Bueno, pues ahí va la jugada. Natalia Díaz, la candidata de Unidos Podemos, le dio bastante material a ‘El Observador’ en la última tanda de entrevistas rumbo al 2026. Dicen que el formato es pa’ sacarte de la zona de confort y, ¡tá madre!, parece que funcionó. Más allá de los discursos prefabricados, intentó mostrarle a la gente cómo piensa resolver los problemas del país, aunque todavía hay mucho maíz por asolar.
La seguridad, como era de esperarse, fue el tema que puso la mesa hirviendo. Díaz no anduvo con rodeos: dice que estamos viviendo una verdadera crisis, no solamente una impresión. Lo que propone es meterle orden a todo esto, coordinar bien los poderes – porque eso anda hecho un batiburrillo– y actuar directamente en las barriadas donde el descuido, la oscuridad y la falta de control ya le dieron paso al hampa. A ver si esta vez alguien realmente hace caso, porque estaríamos pidiendo un milagro si seguimos igual.
En cuanto a la economía, la candidata soltó que la Caja Costarricense no está quebrarona, pero sí necesita un buen ajuste. Urge ponerle orden administrativo y financiero, eso es cantinflesco. Rechaza cualquier aumento de impuestos – nadie quiere eso, obvio– y propone echarle un ojo más detallado al gasto público. También quiere revisarle la deuda interna y darle un empujón al turismo; con más promoción afuera y facilitándole el acceso a créditos a los que quieren emprender. Que le echen ganas, que agarren la vara por ambos extremos.
Lo interesante fue verla marcar distancia con el rollo de peleas constantes que hemos visto últimamente en la política. Se define como liberal y pragmática, buscando siempre el diálogo y el acuerdo. Dice que, aunque no tenga una bancada grandota en la Asamblea, va a tratar de hacer tratos y negociaciones para poder avanzar. Eso suena bien, pero en la realidad de este país, conseguir acuerdos puede ser más difícil que encontrar estacionamiento en Escazú un sábado.
Y aquí llegó Lenín Hernández, el invitado sorpresa. Trajo la conversación a terrenos más terrenales: el respeto y el tono en el debate público. Le hizo reflexionar sobre cómo nos hemos ido al traste perdiendo los modales y metiéndonos en peleas estériles. Díaz coincidió totalmente; dice que sin respeto y una conversación honesta, es complicado construir soluciones duraderas. Pa’ qué tanto discurso si al final terminamos gritándonos unos a otros.
Uno de los puntos que resaltó es la necesidad de revisar el gasto público. Ese brete es eterno, y parece que nunca llegamos a conclusiones firmes. Siempre hay proyectos inflados, contratos sospechosos y gastos innecesarios. Un buen recorte sería una bocanada de aire fresco para las finanzas públicas, pero convencer a todos los interesados no será tarea fácil. ¡Qué carga!
Ahora, hablando de turismo, la propuesta de darle más impulso internacional suena a chiva. Costa Rica tiene un potencial enorme, pero a veces parece que nos quedamos cortos en la promoción. Mejorar el acceso a crédito para los pequeños emprendedores también es crucial. Son ellos quienes generan empleo y dinamizan la economía local. Hay que apoyar a la gente que se fajala a pesar de todas las trabas.
En fin, Natalia Díaz dejó claro algunas ideas clave de su plataforma, pero queda la duda… ¿Será suficiente para romper con la polarización y lograr consensos en una Asamblea Legislativa tan dividida? ¿Cree usted que la política costarricense está lista para un cambio de actitud y dejar atrás el rollo de ataques personales y acusaciones infundadas, o seguiremos viendo la misma película año tras año?
La seguridad, como era de esperarse, fue el tema que puso la mesa hirviendo. Díaz no anduvo con rodeos: dice que estamos viviendo una verdadera crisis, no solamente una impresión. Lo que propone es meterle orden a todo esto, coordinar bien los poderes – porque eso anda hecho un batiburrillo– y actuar directamente en las barriadas donde el descuido, la oscuridad y la falta de control ya le dieron paso al hampa. A ver si esta vez alguien realmente hace caso, porque estaríamos pidiendo un milagro si seguimos igual.
En cuanto a la economía, la candidata soltó que la Caja Costarricense no está quebrarona, pero sí necesita un buen ajuste. Urge ponerle orden administrativo y financiero, eso es cantinflesco. Rechaza cualquier aumento de impuestos – nadie quiere eso, obvio– y propone echarle un ojo más detallado al gasto público. También quiere revisarle la deuda interna y darle un empujón al turismo; con más promoción afuera y facilitándole el acceso a créditos a los que quieren emprender. Que le echen ganas, que agarren la vara por ambos extremos.
Lo interesante fue verla marcar distancia con el rollo de peleas constantes que hemos visto últimamente en la política. Se define como liberal y pragmática, buscando siempre el diálogo y el acuerdo. Dice que, aunque no tenga una bancada grandota en la Asamblea, va a tratar de hacer tratos y negociaciones para poder avanzar. Eso suena bien, pero en la realidad de este país, conseguir acuerdos puede ser más difícil que encontrar estacionamiento en Escazú un sábado.
Y aquí llegó Lenín Hernández, el invitado sorpresa. Trajo la conversación a terrenos más terrenales: el respeto y el tono en el debate público. Le hizo reflexionar sobre cómo nos hemos ido al traste perdiendo los modales y metiéndonos en peleas estériles. Díaz coincidió totalmente; dice que sin respeto y una conversación honesta, es complicado construir soluciones duraderas. Pa’ qué tanto discurso si al final terminamos gritándonos unos a otros.
Uno de los puntos que resaltó es la necesidad de revisar el gasto público. Ese brete es eterno, y parece que nunca llegamos a conclusiones firmes. Siempre hay proyectos inflados, contratos sospechosos y gastos innecesarios. Un buen recorte sería una bocanada de aire fresco para las finanzas públicas, pero convencer a todos los interesados no será tarea fácil. ¡Qué carga!
Ahora, hablando de turismo, la propuesta de darle más impulso internacional suena a chiva. Costa Rica tiene un potencial enorme, pero a veces parece que nos quedamos cortos en la promoción. Mejorar el acceso a crédito para los pequeños emprendedores también es crucial. Son ellos quienes generan empleo y dinamizan la economía local. Hay que apoyar a la gente que se fajala a pesar de todas las trabas.
En fin, Natalia Díaz dejó claro algunas ideas clave de su plataforma, pero queda la duda… ¿Será suficiente para romper con la polarización y lograr consensos en una Asamblea Legislativa tan dividida? ¿Cree usted que la política costarricense está lista para un cambio de actitud y dejar atrás el rollo de ataques personales y acusaciones infundadas, o seguiremos viendo la misma película año tras año?