Mae, imagínese este brete por un segundo: levantarse todos los santos días, antes que el sol, con una misión casi de espía: rasurarse la cara para que nadie, pero nadie, se diera cuenta de su barba. Ni sus compas, ni su familia, ni siquiera la pareja con la que durmió por cuatro años. Esa fue la rutina de Coral Sánchez durante 14 larguísimos años. Una vara que empezó como un secreto de niña y se convirtió en una carga monumental que, por dicha, hoy ya no lleva encima. A sus 29 años, Coral mandó la rasuradora para el carajo y decidió que ya era hora de conocerse de verdad, con todo y barba.
La historia de Coral no empezó ayer. A los nueve años, cuando la mayoría de nosotros nos preocupábamos por el recreo, ella ya veía cómo le empezaba a crecer vello en la barbilla. A los 12, la situación era tan evidente que el afeitado diario se volvió su única defensa para evitar el mate en el cole. El problema es que el hirsutismo, la condición que tiene por el síndrome de ovario poliquístico (SOP), no perdona. Es una condición que le juega una mala pasada a las hormonas y provoca que el vello crezca con un patrón masculino. Para mediodía, ya la barba volvía a asomarse, y ella tenía que ingeniárselas con capas de maquillaje y peinados estratégicos. Una lucha diaria, silenciosa y agotadora.
El punto de quiebre, como suele pasar, llegó en el peor momento. A los 26 años, Coral pasó por una etapa tan dura que terminó viviendo en su carro. Mantener esa fachada en medio de ese despiche era, sencillamente, imposible. ¿Cómo iba a seguir con el ritual de afeitarse y maquillarse en esas condiciones? Fue ahí, en ese momento tan rudo, que se hizo la pregunta del millón: ¿Por qué diay estoy haciendo esto? ¿A quién intento complacer ocultando una parte de mí que, al final del día, es natural? Ese fue el chispazo que empezó a cambiarlo todo.
Y como a veces la vida se alinea, poco después conoció a Illias Clark, un mae que es todo un carga. Escritor, artista y, más importante, la persona que le dio el empujón que le faltaba. A diferencia de sus relaciones pasadas, con él sintió la confianza para hablar de la vara sin pelos en la lengua (nunca mejor dicho). La respuesta de Illias fue de un nivel impresionante: "Eres hermosa y tu cuerpo hace esto naturalmente". En lugar de juzgarla, la animó a dejar de afeitarse, a ver qué pasaba. Y así, en marzo de 2022, Coral guardó la rasuradora. Cuando vio su rostro con la barba crecida, la sorpresa fue total. ¡Qué nivel! Se sentía femenina, se sentía ella misma, se sentía completa.
Hoy, Coral no solo se ve al espejo y sonríe, sino que usa su historia para inspirar a otras. Su mensaje es clarísimo y potente: tener barba no te hace menos mujer, menos femenina ni menos hermosa. De hecho, para ella, fue el último paso para sentirse verdaderamente libre. Nos demuestra que la belleza no viene en un solo empaque y que aceptarse a uno mismo, con todo el paquete, es la vara más tuanis que existe. Su barba no es un defecto que ocultar, sino una prueba de su historia y de su fortaleza. Una historia que, sin duda, nos deja pensando sobre los moldes que aceptamos sin cuestionar.
La historia de Coral no empezó ayer. A los nueve años, cuando la mayoría de nosotros nos preocupábamos por el recreo, ella ya veía cómo le empezaba a crecer vello en la barbilla. A los 12, la situación era tan evidente que el afeitado diario se volvió su única defensa para evitar el mate en el cole. El problema es que el hirsutismo, la condición que tiene por el síndrome de ovario poliquístico (SOP), no perdona. Es una condición que le juega una mala pasada a las hormonas y provoca que el vello crezca con un patrón masculino. Para mediodía, ya la barba volvía a asomarse, y ella tenía que ingeniárselas con capas de maquillaje y peinados estratégicos. Una lucha diaria, silenciosa y agotadora.
El punto de quiebre, como suele pasar, llegó en el peor momento. A los 26 años, Coral pasó por una etapa tan dura que terminó viviendo en su carro. Mantener esa fachada en medio de ese despiche era, sencillamente, imposible. ¿Cómo iba a seguir con el ritual de afeitarse y maquillarse en esas condiciones? Fue ahí, en ese momento tan rudo, que se hizo la pregunta del millón: ¿Por qué diay estoy haciendo esto? ¿A quién intento complacer ocultando una parte de mí que, al final del día, es natural? Ese fue el chispazo que empezó a cambiarlo todo.
Y como a veces la vida se alinea, poco después conoció a Illias Clark, un mae que es todo un carga. Escritor, artista y, más importante, la persona que le dio el empujón que le faltaba. A diferencia de sus relaciones pasadas, con él sintió la confianza para hablar de la vara sin pelos en la lengua (nunca mejor dicho). La respuesta de Illias fue de un nivel impresionante: "Eres hermosa y tu cuerpo hace esto naturalmente". En lugar de juzgarla, la animó a dejar de afeitarse, a ver qué pasaba. Y así, en marzo de 2022, Coral guardó la rasuradora. Cuando vio su rostro con la barba crecida, la sorpresa fue total. ¡Qué nivel! Se sentía femenina, se sentía ella misma, se sentía completa.
Hoy, Coral no solo se ve al espejo y sonríe, sino que usa su historia para inspirar a otras. Su mensaje es clarísimo y potente: tener barba no te hace menos mujer, menos femenina ni menos hermosa. De hecho, para ella, fue el último paso para sentirse verdaderamente libre. Nos demuestra que la belleza no viene en un solo empaque y que aceptarse a uno mismo, con todo el paquete, es la vara más tuanis que existe. Su barba no es un defecto que ocultar, sino una prueba de su historia y de su fortaleza. Una historia que, sin duda, nos deja pensando sobre los moldes que aceptamos sin cuestionar.