Pura vida, maes. Aquí su servidora, navegando por las noticias del día, se topó con una vara que, a primera vista, parece un artículo súper formal del Colegio de Abogados, pero que si uno le pone atención, cuenta una historia que es un cañón. La vara es un reconocimiento a las abogadas afrocostarricenses que, en su momento, se toparon con un muro de “no se puede” y, básicamente, le metieron un cabezazo hasta botarlo. Hablamos de mujeres que no solo se graduaron en un campo históricamente dominado por hombres blancos, sino que se convirtieron en las primeras en un montón de puestos clave para el país. ¡Qué nivel!
Pónganle atención a estos nombres porque la lista es para quitarse el sombrero. Thelma Curling: primera abogada afro incorporada y, por si fuera poco, primera diputada por Limón. ¡Imagínense el carácter! Maureen Clark: primera ministra de Justicia y primera diputada por San José. Lena White: primera Letrada en la Sala Constitucional, esa que decide las varas más importantes del país. Y la lista sigue con juezas, procuradoras y hasta una mae con un doctorado en derecho mercantil, Lynanette Petgrave. Estas mujeres son, sin bronca alguna, unas verdaderas cargas. No estaban esperando que les dieran permiso; ellas llegaron y se ganaron su espacio a punta de inteligencia y perseverancia, dejando una huella que, honestamente, deberíamos conocer más.
Pero aquí es donde la vara se pone más interesante. El artículo no se queda solo en el aplauso y la medalla. Conecta el esfuerzo de estas pioneras con una discusión que está calientísima ahora mismo: la inclusión real, la de verdad, no la que es solo para la foto. Porque, diay, es muy tuanis celebrar a las que ya la hicieron, pero la pregunta del millón es: ¿cómo hacemos para que más mujeres afrodescendientes tengan la oportunidad de llegar a esos puestos? ¿Cómo pasamos de unas cuantas heroínas a tener una representación que se vea en todo lado? Y aquí es donde entra en juego una ley que a más de uno le ha sacado roncha.
Hablamos de la Ley 10120, la de “Acciones Afirmativas a Favor de las Personas Afrodescendientes”. El nombre suena rimbombante, pero la vara es simple y directa: obliga a que el 7% de los bretes que se abran en el sector público sean para personas afro. O sea, de cada 100 plazas nuevas en el Gobierno, ministerios o cualquier institución pública, siete tienen que ser para esta población. Esto no es una sugerencia, es una orden. De hecho, el texto fuente menciona una directriz de MIDEPLAN de marzo de 2025 que le pone el acelerador a esta implementación. Es un intento, clarísimo, de nivelar una cancha que ha estado inclinada por décadas.
Obviamente, este tipo de medidas siempre generan debate. Están los que dicen que es la única forma de empezar a saldar una deuda histórica y romper barreras invisibles. Y están los que alegan que los puestos deberían ser solo por mérito, sin importar el color de piel. Pero el legado de mujeres como Thelma Curling o Maureen Clark nos demuestra que el talento siempre ha estado ahí; el problema han sido las oportunidades. La ley no busca regalarle el brete a nadie, busca asegurarse de que la puerta, esa misma que ellas tuvieron que patear para abrir, ahora se mantenga abierta para los que vienen detrás. Es pasar del reconocimiento simbólico a la acción concreta. Una vara es aplaudir a las pioneras, y otra muy distinta es construir un sistema donde, en el futuro, no necesitemos celebrar "a la primera en algo", porque ya será lo normal.
Así que les dejo la pregunta en la mesa, maes. Más allá de si están de acuerdo o no con la cuota del 7%, ¿qué más creen que se puede hacer en el día a día, en el brete o en la calle, para que la inclusión deje de ser un tema de una ley y se convierta en la pura realidad de nuestro país? ¿Cómo hacemos para que el talento afrocostarricense sea la norma y no la excepción en todos los campos?
Pónganle atención a estos nombres porque la lista es para quitarse el sombrero. Thelma Curling: primera abogada afro incorporada y, por si fuera poco, primera diputada por Limón. ¡Imagínense el carácter! Maureen Clark: primera ministra de Justicia y primera diputada por San José. Lena White: primera Letrada en la Sala Constitucional, esa que decide las varas más importantes del país. Y la lista sigue con juezas, procuradoras y hasta una mae con un doctorado en derecho mercantil, Lynanette Petgrave. Estas mujeres son, sin bronca alguna, unas verdaderas cargas. No estaban esperando que les dieran permiso; ellas llegaron y se ganaron su espacio a punta de inteligencia y perseverancia, dejando una huella que, honestamente, deberíamos conocer más.
Pero aquí es donde la vara se pone más interesante. El artículo no se queda solo en el aplauso y la medalla. Conecta el esfuerzo de estas pioneras con una discusión que está calientísima ahora mismo: la inclusión real, la de verdad, no la que es solo para la foto. Porque, diay, es muy tuanis celebrar a las que ya la hicieron, pero la pregunta del millón es: ¿cómo hacemos para que más mujeres afrodescendientes tengan la oportunidad de llegar a esos puestos? ¿Cómo pasamos de unas cuantas heroínas a tener una representación que se vea en todo lado? Y aquí es donde entra en juego una ley que a más de uno le ha sacado roncha.
Hablamos de la Ley 10120, la de “Acciones Afirmativas a Favor de las Personas Afrodescendientes”. El nombre suena rimbombante, pero la vara es simple y directa: obliga a que el 7% de los bretes que se abran en el sector público sean para personas afro. O sea, de cada 100 plazas nuevas en el Gobierno, ministerios o cualquier institución pública, siete tienen que ser para esta población. Esto no es una sugerencia, es una orden. De hecho, el texto fuente menciona una directriz de MIDEPLAN de marzo de 2025 que le pone el acelerador a esta implementación. Es un intento, clarísimo, de nivelar una cancha que ha estado inclinada por décadas.
Obviamente, este tipo de medidas siempre generan debate. Están los que dicen que es la única forma de empezar a saldar una deuda histórica y romper barreras invisibles. Y están los que alegan que los puestos deberían ser solo por mérito, sin importar el color de piel. Pero el legado de mujeres como Thelma Curling o Maureen Clark nos demuestra que el talento siempre ha estado ahí; el problema han sido las oportunidades. La ley no busca regalarle el brete a nadie, busca asegurarse de que la puerta, esa misma que ellas tuvieron que patear para abrir, ahora se mantenga abierta para los que vienen detrás. Es pasar del reconocimiento simbólico a la acción concreta. Una vara es aplaudir a las pioneras, y otra muy distinta es construir un sistema donde, en el futuro, no necesitemos celebrar "a la primera en algo", porque ya será lo normal.
Así que les dejo la pregunta en la mesa, maes. Más allá de si están de acuerdo o no con la cuota del 7%, ¿qué más creen que se puede hacer en el día a día, en el brete o en la calle, para que la inclusión deje de ser un tema de una ley y se convierta en la pura realidad de nuestro país? ¿Cómo hacemos para que el talento afrocostarricense sea la norma y no la excepción en todos los campos?