Maes, seamos honestos un toque. A nadie le cuadra pensar que un día el "coco" no nos va a dar para más. Ver a un abuelo o a una abuela irse perdiendo de a pocos es una de las varas más duras que hay. Uno siempre piensa que es una lotería macabra, un destino escrito en piedra y diay, ¡qué sal si le toca! Pero agarrense, porque resulta que no es tan así. Acaba de salir un informe de unos maes durísimos, la Comisión The Lancet, y la noticia es tan buena que hasta cuesta creerla: casi la mitad de los casos de demencia se podrían evitar o por lo menos patear para laaaaaargo. ¡Qué tuanis esta vara!
El estudio es clarísimo: no se trata de una pastilla mágica ni de un chunche del futuro, sino de un montón de pequeñas decisiones que tomamos todos los días. ¡Qué carga de estudio el que se mandaron! Identificaron 14 factores de riesgo que, si les ponemos atención, le bajan un montón de rayitas a la probabilidad de que nuestro cerebro se vaya al traste. Y no, no son varas raras. Son las mismas cosas que nuestras mamás y abuelas nos han dicho toda la vida, solo que ahora con el sello de aprobación de la ciencia más pro. Hablamos de controlar la presión alta, no fumar (en serio, ¿todavía?), bajarle al guaro, y mantener a raya la obesidad. Básicamente, el manual de "cómo no jalarse una torta con su salud" que todos conocemos pero que a menudo ignoramos.
Pero aquí es donde la cosa se pone más interesante. El informe nuevo metió dos jugadores que tal vez no teníamos en el radar: el colesterol LDL (el "malo", el que tapa las cañerías) y, ojo a esto, tener la vista o el oído malos y no corregirlos. Piénsenlo un toque: si uno no oye bien, se aísla. Si no ve bien, deja de leer, de salir, de interactuar. El cerebro, que es como un músculo, se empieza a atrofiar por falta de estímulo. Es un despiche silencioso. Ponerse anteojos o audífonos no es solo para ver o escuchar mejor, es para mantener el cerebro conectado al mundo. Es darle el brete que necesita para no oxidarse. Dejar de ir a chequeos o hacerse el loco con los lentes es, literalmente, comprar números para una rifa que nadie quiere ganar.
La lista sigue y es puro sentido común con esteroides: mover el esqueleto, mantener la mente activa (no, ver memes no cuenta como leer a Dostoievski), socializar en lugar de encerrarse, y buscar ayuda si uno anda con depre. Cada uno de estos puntos es un escudo. La contaminación del aire también suma, ¡qué torta vivir en medio de la presa de la General Cañas! Y obvio, evitar darse golpes en la jupa. Parece un chiste, pero cada vez que uno se protege la cabeza en la bici o evita una caída tonta, está invirtiendo en su lucidez futura. No es un solo factor, es el combo completo.
Lo más importante de todo este asunto es el timing. La doctora Carolina Alfaro, una carga en geriatría de aquí, lo deja más que claro: el brete empieza desde güilas. Fortalecer estos buenos hábitos desde la media vida es la jugada maestra. Empezar a preocuparse por esto a los 70 es como querer apagar un incendio con una pistola de agua. Se puede, y todo ayuda, pero el esfuerzo es titánico. La prevención es la herramienta más a cachete que tenemos, y está compuesta de puras decisiones diarias. No es un único gran sacrificio, es la suma de cientos de pequeños "no, gracias" a lo que nos hace daño y "sí, por favor" a lo que nos cuida.
Así que, la próxima vez que les dé pereza ir al gym, o piensen "un cigarrito no hace daño", o dejen los anteojos guardados en la gaveta, piensen en la factura que le están pasando al cerebro del futuro. La salud mental de nuestra vejez no es suerte, es construcción. Y ustedes qué, maes... Siendo totalmente honestos, ¿cuál de estos 14 factores sienten que es su talón de Aquiles? ¿Cuál es el que más les cuesta controlar en el día a día?
El estudio es clarísimo: no se trata de una pastilla mágica ni de un chunche del futuro, sino de un montón de pequeñas decisiones que tomamos todos los días. ¡Qué carga de estudio el que se mandaron! Identificaron 14 factores de riesgo que, si les ponemos atención, le bajan un montón de rayitas a la probabilidad de que nuestro cerebro se vaya al traste. Y no, no son varas raras. Son las mismas cosas que nuestras mamás y abuelas nos han dicho toda la vida, solo que ahora con el sello de aprobación de la ciencia más pro. Hablamos de controlar la presión alta, no fumar (en serio, ¿todavía?), bajarle al guaro, y mantener a raya la obesidad. Básicamente, el manual de "cómo no jalarse una torta con su salud" que todos conocemos pero que a menudo ignoramos.
Pero aquí es donde la cosa se pone más interesante. El informe nuevo metió dos jugadores que tal vez no teníamos en el radar: el colesterol LDL (el "malo", el que tapa las cañerías) y, ojo a esto, tener la vista o el oído malos y no corregirlos. Piénsenlo un toque: si uno no oye bien, se aísla. Si no ve bien, deja de leer, de salir, de interactuar. El cerebro, que es como un músculo, se empieza a atrofiar por falta de estímulo. Es un despiche silencioso. Ponerse anteojos o audífonos no es solo para ver o escuchar mejor, es para mantener el cerebro conectado al mundo. Es darle el brete que necesita para no oxidarse. Dejar de ir a chequeos o hacerse el loco con los lentes es, literalmente, comprar números para una rifa que nadie quiere ganar.
La lista sigue y es puro sentido común con esteroides: mover el esqueleto, mantener la mente activa (no, ver memes no cuenta como leer a Dostoievski), socializar en lugar de encerrarse, y buscar ayuda si uno anda con depre. Cada uno de estos puntos es un escudo. La contaminación del aire también suma, ¡qué torta vivir en medio de la presa de la General Cañas! Y obvio, evitar darse golpes en la jupa. Parece un chiste, pero cada vez que uno se protege la cabeza en la bici o evita una caída tonta, está invirtiendo en su lucidez futura. No es un solo factor, es el combo completo.
Lo más importante de todo este asunto es el timing. La doctora Carolina Alfaro, una carga en geriatría de aquí, lo deja más que claro: el brete empieza desde güilas. Fortalecer estos buenos hábitos desde la media vida es la jugada maestra. Empezar a preocuparse por esto a los 70 es como querer apagar un incendio con una pistola de agua. Se puede, y todo ayuda, pero el esfuerzo es titánico. La prevención es la herramienta más a cachete que tenemos, y está compuesta de puras decisiones diarias. No es un único gran sacrificio, es la suma de cientos de pequeños "no, gracias" a lo que nos hace daño y "sí, por favor" a lo que nos cuida.
Así que, la próxima vez que les dé pereza ir al gym, o piensen "un cigarrito no hace daño", o dejen los anteojos guardados en la gaveta, piensen en la factura que le están pasando al cerebro del futuro. La salud mental de nuestra vejez no es suerte, es construcción. Y ustedes qué, maes... Siendo totalmente honestos, ¿cuál de estos 14 factores sienten que es su talón de Aquiles? ¿Cuál es el que más les cuesta controlar en el día a día?