¡Qué despiche! Parece mentira cómo algunos personajes, unos verdaderos sacamuelas, se aprovechan de la inocencia de los nenes en este mundo digital. Últimamente, la preocupación está que quema entre los padres, y no precisamente por el calor, sino porque el grooming —esa práctica ruinosa donde un adulto se hace pasar por alguien más joven para manipular a un chaval— está tomando fuerza aquí en nuestro país.
Según datos de la Fiscalía Adjunta de Género, el número de denuncias relacionadas con grooming ha ido en aumento progresivo. Ya no es cosa de otros países; esto le pasa a nuestra gente. Allan Cortés, el fiscal coordinador, lo dejó claro en "Voces MP": estos tipos construyen una relación de confianza falsamente, se hacen los compinches, los amigos, para luego ir metiendo mano a la vida de los niños y adolescentes.
El proceso, como ellos lo manejan, es taimado. Empiezan con unas pláticas casuales, como si nada, preguntándole al nene por sus hobbies, por sus cosas favoritas. Poco a poco, van tejiendo un vínculo emocional, aislando al muchacho de su propia familia, haciéndole creer que ese señor es su único confidente. ¡Qué maquina! Luego, empiezan a soltar indirectas con temas delicados, pidiendo fotos o videos comprometidos, hasta llegar a inducirlos a hacer cosas que nunca debieron hacer.
Y ahí es donde la cosa se pone fea, brete. Si el chaval cae en la trampa, los agresores empiezan a usar la coacción y las amenazas: “Si cuentas esto, publico tus fotos”, “Si no haces lo que yo digo, te arrepentirás”. ¡Una torta! Así es como someten a sus víctimas, obligándolas a seguir jugando su juego perverso. Entendemos que la tecnología es maravillosa, pero también abre puertas a peligros que debemos estar vigilantes a evitar.
Muchos padres se sienten perdidos, desconcertados ante esta realidad. Algunos creen que prohibirle el celular al hijo es la solución, pero eso no resuelve el problema. Lo que realmente hay que hacer es hablar con los muchachos, crear un espacio de confianza donde ellos se sientan seguros para contarnos cualquier cosa que les preocupe o les incomode. ¡Idiay!, el diálogo abierto puede salvar vidas.
Es crucial estar atentos a ciertas señales. Por ejemplo, si notas que tu hijo está usando mucho el teléfono o internet a escondidas, si su comportamiento emocional ha cambiado bruscamente, si está más ansioso por conectarse, si oculta las conversaciones que tiene en línea, o si empieza a recibir regalos inesperados, ¡pon atención! Estas pueden ser banderas rojas que indican que algo no anda bien. Hay que actuar rápido, filetear la vaineta con cuidado.
Las autoridades recomiendan, además, aplicar herramientas de control parental en los dispositivos electrónicos y hablar con los niños sobre los riesgos de internet de manera natural, sin asustarlos demasiado. Explicarles que no todas las personas en línea son quienes dicen ser, que hay depredadores esperando aprovecharse de su vulnerabilidad. Que si alguna vez se sienten incómodos con algo, hablen con un adulto de confianza. También ayuda revisar con quién interactúan en redes sociales y qué tipo de contenidos consumen. ¡Más vale prevenir que lamentar!
Por supuesto, toda esta problemática nos obliga a reflexionar. Con tanta red social y videojuego disponible, ¿cómo podemos proteger a nuestros hijos del grooming y otras amenazas online? ¿Es suficiente con las medidas de seguridad existentes o necesitamos estrategias más innovadoras y efectivas para combatir este mal silencioso? Compartan sus opiniones y experiencias en el foro, ¡la conversación es fundamental para construir un entorno digital más seguro para nuestros jóvenes!
Según datos de la Fiscalía Adjunta de Género, el número de denuncias relacionadas con grooming ha ido en aumento progresivo. Ya no es cosa de otros países; esto le pasa a nuestra gente. Allan Cortés, el fiscal coordinador, lo dejó claro en "Voces MP": estos tipos construyen una relación de confianza falsamente, se hacen los compinches, los amigos, para luego ir metiendo mano a la vida de los niños y adolescentes.
El proceso, como ellos lo manejan, es taimado. Empiezan con unas pláticas casuales, como si nada, preguntándole al nene por sus hobbies, por sus cosas favoritas. Poco a poco, van tejiendo un vínculo emocional, aislando al muchacho de su propia familia, haciéndole creer que ese señor es su único confidente. ¡Qué maquina! Luego, empiezan a soltar indirectas con temas delicados, pidiendo fotos o videos comprometidos, hasta llegar a inducirlos a hacer cosas que nunca debieron hacer.
Y ahí es donde la cosa se pone fea, brete. Si el chaval cae en la trampa, los agresores empiezan a usar la coacción y las amenazas: “Si cuentas esto, publico tus fotos”, “Si no haces lo que yo digo, te arrepentirás”. ¡Una torta! Así es como someten a sus víctimas, obligándolas a seguir jugando su juego perverso. Entendemos que la tecnología es maravillosa, pero también abre puertas a peligros que debemos estar vigilantes a evitar.
Muchos padres se sienten perdidos, desconcertados ante esta realidad. Algunos creen que prohibirle el celular al hijo es la solución, pero eso no resuelve el problema. Lo que realmente hay que hacer es hablar con los muchachos, crear un espacio de confianza donde ellos se sientan seguros para contarnos cualquier cosa que les preocupe o les incomode. ¡Idiay!, el diálogo abierto puede salvar vidas.
Es crucial estar atentos a ciertas señales. Por ejemplo, si notas que tu hijo está usando mucho el teléfono o internet a escondidas, si su comportamiento emocional ha cambiado bruscamente, si está más ansioso por conectarse, si oculta las conversaciones que tiene en línea, o si empieza a recibir regalos inesperados, ¡pon atención! Estas pueden ser banderas rojas que indican que algo no anda bien. Hay que actuar rápido, filetear la vaineta con cuidado.
Las autoridades recomiendan, además, aplicar herramientas de control parental en los dispositivos electrónicos y hablar con los niños sobre los riesgos de internet de manera natural, sin asustarlos demasiado. Explicarles que no todas las personas en línea son quienes dicen ser, que hay depredadores esperando aprovecharse de su vulnerabilidad. Que si alguna vez se sienten incómodos con algo, hablen con un adulto de confianza. También ayuda revisar con quién interactúan en redes sociales y qué tipo de contenidos consumen. ¡Más vale prevenir que lamentar!
Por supuesto, toda esta problemática nos obliga a reflexionar. Con tanta red social y videojuego disponible, ¿cómo podemos proteger a nuestros hijos del grooming y otras amenazas online? ¿Es suficiente con las medidas de seguridad existentes o necesitamos estrategias más innovadoras y efectivas para combatir este mal silencioso? Compartan sus opiniones y experiencias en el foro, ¡la conversación es fundamental para construir un entorno digital más seguro para nuestros jóvenes!