¡Qué risa! Ayer, las redes sociales explotaron con fotos de una pluma gigantesca sobre el Volcán Turrialba, y muchos se agarraron de un susto pensando que estábamos a punto de tener otra erupción monumental. La gente ya estaba buscando dónde comprar mascarillas y pensando en evacuar... ¡una torta! Pero tranquilos, paisanos, porque resulta que no era exactamente eso.
Según el Observatorio Vulcanológico y Sismológico (OVSICORI), la imagen viralizada no corresponde a una actividad eruptiva, sino a un fenómeno meteorológico bastante común, aunque impresionante a la vista. La experta María Martínez, quien ha estado pegada al volcán más que yo a mi celular, nos aclaró que revisaron todas las señales sísmicas e infrasónicas y no encontraron nada raro, ni siquiera un susurro de actividad dramática.
“Revisamos toda la vaina, la red de instrumentos del Turrialba, y honestamente, no hay señal de erupción. Ni siquiera vemos algo preocupante en cuanto a cómo está soltando gases,” nos dijo Martínez, con calma, mientras seguramente tomaba un café bien cargado para mantenerse despierta vigilando al coloso. La realidad es que esto del Turrialba siempre nos da unos sustos así, diay.
Lo que realmente estábamos viendo, según los expertos, era una pluma compuesta principalmente por vapor de agua y gases que sale del cráter oeste del volcán. Sí, suena técnico, pero básicamente es como si el volcán estuviera estornudando. Lo bueno es que no es un estornudo peligroso, sino una especie de limpieza normal. Pero la magnitud de la pluma, visible desde lejos, definitivamente engañó a más de uno.
Ahora, ¿por qué demonios se veía tan grande, entonces? Ahí entra la ciencia, mis queridos lectores. Resulta que tenemos altas condiciones de radiación solar y viento azotando el país. Esto crea unas corrientes de convección – suena complicado, pero piénsenlo como aire caliente ascendiendo – que empujan esos vapores y gases hacia arriba con mucha fuerza. “Es como si le dieran un impulso extra al vapor,” explica Martínez, “y eso hace que la pluma sea visible desde lugares muy alejados”.
Recuerden que el Turrialba, igual que otros volcanes en Costa Rica, está bajo constante vigilancia por parte del OVSICORI. Ellos están ahí, día y noche, pegaditos a los monitores, para detectar cualquier cambio en su comportamiento. Y aunque este episodio nos dio un buen susto, reafirma la importancia de tener instituciones dedicadas a estudiarlos y mantenernos informados, porque con estos volcanes nunca se sabe… ¡qué carga!
Además, el informe del 13 de enero del OVSICORI mencionaba haber visto un punto de incandescencia en la pared interna suroeste del cráter principal. Esa vaina no está relacionada con la pluma gigante, asegura Martínez. Simplemente forma parte de la actividad normal del volcán, que, como sabemos, sigue siendo parte de los volcanes activos de Costa Rica que requieren monitoreo continuo. Así que, por ahora, podemos seguir disfrutando de las vistas, siempre con precaución y atendiendo a las recomendaciones de los expertos.
En fin, aprendimos la lección: no todo lo que brilla en internet es verdad. Las redes sociales pueden ser una herramienta poderosa, pero también nos pueden llevar al despiste. Ahora, díganme, ¿cuántos de ustedes ya estaban empacando las cosas pensando en subir al cerro? ¿Y creen que deberíamos crear una alerta ciudadana digital para estos casos, donde el OVSICORI confirme directamente la información antes de que se prenda el panic button en Facebook?
Según el Observatorio Vulcanológico y Sismológico (OVSICORI), la imagen viralizada no corresponde a una actividad eruptiva, sino a un fenómeno meteorológico bastante común, aunque impresionante a la vista. La experta María Martínez, quien ha estado pegada al volcán más que yo a mi celular, nos aclaró que revisaron todas las señales sísmicas e infrasónicas y no encontraron nada raro, ni siquiera un susurro de actividad dramática.
“Revisamos toda la vaina, la red de instrumentos del Turrialba, y honestamente, no hay señal de erupción. Ni siquiera vemos algo preocupante en cuanto a cómo está soltando gases,” nos dijo Martínez, con calma, mientras seguramente tomaba un café bien cargado para mantenerse despierta vigilando al coloso. La realidad es que esto del Turrialba siempre nos da unos sustos así, diay.
Lo que realmente estábamos viendo, según los expertos, era una pluma compuesta principalmente por vapor de agua y gases que sale del cráter oeste del volcán. Sí, suena técnico, pero básicamente es como si el volcán estuviera estornudando. Lo bueno es que no es un estornudo peligroso, sino una especie de limpieza normal. Pero la magnitud de la pluma, visible desde lejos, definitivamente engañó a más de uno.
Ahora, ¿por qué demonios se veía tan grande, entonces? Ahí entra la ciencia, mis queridos lectores. Resulta que tenemos altas condiciones de radiación solar y viento azotando el país. Esto crea unas corrientes de convección – suena complicado, pero piénsenlo como aire caliente ascendiendo – que empujan esos vapores y gases hacia arriba con mucha fuerza. “Es como si le dieran un impulso extra al vapor,” explica Martínez, “y eso hace que la pluma sea visible desde lugares muy alejados”.
Recuerden que el Turrialba, igual que otros volcanes en Costa Rica, está bajo constante vigilancia por parte del OVSICORI. Ellos están ahí, día y noche, pegaditos a los monitores, para detectar cualquier cambio en su comportamiento. Y aunque este episodio nos dio un buen susto, reafirma la importancia de tener instituciones dedicadas a estudiarlos y mantenernos informados, porque con estos volcanes nunca se sabe… ¡qué carga!
Además, el informe del 13 de enero del OVSICORI mencionaba haber visto un punto de incandescencia en la pared interna suroeste del cráter principal. Esa vaina no está relacionada con la pluma gigante, asegura Martínez. Simplemente forma parte de la actividad normal del volcán, que, como sabemos, sigue siendo parte de los volcanes activos de Costa Rica que requieren monitoreo continuo. Así que, por ahora, podemos seguir disfrutando de las vistas, siempre con precaución y atendiendo a las recomendaciones de los expertos.
En fin, aprendimos la lección: no todo lo que brilla en internet es verdad. Las redes sociales pueden ser una herramienta poderosa, pero también nos pueden llevar al despiste. Ahora, díganme, ¿cuántos de ustedes ya estaban empacando las cosas pensando en subir al cerro? ¿Y creen que deberíamos crear una alerta ciudadana digital para estos casos, donde el OVSICORI confirme directamente la información antes de que se prenda el panic button en Facebook?