¡Ay, Dios mío! Aquí estamos, con otro lío jurídico que nos tiene a todos pegados al celular. Resulta que el caso de Celso Gamboa, ese exjefe del Poder Judicial que anda metido en camisa de once con el 'cementazo', ha tomado un vuelco más raro que gallo en carreta. Parece que la Fiscalía le está echando un salvavidas, pidiéndole al juez que frene todo hasta que se decida si lo mandan pa’l norte a enfrentar cargos en Estados Unidos.
Todo empezó este lunes en los tribunales de Goicoechea, donde Gamboa estaba sentado tranquilamente, junto al señor Bolaños, ese importador de cemento que siempre sale en las malas, y un fulano llamado Rojas. Se esperaba un juicio, ya saben, con todo el rollo de testigos, pruebas y jueza gritándole a alguien. Pero sorpresa, sorpresa, apareció la Fiscalía con su propuesta de suspensión, alegando que si empiezan acá y luego lo mandan pa’ Estados Unidos, habrán perdido el tiempo y el dinero de todos. ¡Un desperdicio, dicen!
Y aquí viene lo más curioso: tanto la Procuraduría de la Ética Pública, que debería estar buscando pescuezo de Gamboa, como los abogados defensores de él y de los demás implicados, dijeron ‘sí, dale’. Lo tenían hecho, parece. Esto, mis queridos lectores, es tan inusual que hasta las paredes del tribunal se preguntaban qué estaba pasando. Al final, la economía procesal ganó la batalla, al parecer. Quién iba a decir que un tema de cemento nos llevaría a discutir sobre procesos judiciales y extradiciones internacionales...¡Qué vara!
Recordemos rápido el contexto: todo este juicio es por ese viaje relámpago a Panamá que Gamboa y Bolaños hicieron en 2016, un viaje que la Fiscalía cree que era parte de una serie de sobornos para favorecer los negocios del cemento chino. Un brete, vamos. Pero luego salió a luz que Gamboa también anda en problemas con los gringos, quienes lo señalan de estar colgado con estructuras de crimen organizado. Ahí sí se puso el asunto más picante, porque ya no hablamos solo de corrupción nacional, sino de conexiones internacionales… ¡Una torta!
Ahora, tenemos dos escenarios encima de la mesa, como dice el abogado de mi primo. Por un lado, se congela todo hasta que se decida si Gamboa viaja a Estados Unidos. Por otro, se separan los caminos: se juzga a Bolaños y Rojas solos, y Gamboa se va a lidiar con los yanquis. Pero ojo, si optan por esta segunda opción, los abogados defienden que necesitan nuevos jueces para evitar cualquier tipo de influencia indebida, lo cual retrasaría aún más el proceso. ¡Qué despache!
Pero no olvidemos que mientras todo esto sucede en la sala de juicios, en otra oficina judicial se está definiendo el destino de Gamboa en relación con los cargos que le imputan en Estados Unidos. La cuestión de la extradición sigue en revisión, y en unas semanas sabremos si nuestro exjefe del Poder Judicial terminará sus días tras las rejas en una cárcel americana o tendrá que enfrentarse primero a la justicia tica. Como les digo, ¡una novela!
En medio de toda esta incertidumbre, la opinión pública está dividida. Algunos creen que Gamboa merece ir a la cárcel, vengan de dónde vengan los cargos. Otros piensan que la justicia debe ser imparcial y darle todas las oportunidades para defenderse. Y algunos, sinceramente, ya están cansados de tantos escándalos políticos y quieren ver a los culpables pagar por sus actos. Es difícil encontrarle la vuelta a tanta maraña legal y política... qué sal.
Así que, mijos, aquí seguimos esperando la decisión del Tribunal de Apapelaciones. Mientras tanto, me pregunto: ¿creen ustedes que la rapidez con la que se manejó este caso es señal de que realmente hay presión externa por parte de Estados Unidos, o simplemente se trata de una estrategia legal para ahorrar tiempo y recursos? ¡Díganme qué opinan en el foro, necesito saber si estoy loco yo o todos ustedes!
Todo empezó este lunes en los tribunales de Goicoechea, donde Gamboa estaba sentado tranquilamente, junto al señor Bolaños, ese importador de cemento que siempre sale en las malas, y un fulano llamado Rojas. Se esperaba un juicio, ya saben, con todo el rollo de testigos, pruebas y jueza gritándole a alguien. Pero sorpresa, sorpresa, apareció la Fiscalía con su propuesta de suspensión, alegando que si empiezan acá y luego lo mandan pa’ Estados Unidos, habrán perdido el tiempo y el dinero de todos. ¡Un desperdicio, dicen!
Y aquí viene lo más curioso: tanto la Procuraduría de la Ética Pública, que debería estar buscando pescuezo de Gamboa, como los abogados defensores de él y de los demás implicados, dijeron ‘sí, dale’. Lo tenían hecho, parece. Esto, mis queridos lectores, es tan inusual que hasta las paredes del tribunal se preguntaban qué estaba pasando. Al final, la economía procesal ganó la batalla, al parecer. Quién iba a decir que un tema de cemento nos llevaría a discutir sobre procesos judiciales y extradiciones internacionales...¡Qué vara!
Recordemos rápido el contexto: todo este juicio es por ese viaje relámpago a Panamá que Gamboa y Bolaños hicieron en 2016, un viaje que la Fiscalía cree que era parte de una serie de sobornos para favorecer los negocios del cemento chino. Un brete, vamos. Pero luego salió a luz que Gamboa también anda en problemas con los gringos, quienes lo señalan de estar colgado con estructuras de crimen organizado. Ahí sí se puso el asunto más picante, porque ya no hablamos solo de corrupción nacional, sino de conexiones internacionales… ¡Una torta!
Ahora, tenemos dos escenarios encima de la mesa, como dice el abogado de mi primo. Por un lado, se congela todo hasta que se decida si Gamboa viaja a Estados Unidos. Por otro, se separan los caminos: se juzga a Bolaños y Rojas solos, y Gamboa se va a lidiar con los yanquis. Pero ojo, si optan por esta segunda opción, los abogados defienden que necesitan nuevos jueces para evitar cualquier tipo de influencia indebida, lo cual retrasaría aún más el proceso. ¡Qué despache!
Pero no olvidemos que mientras todo esto sucede en la sala de juicios, en otra oficina judicial se está definiendo el destino de Gamboa en relación con los cargos que le imputan en Estados Unidos. La cuestión de la extradición sigue en revisión, y en unas semanas sabremos si nuestro exjefe del Poder Judicial terminará sus días tras las rejas en una cárcel americana o tendrá que enfrentarse primero a la justicia tica. Como les digo, ¡una novela!
En medio de toda esta incertidumbre, la opinión pública está dividida. Algunos creen que Gamboa merece ir a la cárcel, vengan de dónde vengan los cargos. Otros piensan que la justicia debe ser imparcial y darle todas las oportunidades para defenderse. Y algunos, sinceramente, ya están cansados de tantos escándalos políticos y quieren ver a los culpables pagar por sus actos. Es difícil encontrarle la vuelta a tanta maraña legal y política... qué sal.
Así que, mijos, aquí seguimos esperando la decisión del Tribunal de Apapelaciones. Mientras tanto, me pregunto: ¿creen ustedes que la rapidez con la que se manejó este caso es señal de que realmente hay presión externa por parte de Estados Unidos, o simplemente se trata de una estrategia legal para ahorrar tiempo y recursos? ¡Díganme qué opinan en el foro, necesito saber si estoy loco yo o todos ustedes!