prejuicio sigue presente en algunos lugares. Y ahora, la familia, aterrada por posibles represalias, se ha visto obligada a dejar Cinfães y vivir temporalmente con familiares, buscando una escuela que le brinde el acompañamiento psicológico que necesita el niño.
Este caso ha encendido las redes sociales, con miles de personas exigiendo una investigación exhaustiva y castigo para los responsables. El ministro de Educación portugués, Fernando Alexandre, ha reconocido que no todas las peleas entre alumnos son simples bromas, destacando la importancia de abordar este problema con seriedad. Incluso el embajador de Brasil en Portugal, Raimundo Carreiro, ha criticado la lentitud y falta de compromiso de la escuela y la policía. La verdad es que es una situación horrible que nos toca la fibra sensible a todos nosotros.
Y aquí viene la pregunta, mis queridos foristas: ¿Cómo podemos asegurar que nuestros hijos estén seguros en las escuelas y recibir la protección que merecen? ¿Qué medidas debemos exigir a las instituciones educativas para prevenir y combatir el bullying y la discriminación, especialmente cuando involucran a menores extranjeros? Compartan sus ideas y opiniones; ¡esta conversación es crucial para construir un futuro más justo y protector para todos!