¡Ay, Dios mío! La CCSS está más cargada que mula con banano. Las listas de espera son un rollo monumental, y a los pacientes ya les está saliendo canas verdes esperando citas y cirugías. Parece mentira que estamos en el siglo XXI y todavía batallamos con esto, ¿verdad?
Como bien saben todos los quiteños, la Caja ha estado arrastrando problemas financieros, administrativos y hasta de personal desde hace rato. La falta de especialistas, los casos de “salomones” que dejan a los pacientes en la friend zone, y el poquito cariño que le han puesto algunos gestores a la institución, todo eso ha hecho que la situación se ponga peor. Los ciudadanos, hartos de esperar, exigen soluciones y quieren ver resultados, y rápido.
Y ahí es donde entran los candidatos presidenciales. Organizaciones de la sociedad civil los pusieron contra la pared, invitándolos a firmar un compromiso para salvar la CCSS y asegurar que todos los costarricenses tengamos acceso a una atención médica digna y oportuna. De esos 20 invitados, solo seis se presentaron a la reunión, parece que a muchos les dio ley mordida, ¿qué les preocupa tanto?
Álvaro Ramos dice que la solución está en echarle más horas, pura gallera. Propone ampliar los turnos vespertinos en los hospitales, aprovechando la infraestructura que ya tenemos. Además, quiere poner orden en las finanzas con un nuevo sistema ERP-SAP, porque, según él, la CCSS tiene pa’ gastar, solo necesita que alguien le ponga cabeza. Pero vaya, ¿será que esto no es solo darle una patada al costal?
Ariel Robles, con su labia, nos recordó que la credibilidad se gana con hechos, no con promesas vacías. Critica a los políticos que se juran amor eterno a la CCSS pero luego se olvidan de ella cuando llegan al poder. Él, con cara de pocos amigos, afirma que algunas decisiones pasadas sí le pegaron duro a la Caja, y ahora toca reponerla. ¡Qué vara!
Claudia Dobles va por otro lado, prometiendo una relación de trabajo “cercana y respetuosa” con la Caja. Quiere pagar la deuda del Estado, claro, porque eso siempre suena lindo en campaña, y también impulsar nuevas construcciones de EBAIS y hospitales. Un buen empujoncito a la inversión, dicen… ¿pero quién va a financiar todo eso?
Ana Virginia Calzada, con su estilo directo, apunta a resolver la deuda del Estado y eliminar las listas de espera en cuatro años. Aquí viene lo interesante: quiere usar inteligencia artificial para depurar citas y evitar los abusos. ¡Un chunche moderno para solucionar un problema ancestral! Que si hay algoritmos que puedan distinguir a un paciente de emergencia real de uno que simplemente quiere saltarse la fila... sería revolucionario.
Fernando Zamora tiene una idea ambiciosa: crear más de 300 nuevos EBAIS. Dice que ya están presupuestados y que tienen sostenibilidad financiera, ¡eso espero! Él cree que fortalecer la atención primaria es la clave para aliviar la presión en los hospitales. Y Claudio Alpízar, fiel a su estilo participativo, quiere fortalecer la voz de los ciudadanos en la toma de decisiones de la Caja. Su propuesta es empoderar a los representantes ciudadanos dentro del Consejo Ejecutivo, para que puedan influir en las políticas públicas. ¿Será suficiente para cambiar la dinámica actual? En fin, todas estas propuestas son interesantes, pero la gran pregunta es: ¿Cuál de estos planes realmente desenredará el brete de la CCSS y nos devolverá la fe en nuestro sistema de salud? ¿Ustedes creen que alguno de estos candidatos tiene la llave para solucionar este problema tan apremiante, o estamos condenados a seguir esperando eternamente?
Como bien saben todos los quiteños, la Caja ha estado arrastrando problemas financieros, administrativos y hasta de personal desde hace rato. La falta de especialistas, los casos de “salomones” que dejan a los pacientes en la friend zone, y el poquito cariño que le han puesto algunos gestores a la institución, todo eso ha hecho que la situación se ponga peor. Los ciudadanos, hartos de esperar, exigen soluciones y quieren ver resultados, y rápido.
Y ahí es donde entran los candidatos presidenciales. Organizaciones de la sociedad civil los pusieron contra la pared, invitándolos a firmar un compromiso para salvar la CCSS y asegurar que todos los costarricenses tengamos acceso a una atención médica digna y oportuna. De esos 20 invitados, solo seis se presentaron a la reunión, parece que a muchos les dio ley mordida, ¿qué les preocupa tanto?
Álvaro Ramos dice que la solución está en echarle más horas, pura gallera. Propone ampliar los turnos vespertinos en los hospitales, aprovechando la infraestructura que ya tenemos. Además, quiere poner orden en las finanzas con un nuevo sistema ERP-SAP, porque, según él, la CCSS tiene pa’ gastar, solo necesita que alguien le ponga cabeza. Pero vaya, ¿será que esto no es solo darle una patada al costal?
Ariel Robles, con su labia, nos recordó que la credibilidad se gana con hechos, no con promesas vacías. Critica a los políticos que se juran amor eterno a la CCSS pero luego se olvidan de ella cuando llegan al poder. Él, con cara de pocos amigos, afirma que algunas decisiones pasadas sí le pegaron duro a la Caja, y ahora toca reponerla. ¡Qué vara!
Claudia Dobles va por otro lado, prometiendo una relación de trabajo “cercana y respetuosa” con la Caja. Quiere pagar la deuda del Estado, claro, porque eso siempre suena lindo en campaña, y también impulsar nuevas construcciones de EBAIS y hospitales. Un buen empujoncito a la inversión, dicen… ¿pero quién va a financiar todo eso?
Ana Virginia Calzada, con su estilo directo, apunta a resolver la deuda del Estado y eliminar las listas de espera en cuatro años. Aquí viene lo interesante: quiere usar inteligencia artificial para depurar citas y evitar los abusos. ¡Un chunche moderno para solucionar un problema ancestral! Que si hay algoritmos que puedan distinguir a un paciente de emergencia real de uno que simplemente quiere saltarse la fila... sería revolucionario.
Fernando Zamora tiene una idea ambiciosa: crear más de 300 nuevos EBAIS. Dice que ya están presupuestados y que tienen sostenibilidad financiera, ¡eso espero! Él cree que fortalecer la atención primaria es la clave para aliviar la presión en los hospitales. Y Claudio Alpízar, fiel a su estilo participativo, quiere fortalecer la voz de los ciudadanos en la toma de decisiones de la Caja. Su propuesta es empoderar a los representantes ciudadanos dentro del Consejo Ejecutivo, para que puedan influir en las políticas públicas. ¿Será suficiente para cambiar la dinámica actual? En fin, todas estas propuestas son interesantes, pero la gran pregunta es: ¿Cuál de estos planes realmente desenredará el brete de la CCSS y nos devolverá la fe en nuestro sistema de salud? ¿Ustedes creen que alguno de estos candidatos tiene la llave para solucionar este problema tan apremiante, o estamos condenados a seguir esperando eternamente?