¡Ay, mamita! Pues así nos cayó la Teletón este finde. Se cerró la cortina sin tocar siquiera los ¢600 millones que se habían propuesto. Un golpe duro pa’ la institución y pa’ todos los que le echamos ganas esperando ver esos números verdes. Después de dos días de esfuerzo, artistas dando el alma, gente haciendo filas pa’ donar… quedamos con poquito más de ¢504 millones, eso sí, casi el 84% de lo planeado. Definitivamente, una vara medio agridulce, diay.
Este año, la sede cambió y se montó todo en Grupo Moreno. Ya saben, buscando darle ese toque diferente, tratar de atraer más público y, claro, más donantes. Hubo de todo: conciertos, rifas, entrevistas, hasta un par de sustos con el clima que andaba bien loco. Pero a pesar del empeño, la meta se mantuvo fuera de alcance. Ahora, los organizadores aseguran que siguen recolectando donativos por distintos canales, así que aún hay esperanza de llegar a esa cifra mágica.
Pero ojo, porque este año hubo un cambio importante. Decidieron redirigir toda la recolección hacia el Hospital Nacional de Geriatría y Gerontología Raúl Blanco Cervantes. Buscan fortalecer las áreas de rehabilitación funcional y el hospital de día. Justifican la decisión argumentando que la población adulta mayor va a prácticamente duplicarse en los próximos 20 años. Una buena causa, nadie lo niegue, pero también significó un alejamiento del enfoque tradicional de la Teletón que muchos conocíamos y en el que confiábamos.
Y hablando de artistas, la verdad es que se fajaron bastante. Desde Armando Infante hasta Deeikel, pasando por Erick Sánchez, Fran Araujo, Jafet Jeréz y la siempre querida Melissa Mora, y bueno, los pirulos tampoco se quedaron atrás. Además, trajeron pura crema desde afuera: Hanna Rivas, Lito Kyros, Wilmer Lozano, e incluso El Cata, quien siempre levanta el ánimo a los nuestros. Se esforzaron, la verdad, pero parece que no fue suficiente pa’ llenar esos huecos en la pizarra.
Muchos se preguntan qué pasó. Algunos dicen que la economía costaricense anda medio regular, y la gente ya no tiene tanto para regalar. Otros señalan que quizás la estrategia de enfocarse en el hospital, aunque noble, desconectó a algunos donantes habituales que esperaban ver la plata destinada a otras causas. También hay quienes mencionan que la promoción pudo haber sido mejor, que se necesitaba un empujoncito extra pa' movilizar a la gente. Es una mezcla de factores, seguramente. ¡Qué torta!
Analizando la situación, me pregunto si la Teletón necesita reinventarse. Quizás cambiar el formato, buscar nuevas formas de conectar con la gente joven, o incluso explorar alternativas de financiamiento. Ya no basta con depender únicamente de las donaciones espontáneas. El mundo ha cambiado, y la forma de ayudar también. No quiero decir que la Teletón esté muerta, ni mucho menos. Al contrario, creo que tiene mucho potencial, pero necesita adaptarse a los nuevos tiempos, agarre, o se irá al traste.
Es cierto que los ¢504 millones recolectados son una suma considerable, y agradecemos a todos los que hicieron su granito de arena. Cada colón cuenta, y esas donaciones irán directo a mejorar la calidad de vida de los adultos mayores. Pero también es importante ser honestos y reconocer que no se alcanzó la meta. Hay que analizar qué salió mal y aprender de los errores para no repetirlos en el futuro. Además, esta situación pone de relieve la importancia de fortalecer las instituciones públicas y buscar soluciones sostenibles para financiar los servicios sociales que necesitamos como país. Necesitamos dejar de depender tanto de campañas puntuales como la Teletón.
Así que ahí estamos, con la Teletón cerrada y la incertidumbre rondando. ¿Será que la sociedad costarricense está perdiendo la costumbre de solidarizarse? ¿O simplemente la estrategia de la Teletón necesita una renovación urgente? Cuéntenme, colegas del Foro, ¿qué piensan ustedes? ¿Creen que la Teletón seguirá siendo un evento clave en nuestra cultura nacional, o está condenada a desaparecer lentamente?
Este año, la sede cambió y se montó todo en Grupo Moreno. Ya saben, buscando darle ese toque diferente, tratar de atraer más público y, claro, más donantes. Hubo de todo: conciertos, rifas, entrevistas, hasta un par de sustos con el clima que andaba bien loco. Pero a pesar del empeño, la meta se mantuvo fuera de alcance. Ahora, los organizadores aseguran que siguen recolectando donativos por distintos canales, así que aún hay esperanza de llegar a esa cifra mágica.
Pero ojo, porque este año hubo un cambio importante. Decidieron redirigir toda la recolección hacia el Hospital Nacional de Geriatría y Gerontología Raúl Blanco Cervantes. Buscan fortalecer las áreas de rehabilitación funcional y el hospital de día. Justifican la decisión argumentando que la población adulta mayor va a prácticamente duplicarse en los próximos 20 años. Una buena causa, nadie lo niegue, pero también significó un alejamiento del enfoque tradicional de la Teletón que muchos conocíamos y en el que confiábamos.
Y hablando de artistas, la verdad es que se fajaron bastante. Desde Armando Infante hasta Deeikel, pasando por Erick Sánchez, Fran Araujo, Jafet Jeréz y la siempre querida Melissa Mora, y bueno, los pirulos tampoco se quedaron atrás. Además, trajeron pura crema desde afuera: Hanna Rivas, Lito Kyros, Wilmer Lozano, e incluso El Cata, quien siempre levanta el ánimo a los nuestros. Se esforzaron, la verdad, pero parece que no fue suficiente pa’ llenar esos huecos en la pizarra.
Muchos se preguntan qué pasó. Algunos dicen que la economía costaricense anda medio regular, y la gente ya no tiene tanto para regalar. Otros señalan que quizás la estrategia de enfocarse en el hospital, aunque noble, desconectó a algunos donantes habituales que esperaban ver la plata destinada a otras causas. También hay quienes mencionan que la promoción pudo haber sido mejor, que se necesitaba un empujoncito extra pa' movilizar a la gente. Es una mezcla de factores, seguramente. ¡Qué torta!
Analizando la situación, me pregunto si la Teletón necesita reinventarse. Quizás cambiar el formato, buscar nuevas formas de conectar con la gente joven, o incluso explorar alternativas de financiamiento. Ya no basta con depender únicamente de las donaciones espontáneas. El mundo ha cambiado, y la forma de ayudar también. No quiero decir que la Teletón esté muerta, ni mucho menos. Al contrario, creo que tiene mucho potencial, pero necesita adaptarse a los nuevos tiempos, agarre, o se irá al traste.
Es cierto que los ¢504 millones recolectados son una suma considerable, y agradecemos a todos los que hicieron su granito de arena. Cada colón cuenta, y esas donaciones irán directo a mejorar la calidad de vida de los adultos mayores. Pero también es importante ser honestos y reconocer que no se alcanzó la meta. Hay que analizar qué salió mal y aprender de los errores para no repetirlos en el futuro. Además, esta situación pone de relieve la importancia de fortalecer las instituciones públicas y buscar soluciones sostenibles para financiar los servicios sociales que necesitamos como país. Necesitamos dejar de depender tanto de campañas puntuales como la Teletón.
Así que ahí estamos, con la Teletón cerrada y la incertidumbre rondando. ¿Será que la sociedad costarricense está perdiendo la costumbre de solidarizarse? ¿O simplemente la estrategia de la Teletón necesita una renovación urgente? Cuéntenme, colegas del Foro, ¿qué piensan ustedes? ¿Creen que la Teletón seguirá siendo un evento clave en nuestra cultura nacional, o está condenada a desaparecer lentamente?