¡Ay, patético! Dieciséis meses ha tenido el Conavi para arreglar la rotonda de Hacienda Vieja y seguimos con la misma… o peor. Ya saben, esa rotonda que parecía prometedora, un símbolo de progreso en Curridabat, ahora es más bien un laberinto confuso y, encima, ¡peligroso! El reporte del Lanamme pinta feo, muy feo, y nosotros fuimos a comprobarlo con nuestros propios ojos. Parece que alguien se jaló una torta grande con este proyecto.
Según el diagnóstico oficial de la UCR, la falta de señalización es el problema principal. Desde lejos, uno llega sin saber qué hacer, a dónde ir, si va a chocar con el de atrás o con el de enfrente. Y ni hablar de la falta de señales de velocidad; pura demarcación en la calle, como si eso fuera suficiente para mantener a los carros tranquilos. Es un brete tratar de entender el flujo vehicular ahí, y eso sin entrar en materia de peatones. El asunto es grave, créanme.
Pero, ¿qué es lo que realmente preocupa? Que los conductores, desesperados por encontrarle la vuelta, se están inventando sus propias reglas. Vimos a varios haciendo giros a la izquierda prohibidos hacia Tirrases, aprovechando cualquier espacio. Y ahí es donde entra el peligro, porque uno nunca sabe quién va a aparecer de repente. Los señores del Conavi dicen que conocen el problema, claro que sí, pero mientras tanto, la gente sigue arriesgándose. Parece que la seguridad vial no es prioridad, diay.
Además de la señalización vertical inexistente, la horizontal tampoco anda muy bien. Una mezcla rara de pintura vieja y nueva que confunde más que ayuda. Uno quiere pasar derecho, pero no sabe si está pisando la línea correcta. ¿Será que contrataron a un pintor medio salado para este trabajo?
Y no olvidemos a los peatones. Aceras estrechas, a veces apenas suficientes para caminar, y losas pododáctiles incompletas. ¡Qué torta! Los pobres tienen que zigzaguear entre los carros para poder cruzar la calle. Vimos a familias con niños pequeños tratando de pasar con cuidado, rezándole a Diosito para que nadie les haga cosquillas. Es una vergüenza, sin exagerar.
Según el diagnóstico oficial de la UCR, la falta de señalización es el problema principal. Desde lejos, uno llega sin saber qué hacer, a dónde ir, si va a chocar con el de atrás o con el de enfrente. Y ni hablar de la falta de señales de velocidad; pura demarcación en la calle, como si eso fuera suficiente para mantener a los carros tranquilos. Es un brete tratar de entender el flujo vehicular ahí, y eso sin entrar en materia de peatones. El asunto es grave, créanme.
Pero, ¿qué es lo que realmente preocupa? Que los conductores, desesperados por encontrarle la vuelta, se están inventando sus propias reglas. Vimos a varios haciendo giros a la izquierda prohibidos hacia Tirrases, aprovechando cualquier espacio. Y ahí es donde entra el peligro, porque uno nunca sabe quién va a aparecer de repente. Los señores del Conavi dicen que conocen el problema, claro que sí, pero mientras tanto, la gente sigue arriesgándose. Parece que la seguridad vial no es prioridad, diay.
Además de la señalización vertical inexistente, la horizontal tampoco anda muy bien. Una mezcla rara de pintura vieja y nueva que confunde más que ayuda. Uno quiere pasar derecho, pero no sabe si está pisando la línea correcta. ¿Será que contrataron a un pintor medio salado para este trabajo?
Y no olvidemos a los peatones. Aceras estrechas, a veces apenas suficientes para caminar, y losas pododáctiles incompletas. ¡Qué torta! Los pobres tienen que zigzaguear entre los carros para poder cruzar la calle. Vimos a familias con niños pequeños tratando de pasar con cuidado, rezándole a Diosito para que nadie les haga cosquillas. Es una vergüenza, sin exagerar.