¡Ay, dios mío! La educación en Costa Rica anda más perdida que chancla en carretera. Desde hace rato se sabe que nuestros niños y adolescentes no están aprendiendo lo que deberían, y ahora resulta que muchos jóvenes salen de secundaria sin saber ni pensar bien. Qué pena ajena, vamos.
La cosa pinta fea porque la brecha entre quien tiene acceso a una buena escuela y quien no, sigue siendo un cañón. En las capitales, computadoras a montón y enchufes pa’ to’ lao, pero allá en los cantones más remotos, algunos colegios todavía tienen techos de zinc que gotean cuando llueve. Y eso sin hablar de la falta de materiales y profesores capacitados... una verdadera torta.
Como era de esperarse, todos los candidatos a la presidencia andan diciendo que van a salvar la educación. Presentaciones bonitas, promesas grandilocuentes… el cuento de siempre, mae. Cada quién con su plan, pero parece que nadie se pone a ver qué ha funcionado y qué no en estos últimos años. Todos quieren echarle parche a la herida, pero hay que rasparla primero, ¿me entienden?
El TSE ya escuchó a todos los aspirantes y, aunque se habló mucho de invertir más plata en educación –hasta el 8% del PIB, dicen–, queda la duda si realmente sabrán cómo gastarla. Walter Hernández del PJSC va con declaratoria de emergencia y revisión a la Ley 9999. Luz Mary Alpízar del PSD quiere más educación dual y nivelación para los que llegan al sétimo. Boris Molina busca potenciar lo mismo y Natalia Díaz propone enfocarse en habilidades blandas y el INA. Uno se pregunta, ¿están entendiendo la raíz del problema o solo dando caramelitos?
Y no se quedan atrás Fernando Zamora, que quiere rescatar valores y reformar el CSE, Marco Rodríguez, que promete devolver la autoridad al profe y asegurar ese famoso 8%, y David Hernández, que quiere subir el presupuesto hasta el 10%. Ana Virginia Calzada declara la educación como prioridad nacional y también quiere el 8% y eliminar la Ley 9999. Claudia Dobles habla de acuerdos nacionales a largo plazo y Fabrico Alvarado de mejorar la conectividad y enfocarse en STEAM... ¡puff!, demasiadas ideas volando por ahí, y muchas veces, una cosa tira abajo a la otra. Parece un brete.
Otros candidatos tampoco se quedaron callados. Ronny Castillo quiere una reforma curricular integral con énfasis en lectoescritura, Eliécer Feinzaig también busca una reforma profunda basada en STEAM e inglés, Laura Fernández propone construir más colegios técnicos y José Aguilar un acuerdo nacional con ayuda de la OCDE. Claudio Alpízar apuesta por infraestructura en zonas rurales, Álvaro Ramos el Bachillerato Internacional, Douglas Caamaño cerrar la DIE y Luis Amador el bilingüismo desde primer grado. Ariel Robles quiere el 8% del PIB, Juan Carlos Hidalgo facilitarle la vida a los profes y Éliecer Feinzaig una reforma que empuje habilidades básicas y STEAM.
Es que la verdad, la educación necesita un cambio radical, no solo más dinero. Se trata de formar ciudadanos críticos, capaces de pensar por sí mismos y enfrentar los desafíos del futuro. No basta con memorizar datos, sino con aprender a analizarlos, cuestionarlos y aplicarlos. Pero, ¿lograrán los próximos gobernantes entender esto y tomar las medidas correctas? Ahí radica la gran incógnita. Después de tantas promesas, y tantos cambios de políticas, uno ya casi se cansa de esperar milagros. ¡Menos chambulesca y más resultados, diay!
Con tanta propuesta sobre la mesa, ¿ustedes creen que alguno de los candidatos realmente tiene una visión clara y realista para transformar la educación en Costa Rica, o estamos destinados a seguir viendo cómo nuestros hijos y nietos pierden oportunidades por culpa de un sistema educativo obsoleto y desigual? Déjenme sus opiniones en el foro, ¡quiero saber qué piensan ustedes sobre este tema tan importante!
La cosa pinta fea porque la brecha entre quien tiene acceso a una buena escuela y quien no, sigue siendo un cañón. En las capitales, computadoras a montón y enchufes pa’ to’ lao, pero allá en los cantones más remotos, algunos colegios todavía tienen techos de zinc que gotean cuando llueve. Y eso sin hablar de la falta de materiales y profesores capacitados... una verdadera torta.
Como era de esperarse, todos los candidatos a la presidencia andan diciendo que van a salvar la educación. Presentaciones bonitas, promesas grandilocuentes… el cuento de siempre, mae. Cada quién con su plan, pero parece que nadie se pone a ver qué ha funcionado y qué no en estos últimos años. Todos quieren echarle parche a la herida, pero hay que rasparla primero, ¿me entienden?
El TSE ya escuchó a todos los aspirantes y, aunque se habló mucho de invertir más plata en educación –hasta el 8% del PIB, dicen–, queda la duda si realmente sabrán cómo gastarla. Walter Hernández del PJSC va con declaratoria de emergencia y revisión a la Ley 9999. Luz Mary Alpízar del PSD quiere más educación dual y nivelación para los que llegan al sétimo. Boris Molina busca potenciar lo mismo y Natalia Díaz propone enfocarse en habilidades blandas y el INA. Uno se pregunta, ¿están entendiendo la raíz del problema o solo dando caramelitos?
Y no se quedan atrás Fernando Zamora, que quiere rescatar valores y reformar el CSE, Marco Rodríguez, que promete devolver la autoridad al profe y asegurar ese famoso 8%, y David Hernández, que quiere subir el presupuesto hasta el 10%. Ana Virginia Calzada declara la educación como prioridad nacional y también quiere el 8% y eliminar la Ley 9999. Claudia Dobles habla de acuerdos nacionales a largo plazo y Fabrico Alvarado de mejorar la conectividad y enfocarse en STEAM... ¡puff!, demasiadas ideas volando por ahí, y muchas veces, una cosa tira abajo a la otra. Parece un brete.
Otros candidatos tampoco se quedaron callados. Ronny Castillo quiere una reforma curricular integral con énfasis en lectoescritura, Eliécer Feinzaig también busca una reforma profunda basada en STEAM e inglés, Laura Fernández propone construir más colegios técnicos y José Aguilar un acuerdo nacional con ayuda de la OCDE. Claudio Alpízar apuesta por infraestructura en zonas rurales, Álvaro Ramos el Bachillerato Internacional, Douglas Caamaño cerrar la DIE y Luis Amador el bilingüismo desde primer grado. Ariel Robles quiere el 8% del PIB, Juan Carlos Hidalgo facilitarle la vida a los profes y Éliecer Feinzaig una reforma que empuje habilidades básicas y STEAM.
Es que la verdad, la educación necesita un cambio radical, no solo más dinero. Se trata de formar ciudadanos críticos, capaces de pensar por sí mismos y enfrentar los desafíos del futuro. No basta con memorizar datos, sino con aprender a analizarlos, cuestionarlos y aplicarlos. Pero, ¿lograrán los próximos gobernantes entender esto y tomar las medidas correctas? Ahí radica la gran incógnita. Después de tantas promesas, y tantos cambios de políticas, uno ya casi se cansa de esperar milagros. ¡Menos chambulesca y más resultados, diay!
Con tanta propuesta sobre la mesa, ¿ustedes creen que alguno de los candidatos realmente tiene una visión clara y realista para transformar la educación en Costa Rica, o estamos destinados a seguir viendo cómo nuestros hijos y nietos pierden oportunidades por culpa de un sistema educativo obsoleto y desigual? Déjenme sus opiniones en el foro, ¡quiero saber qué piensan ustedes sobre este tema tan importante!