Maes, ¿se acuerdan de la famosa ley de jornadas 4x3? Diay, para los que no están en la jugada, es esa vara de bretear 12 horas por 4 días y descansar 3. Suena interesante, ¿verdad? Bueno, el problema es que la discusión en la Asamblea Legislativa está más pegada que chicle en suela de zapato. La cosa llegó a un punto de no retorno, un despiche legislativo de proporciones épicas que tiene a los diputados con un dolor de jupa que ni se imaginan.
El meollo del asunto es que el proyecto actual está sepultado bajo una montaña de más de 2,500 mociones. Para que entiendan la torta en la que están metidos: votar cada una de esas varas, una por una, es un brete eterno. A la velocidad que van, que es más lenta que un desfile de cojos, podrían terminar de revisarlas para el próximo mundial, y no el de fútbol, sino el de vida en Marte. La frustración es tan grande que ya los propios diputados admiten que el procedimiento actual se fue al traste; es ineficiente, agotador y, seamos honestos, un circo que nos cuesta plata a todos.
Pero como buen tico que no se rinde, ya salió una propuesta para ver si logran salir del hueco. La gente de la Unidad (el PUSC), liderados por su jefe de fracción Alejandro Pacheco, tiró sobre la mesa una idea que es, básicamente, un “borrón y cuenta nueva”. La jugada consiste en usar un artículo medio olvidado del reglamento legislativo, el 234 bis, que les permitiría archivar el proyecto actual con todo y su filón de mociones, redactar un texto nuevo con los cambios más importantes ya incorporados y, lo más importante, crearle un procedimiento especial a la medida. ¿Qué significa eso? Que podrían ponerle un límite a la cantidad de mociones nuevas. ¡Un atajo en toda regla!
Esta no sería la primera vez que se hace algo así. La misma técnica se usó en el gobierno de Carlos Alvarado para pasar el famoso plan fiscal, así que ya hay un precedente. La idea parece que no cayó tan mal entre las otras bancadas. Hasta doña Pilar Cisneros, la jefa del oficialismo, dijo que la vara le sonaba "interesante" y que la estaban analizando. Claro, para que este reseteo se dé, necesitan conseguir una mayoría calificada de 38 votos, lo que significa que tienen que ponerse de acuerdo en serio, algo que a veces parece más difícil que ganarse la lotería.
Al final del día, la pregunta del millón es: ¿Esto es una jugada maestra de pragmatismo para por fin avanzar en un tema que lleva meses pegado, o es un portillo para brincarse la discusión democrática como se debe y pasar la ley “a la bulla”? Por un lado, se entiende que el entrabamiento actual es ridículo, pero por otro, limitar el debate en un proyecto tan polémico siempre genera un sinsabor. ¿Ustedes qué dicen, maes? ¿Se vale este ‘reseteo’ para desentrabar el Plenario o es pura maña para madrugar a la oposición? ¡Ahí se los dejo para el debate!
El meollo del asunto es que el proyecto actual está sepultado bajo una montaña de más de 2,500 mociones. Para que entiendan la torta en la que están metidos: votar cada una de esas varas, una por una, es un brete eterno. A la velocidad que van, que es más lenta que un desfile de cojos, podrían terminar de revisarlas para el próximo mundial, y no el de fútbol, sino el de vida en Marte. La frustración es tan grande que ya los propios diputados admiten que el procedimiento actual se fue al traste; es ineficiente, agotador y, seamos honestos, un circo que nos cuesta plata a todos.
Pero como buen tico que no se rinde, ya salió una propuesta para ver si logran salir del hueco. La gente de la Unidad (el PUSC), liderados por su jefe de fracción Alejandro Pacheco, tiró sobre la mesa una idea que es, básicamente, un “borrón y cuenta nueva”. La jugada consiste en usar un artículo medio olvidado del reglamento legislativo, el 234 bis, que les permitiría archivar el proyecto actual con todo y su filón de mociones, redactar un texto nuevo con los cambios más importantes ya incorporados y, lo más importante, crearle un procedimiento especial a la medida. ¿Qué significa eso? Que podrían ponerle un límite a la cantidad de mociones nuevas. ¡Un atajo en toda regla!
Esta no sería la primera vez que se hace algo así. La misma técnica se usó en el gobierno de Carlos Alvarado para pasar el famoso plan fiscal, así que ya hay un precedente. La idea parece que no cayó tan mal entre las otras bancadas. Hasta doña Pilar Cisneros, la jefa del oficialismo, dijo que la vara le sonaba "interesante" y que la estaban analizando. Claro, para que este reseteo se dé, necesitan conseguir una mayoría calificada de 38 votos, lo que significa que tienen que ponerse de acuerdo en serio, algo que a veces parece más difícil que ganarse la lotería.
Al final del día, la pregunta del millón es: ¿Esto es una jugada maestra de pragmatismo para por fin avanzar en un tema que lleva meses pegado, o es un portillo para brincarse la discusión democrática como se debe y pasar la ley “a la bulla”? Por un lado, se entiende que el entrabamiento actual es ridículo, pero por otro, limitar el debate en un proyecto tan polémico siempre genera un sinsabor. ¿Ustedes qué dicen, maes? ¿Se vale este ‘reseteo’ para desentrabar el Plenario o es pura maña para madrugar a la oposición? ¡Ahí se los dejo para el debate!