Hay noticias que simplemente lo agarran a uno con la guardia baja, en media semana, mientras uno está en el puro trajín del brete y la vida. Y de pronto, PUM, te cae un baldazo de agua fría que te deja viendo para el ciprés. La de ayer fue una de esas. Enterarse así, de sopetón, que Alberto Padilla falleció es una torta, un verdadero golpe bajo para todos los que, de una u otra forma, seguimos el pulso de la opinión pública en este país y en Latinoamérica.
Para los que quizás no lo topaban tanto, pongamos la vara en contexto. Padilla no era cualquier pelagatos. Estamos hablando del mae que por años fue una de las caras más reconocibles de CNN en Español, un periodista de esos de la vieja escuela, de los que no le temblaba la voz para poner en jaque a un presidente o para desmenuzar un enredo económico y que hasta el más perdido lo entendiera. Originario de México, pero con un colmillo afilado en las grandes ligas del periodismo internacional, y que además, decidió echar raíces aquí, en Tiquicia. Su programa "A las 5 con Alberto Padilla" en CRC 89.1 se había vuelto un punto de referencia para entender el despiche nuestro de cada día.
Y lo más duro de todo es lo repentino que fue. La historia, según cuentan, es que el hombre estaba en un evento social aquí en San José, de lo más tranquilo, y de un momento a otro se sintió mal. Un desvanecimiento. Lo llevaron volando al Hospital Cima y, a pesar de los esfuerzos, diay... ya no había nada que hacer. Se nos fue con apenas 60 años. ¡Sesenta! Que, seamos honestos, en estos tiempos es estar todavía con toda la pólvora para seguir dando guerra. Es una sal increíble pensar que una voz tan potente y necesaria se apague así, sin previo aviso. Así de frágil es el chunche, mae.
Más allá de su currículum, que era impresionante, lo que realmente definía a Padilla era su estilo. Era un mae directo, sin pelos en la lengua. No se andaba con paños tibios ni con eufemismos para dorarle la píldora a nadie. En un ecosistema mediático donde a veces sobran las voces complacientes, la suya era una que te obligaba a pensar, a cuestionar, estuvieras o no de acuerdo con él. Era un carga en lo suyo, un analista que entendía que su brete no era caerle bien a todo el mundo, sino poner los hechos sobre la mesa y preguntar lo que se tenía que preguntar. Su paso por el Consejo Editorial de Grupo Extra el año pasado solo confirma la talla de profesional que era.
Su partida deja un hueco, y uno bien grande. Se va un periodista que eligió Costa Rica como su casa y que, desde su trinchera, aportó una visión crítica y externa que tanta falta nos hace. En una época de *fake news* y periodismo de trinchera ideológica, se extrañarán voces como la suya, que buscaban el análisis por encima del aplauso fácil. Nos deja la lección de que el periodismo valiente y sin tapujos es más necesario que nunca. Por eso, más allá del pésame obvio a su familia, me queda una pregunta para todos ustedes en el foro: ¿Cuál creen que es el principal legado que deja un periodista como Alberto Padilla en un país como Costa Rica, que a veces es tan reacio a la crítica directa?
Para los que quizás no lo topaban tanto, pongamos la vara en contexto. Padilla no era cualquier pelagatos. Estamos hablando del mae que por años fue una de las caras más reconocibles de CNN en Español, un periodista de esos de la vieja escuela, de los que no le temblaba la voz para poner en jaque a un presidente o para desmenuzar un enredo económico y que hasta el más perdido lo entendiera. Originario de México, pero con un colmillo afilado en las grandes ligas del periodismo internacional, y que además, decidió echar raíces aquí, en Tiquicia. Su programa "A las 5 con Alberto Padilla" en CRC 89.1 se había vuelto un punto de referencia para entender el despiche nuestro de cada día.
Y lo más duro de todo es lo repentino que fue. La historia, según cuentan, es que el hombre estaba en un evento social aquí en San José, de lo más tranquilo, y de un momento a otro se sintió mal. Un desvanecimiento. Lo llevaron volando al Hospital Cima y, a pesar de los esfuerzos, diay... ya no había nada que hacer. Se nos fue con apenas 60 años. ¡Sesenta! Que, seamos honestos, en estos tiempos es estar todavía con toda la pólvora para seguir dando guerra. Es una sal increíble pensar que una voz tan potente y necesaria se apague así, sin previo aviso. Así de frágil es el chunche, mae.
Más allá de su currículum, que era impresionante, lo que realmente definía a Padilla era su estilo. Era un mae directo, sin pelos en la lengua. No se andaba con paños tibios ni con eufemismos para dorarle la píldora a nadie. En un ecosistema mediático donde a veces sobran las voces complacientes, la suya era una que te obligaba a pensar, a cuestionar, estuvieras o no de acuerdo con él. Era un carga en lo suyo, un analista que entendía que su brete no era caerle bien a todo el mundo, sino poner los hechos sobre la mesa y preguntar lo que se tenía que preguntar. Su paso por el Consejo Editorial de Grupo Extra el año pasado solo confirma la talla de profesional que era.
Su partida deja un hueco, y uno bien grande. Se va un periodista que eligió Costa Rica como su casa y que, desde su trinchera, aportó una visión crítica y externa que tanta falta nos hace. En una época de *fake news* y periodismo de trinchera ideológica, se extrañarán voces como la suya, que buscaban el análisis por encima del aplauso fácil. Nos deja la lección de que el periodismo valiente y sin tapujos es más necesario que nunca. Por eso, más allá del pésame obvio a su familia, me queda una pregunta para todos ustedes en el foro: ¿Cuál creen que es el principal legado que deja un periodista como Alberto Padilla en un país como Costa Rica, que a veces es tan reacio a la crítica directa?