¡Ay, Dios mío! Se armó un pincho tremendo en Rohrmoser, amigos. Una señora falleció dentro de una clínica estética y ahora el OIJ está buscando qué onda con todo esto. La verdad, uno se queda pensando cómo es que pasa una cosa así, en medio del día, ¡qué sal!
Todo empezó el jueves pasado, dicen, allá por las seis de la tarde. Encontraron el cuerpo de una dama de 48 años, parece ser. El personal de la Sección de Inspecciones Oculares tuvo que hacer su trabajo y luego se llevó los restos a la morgue para darle el palo final, digo, la autopsia. Estos casos siempre te dejan con un nudo en la garganta, porque da gusto ver cómo hacemos las cosas por acá.
Según nos cuentan los judiciales –y vaya que han sido discretos hasta ahora–, todavía no saben bien qué le cayó a la señora. Esperan los resultados de la autopsia para poder decir qué onda realmente. Dicen que podrían ser causas médicas, pero nadie descarta nada, obviamente. Que no haya habido ninguna negligencia, ni nada raro, sería lo bueno, pero vamos, en estos tiempos… uno ya no sabe qué esperar, ¿verdad?
Por supuesto, el OIJ anda con toda la discreción del mundo. No quieren soltar prenda de lo que estaban haciendo en la clínica, ni quiénes estaban ahí. Dijo que el expediente está en investigación activa, y que cualquier cosita la van a ir avisando. Pero claro, nosotros sabemos que eso significa “aguante un rato, que estamos juntando todas las piezas”.
Esto, como era de esperarse, ha sacudido a to’a la gente del sector oeste. Imagínate, Rohrmoser está lleno de clínicas y spas de todo tipo. Ahora todos se preguntan si cumplen con todos los requisitos, si tienen el personal capacitado, si los productos que usan son seguros... ¡Qué carga! Uno va a querer hacerse un retoquito y termina en el peor aprieto.
Y es que, siendo honestos, a veces vemos unas ofertas tan baratas que uno piensa: ¿cómo hacen para ofrecer eso tan barato? Quizás ahí esté el problema, ¿no creen? Sacarle el pelo al negocio a costa de la seguridad de la gente nunca es buena idea. Deberían ponerle más lupa a estas cosas, ¡porfa!
Me acuerdo de cuando mi tía Lilian se hizo unos arreglitos en una clínica así. Al principio todo iba súper bien, pero luego empezó a tener unas reacciones extrañas en la piel. Menos mal que la atendieron rápido y no pasó a mayores. Pero te hace pensar, ¿no? Uno confía en estos lugares y terminas lamentándolo. Lo importante es investigar bien antes de meterse en cualquier brete.
En fin, esta tragedia nos deja varias preguntas flotando en el aire. ¿Cómo podemos asegurar que todos los centros estéticos cumplan con los estándares de seguridad necesarios? ¿Es suficiente la regulación actual, o necesitamos endurecerla? ¿Y qué responsabilidad tienen las autoridades sanitarias en supervisar estos establecimientos? Díganme, ¿ustedes se sentirían cómodos sometiéndose a algún tratamiento estético después de escuchar esta historia?
Todo empezó el jueves pasado, dicen, allá por las seis de la tarde. Encontraron el cuerpo de una dama de 48 años, parece ser. El personal de la Sección de Inspecciones Oculares tuvo que hacer su trabajo y luego se llevó los restos a la morgue para darle el palo final, digo, la autopsia. Estos casos siempre te dejan con un nudo en la garganta, porque da gusto ver cómo hacemos las cosas por acá.
Según nos cuentan los judiciales –y vaya que han sido discretos hasta ahora–, todavía no saben bien qué le cayó a la señora. Esperan los resultados de la autopsia para poder decir qué onda realmente. Dicen que podrían ser causas médicas, pero nadie descarta nada, obviamente. Que no haya habido ninguna negligencia, ni nada raro, sería lo bueno, pero vamos, en estos tiempos… uno ya no sabe qué esperar, ¿verdad?
Por supuesto, el OIJ anda con toda la discreción del mundo. No quieren soltar prenda de lo que estaban haciendo en la clínica, ni quiénes estaban ahí. Dijo que el expediente está en investigación activa, y que cualquier cosita la van a ir avisando. Pero claro, nosotros sabemos que eso significa “aguante un rato, que estamos juntando todas las piezas”.
Esto, como era de esperarse, ha sacudido a to’a la gente del sector oeste. Imagínate, Rohrmoser está lleno de clínicas y spas de todo tipo. Ahora todos se preguntan si cumplen con todos los requisitos, si tienen el personal capacitado, si los productos que usan son seguros... ¡Qué carga! Uno va a querer hacerse un retoquito y termina en el peor aprieto.
Y es que, siendo honestos, a veces vemos unas ofertas tan baratas que uno piensa: ¿cómo hacen para ofrecer eso tan barato? Quizás ahí esté el problema, ¿no creen? Sacarle el pelo al negocio a costa de la seguridad de la gente nunca es buena idea. Deberían ponerle más lupa a estas cosas, ¡porfa!
Me acuerdo de cuando mi tía Lilian se hizo unos arreglitos en una clínica así. Al principio todo iba súper bien, pero luego empezó a tener unas reacciones extrañas en la piel. Menos mal que la atendieron rápido y no pasó a mayores. Pero te hace pensar, ¿no? Uno confía en estos lugares y terminas lamentándolo. Lo importante es investigar bien antes de meterse en cualquier brete.
En fin, esta tragedia nos deja varias preguntas flotando en el aire. ¿Cómo podemos asegurar que todos los centros estéticos cumplan con los estándares de seguridad necesarios? ¿Es suficiente la regulación actual, o necesitamos endurecerla? ¿Y qué responsabilidad tienen las autoridades sanitarias en supervisar estos establecimientos? Díganme, ¿ustedes se sentirían cómodos sometiéndose a algún tratamiento estético después de escuchar esta historia?