¡Ay, Dios mío! A poco les sorprende ya la cantidad de 'noticias' raras que vemos en Facebook y WhatsApp? Pues resulta que detrás de muchas de esas vainas turbias hay algo peor que un vecino chismoso: las llamadas 'granjas de troles'. Con las elecciones acercándose a toda velocidad, este brete se nos viene encima como tromba de plumas, y entenderlo es clave para no tragarnos cualquier cosa que nos tiren por internet.
Verán, la movida es así: hace tiempo que los políticos y otras figuras poderosas se dieron cuenta de que internet es un arma de doble filo. Pueden usarla para compartir información útil, claro, pero también para lavar pasajes, atacar a sus oponentes y hasta confundir al pueblo. De ahí nació la idea de crear estos centros de operaciones digitales, donde tienen gente pagada para publicar cosas en redes sociales, repetir consignas y hacer creer que hay un apoyo masivo a una idea o candidato cuando, en realidad, es pura mentira piña.
El nombre 'granja de troles' viene de esos perfiles falsos o semi-falsos que andan haciendo ruido en línea. Un 'trol', básicamente, es alguien que entra a comentar cosas para provocar, molestar o simplemente sembrar caos. Pero estas granjas son mucho más elaboradas: no es solo un mae sentado frente a la computadora escribiendo tonterías. Son equipos enteros, con jefes, estrategias, y hasta métricas para medir cuánto daño están causando. Imagínense la torta que eso se puede llegar a poner, ¡qué despiche!
Y ojo, porque no necesariamente están a favor de un candidato específico. A veces, el objetivo es simplemente desanimar a la gente a votar, plantar desconfianza en las instituciones, o hacer que todo parezca tan sucio y corrupto que nadie crea en nada. Como dicen algunos expertos, buscan “debilitar la confianza democrática”. ¡Imagínense! Que se gasten dineros chingones para hacernos sentir mal y renunciar a nuestro derecho a elegir… Eso sí que es jugar sucio, mae.
¿Pero cómo diablos funcionan estas granjas? Pues suelen usar perfiles falsos, cuentas automáticas (conocidas como ‘bots’), y hasta contratar personas que aparenten ser usuarios normales. Publican mensajes repetitivos, amplifican rumores, y atacan a quien se cruza en el camino. Lo más astuto es que se coordinan: no es un comentario aislado, sino una avalancha de mensajes similares que hacen que un tema parezca mucho más popular de lo que realmente es. Ese efecto, según Ariel Ramos, un profe de informática de la Universidad Fidélitas, puede hacer que la gente piense que hay una opinión dominante cuando, en realidad, es un puro invento.
Las plataformas de redes sociales han intentado implementar medidas para detectar y eliminar estos comportamientos, pero los creadores de granjas de troles siempre encuentran nuevas formas de evadir la vigilancia. Ahora, usan lenguaje natural, publican en diferentes horarios, interactúan entre perfiles y hasta crean identidades falsas con fotos y nombres reales para parecer más creíbles. ¡Es más complicado que encontrar parqueao’ en Escazú los viernes! Esto demuestra que la pelea contra la desinformación es constante y requiere mucha atención.
Entonces, ¿qué podemos hacer nosotros, los votantes de a pie, para protegernos de esta manipulación? Pues la respuesta es simple: ¡alfabetización digital a full! Hay que aprender a cuestionar la información que recibimos, verificar las fuentes, y tener una actitud crítica ante cualquier cosa que veamos en línea. Pregúntense: ¿Este perfil parece real? ¿El mismo mensaje se repite en varias cuentas? ¿Apela a nuestras emociones, o presenta datos comprobables? ¿Viene de una página confiable? Y si algo les huele raro, ¡investiguen! No se truen ningún cuento, mi pana.
Ahora bien, con todo esto que hemos hablado, me pregunto: ¿Creen que las autoridades deberían regular más estrictamente las granjas de troles, o sería mejor dejar que cada plataforma maneje el problema por su cuenta? ¿Y ustedes, cómo se protegen de la desinformación en redes sociales?
Verán, la movida es así: hace tiempo que los políticos y otras figuras poderosas se dieron cuenta de que internet es un arma de doble filo. Pueden usarla para compartir información útil, claro, pero también para lavar pasajes, atacar a sus oponentes y hasta confundir al pueblo. De ahí nació la idea de crear estos centros de operaciones digitales, donde tienen gente pagada para publicar cosas en redes sociales, repetir consignas y hacer creer que hay un apoyo masivo a una idea o candidato cuando, en realidad, es pura mentira piña.
El nombre 'granja de troles' viene de esos perfiles falsos o semi-falsos que andan haciendo ruido en línea. Un 'trol', básicamente, es alguien que entra a comentar cosas para provocar, molestar o simplemente sembrar caos. Pero estas granjas son mucho más elaboradas: no es solo un mae sentado frente a la computadora escribiendo tonterías. Son equipos enteros, con jefes, estrategias, y hasta métricas para medir cuánto daño están causando. Imagínense la torta que eso se puede llegar a poner, ¡qué despiche!
Y ojo, porque no necesariamente están a favor de un candidato específico. A veces, el objetivo es simplemente desanimar a la gente a votar, plantar desconfianza en las instituciones, o hacer que todo parezca tan sucio y corrupto que nadie crea en nada. Como dicen algunos expertos, buscan “debilitar la confianza democrática”. ¡Imagínense! Que se gasten dineros chingones para hacernos sentir mal y renunciar a nuestro derecho a elegir… Eso sí que es jugar sucio, mae.
¿Pero cómo diablos funcionan estas granjas? Pues suelen usar perfiles falsos, cuentas automáticas (conocidas como ‘bots’), y hasta contratar personas que aparenten ser usuarios normales. Publican mensajes repetitivos, amplifican rumores, y atacan a quien se cruza en el camino. Lo más astuto es que se coordinan: no es un comentario aislado, sino una avalancha de mensajes similares que hacen que un tema parezca mucho más popular de lo que realmente es. Ese efecto, según Ariel Ramos, un profe de informática de la Universidad Fidélitas, puede hacer que la gente piense que hay una opinión dominante cuando, en realidad, es un puro invento.
Las plataformas de redes sociales han intentado implementar medidas para detectar y eliminar estos comportamientos, pero los creadores de granjas de troles siempre encuentran nuevas formas de evadir la vigilancia. Ahora, usan lenguaje natural, publican en diferentes horarios, interactúan entre perfiles y hasta crean identidades falsas con fotos y nombres reales para parecer más creíbles. ¡Es más complicado que encontrar parqueao’ en Escazú los viernes! Esto demuestra que la pelea contra la desinformación es constante y requiere mucha atención.
Entonces, ¿qué podemos hacer nosotros, los votantes de a pie, para protegernos de esta manipulación? Pues la respuesta es simple: ¡alfabetización digital a full! Hay que aprender a cuestionar la información que recibimos, verificar las fuentes, y tener una actitud crítica ante cualquier cosa que veamos en línea. Pregúntense: ¿Este perfil parece real? ¿El mismo mensaje se repite en varias cuentas? ¿Apela a nuestras emociones, o presenta datos comprobables? ¿Viene de una página confiable? Y si algo les huele raro, ¡investiguen! No se truen ningún cuento, mi pana.
Ahora bien, con todo esto que hemos hablado, me pregunto: ¿Creen que las autoridades deberían regular más estrictamente las granjas de troles, o sería mejor dejar que cada plataforma maneje el problema por su cuenta? ¿Y ustedes, cómo se protegen de la desinformación en redes sociales?