¡Ay, Dios mío! Quién diría que íbamos a revivir esto tan pronto. Parece que el COVID ya quedó atrás, pero los virus respiratorios no precisamente están pa’ mandar flores. Después de un par de años disfrutando del aire fresco sin taparnos la cara, varios hospitales de la Gran Área Metropolitana han tenido que volver a poner la mascarilla obligatoria. No es que nos guste, créeme, pero la situación se está poniendo un poquito turbia.
Estamos hablando del Hospital Rafael Ángel Calderón Guardia, el San Juan de Dios, y otros centros igualmente importantes. Todos, enfrentándose a un incremento notable en las consultas por afecciones respiratorias. Ya no es solo la gripa común; parece que hay un cóctel de virus dando vueltas, incluyendo algunos de esos que conocimos demasiado bien durante la pandemia. Un verdadero chinchorreo de bichitos malos, diay.
Según los profesionales de la salud, ahora mismo estamos circulando por ahí al menos cinco virus diferentes. Cinco, ¡imagínate! Eso aumenta considerablemente el riesgo de contagio, sobre todo en lugares donde hay mucha gente junta, como las salas de espera, las áreas de urgencias y las consultorios. Ni hablar de los pacientes que ya están delicados y tienen el sistema inmunitario en baja… Ahí sí que toca cuidarse.
Uno de los factores que está complicando la cosa es que la gente está llegando con síntomas bastante fechos: tos seca que te rompe los pulmones, dolores de garganta que parecen cuchillos, y fiebre que te derrite. Muchos, después de aguantar unos días pensando que era “solo una resaca”, terminan necesitando antibióticos o tratamientos más fuertes. Así que, mi consejo, mai, si te sientes fatal, no esperes a estar postrado en la cama, busca ayuda.
Pero ojo, no es que estemos declarando una emergencia sanitaria, ¿eh? Las autoridades quieren dejar claro que esto es una medida preventiva, temporal, y adaptable a cada hospital. Cada centro médico puede decidir cuándo y cómo aplicar la restricción, dependiendo del nivel de ocupación y de la circulación viral. Esto significa que quizás en tu barrio sí toque llevarla puesta y en otro no. Depende del brete.
Lo bueno de todo esto es que el llamado a la responsabilidad ciudadana está siendo fuerte. Te piden que respetes el uso de la mascarilla (aunque nadie quiera), que te laves las manos seguido, y que no vayas al hospital si tienes síntomas suaves que puedes manejar en casa. Mejor quédate tranquilo en la casita a tomar mate de plátano y ver si mejora, ¿no?
Ahora, hablando con algunas personas afuera de los hospitales, la reacción ha sido mixta. Algunos se quejan de tener que volver a taparse la boca, diciendo que ya estaban libres y cómodos. Otros, sin embargo, entienden la necesidad de la medida, especialmente aquellos con niños pequeños o familiares mayores. Es decir, hay de todo, como en la feria. Uno de los señores me dijo: 'Mae, prefiero llevarme la mascarilla antes de que mi nieto se ponga grave'. Y eso, mai, tiene toda la lógica del mundo.
En fin, la situación nos obliga a ser precavidos. Vamos a esperar que esto no se complique más y que podamos volver a la normalidad pronto. Pero mientras tanto, saquemos las mascarillas viejas del cajón, lávelas bien, y usemos el sentido común. ¿Ustedes creen que estas medidas preventivas serán suficientes para controlar el repunte de estos virus, o deberíamos esperar otras restricciones más estrictas? ¡Déjenme saber qué piensan!
Estamos hablando del Hospital Rafael Ángel Calderón Guardia, el San Juan de Dios, y otros centros igualmente importantes. Todos, enfrentándose a un incremento notable en las consultas por afecciones respiratorias. Ya no es solo la gripa común; parece que hay un cóctel de virus dando vueltas, incluyendo algunos de esos que conocimos demasiado bien durante la pandemia. Un verdadero chinchorreo de bichitos malos, diay.
Según los profesionales de la salud, ahora mismo estamos circulando por ahí al menos cinco virus diferentes. Cinco, ¡imagínate! Eso aumenta considerablemente el riesgo de contagio, sobre todo en lugares donde hay mucha gente junta, como las salas de espera, las áreas de urgencias y las consultorios. Ni hablar de los pacientes que ya están delicados y tienen el sistema inmunitario en baja… Ahí sí que toca cuidarse.
Uno de los factores que está complicando la cosa es que la gente está llegando con síntomas bastante fechos: tos seca que te rompe los pulmones, dolores de garganta que parecen cuchillos, y fiebre que te derrite. Muchos, después de aguantar unos días pensando que era “solo una resaca”, terminan necesitando antibióticos o tratamientos más fuertes. Así que, mi consejo, mai, si te sientes fatal, no esperes a estar postrado en la cama, busca ayuda.
Pero ojo, no es que estemos declarando una emergencia sanitaria, ¿eh? Las autoridades quieren dejar claro que esto es una medida preventiva, temporal, y adaptable a cada hospital. Cada centro médico puede decidir cuándo y cómo aplicar la restricción, dependiendo del nivel de ocupación y de la circulación viral. Esto significa que quizás en tu barrio sí toque llevarla puesta y en otro no. Depende del brete.
Lo bueno de todo esto es que el llamado a la responsabilidad ciudadana está siendo fuerte. Te piden que respetes el uso de la mascarilla (aunque nadie quiera), que te laves las manos seguido, y que no vayas al hospital si tienes síntomas suaves que puedes manejar en casa. Mejor quédate tranquilo en la casita a tomar mate de plátano y ver si mejora, ¿no?
Ahora, hablando con algunas personas afuera de los hospitales, la reacción ha sido mixta. Algunos se quejan de tener que volver a taparse la boca, diciendo que ya estaban libres y cómodos. Otros, sin embargo, entienden la necesidad de la medida, especialmente aquellos con niños pequeños o familiares mayores. Es decir, hay de todo, como en la feria. Uno de los señores me dijo: 'Mae, prefiero llevarme la mascarilla antes de que mi nieto se ponga grave'. Y eso, mai, tiene toda la lógica del mundo.
En fin, la situación nos obliga a ser precavidos. Vamos a esperar que esto no se complique más y que podamos volver a la normalidad pronto. Pero mientras tanto, saquemos las mascarillas viejas del cajón, lávelas bien, y usemos el sentido común. ¿Ustedes creen que estas medidas preventivas serán suficientes para controlar el repunte de estos virus, o deberíamos esperar otras restricciones más estrictas? ¡Déjenme saber qué piensan!