Diay, maes, parece que la famosa frase de "no hay quinto malo" también aplica para la justicia, porque acaba de caer el quinto extraditable que la DEA tenía en la mira. La fiesta se le acabó a Jordie Picado Grijalba, mejor conocido en el bajo mundo como “Noni”, a quien el OIJ le puso las esposas en Limón. Y no fue una casualidad; esto fue un operativo en toda regla, coordinado directamente con los gringos, que le venían siguiendo la pista desde hace rato. La vara es que “Noni” no era un jugador de segunda división; las autoridades lo señalan como una pieza clave en las estructuras que mueven cocaína a lo grande hacia Estados Unidos y Europa desde nuestro Caribe.
Lo que pone esta captura en otro nivel es el árbol genealógico del crimen. Resulta que “Noni” es hermano de Luis Manuel Picado, alias “Shock”, otro pez gordo que fue pescado hace unos meses nada más y nada menos que en Londres. ¡Qué nivel de brete el que se están mandando el OIJ y la DEA! Esta yunta está demostrando que las fronteras se quedan cortas cuando se trata de desarmar estos negocios familiares. De hecho, la cooperación es tan buena que hasta el fiscal de Distrito de Dallas, Texas, se vino a dar la vuelta por Tiquicia para felicitar personalmente a nuestros agentes. Eso no es paja, eso es un espaldarazo que demuestra que el brete de inteligencia se está haciendo bien.
Y hablando de Limón, las autoridades no se andan por las ramas. Una fuente judicial soltó una frase que es oro puro: “Seguimos con la escoba que sí barre en Limón”. ¡Pura vida! Ya era hora. Por años, hemos visto cómo el Caribe se convierte en una bodega y un trampolín para el narco, y la gente honesta es la que paga los platos rotos con la violencia y la inseguridad. Este golpe, sumado a los otros cuatro extraditables que ya van camino a enfrentar la justicia gringa, manda un mensaje clarísimo: Costa Rica dejó de ser el paraíso tranquilo para los capos. La paciencia se acabó y la escoba, parece, tiene buenas cerdas.
Pero aquí es donde la cosa se pone color de hormiga. Los que saben de seguridad siempre lo advierten: cuando cae un cabecilla, se abre un vacío de poder. Es como quitar al león alfa de la manada; las hienas que estaban esperando su turno empiezan a pelear por el trono, y esas peleas no son con flores. Suelen ser a punta de bala en plena calle. Así que, aunque celebremos que un presunto narco de alto perfil esté fuera de circulación, esto probablemente signifique más brete y más riesgo para la Fuerza Pública, que tendrá que ponerle el pecho a los reacomodos violentos que casi siempre vienen después de una captura de este calibre.
Al final, es una noticia con dos caras. Por un lado, un éxito innegable de la cooperación internacional y un respiro en la lucha contra el crimen organizado. Por otro, la advertencia de que la bronca en las calles de Limón podría intensificarse. Es una victoria estratégica, sin duda, pero que nos obliga a no bajar la guardia. La captura de “Noni” no es el final del partido, es apenas un cambio de jugadores en una mejenga que está lejos de terminar.
La pregunta del millón, gente: ¿Creen que estos megaoperativos son la solución de fondo para la bronca en Limón, o es como quitarle una cabeza a la Hidra para que le salgan dos más? ¿Qué más se puede hacer? Los leo.
Lo que pone esta captura en otro nivel es el árbol genealógico del crimen. Resulta que “Noni” es hermano de Luis Manuel Picado, alias “Shock”, otro pez gordo que fue pescado hace unos meses nada más y nada menos que en Londres. ¡Qué nivel de brete el que se están mandando el OIJ y la DEA! Esta yunta está demostrando que las fronteras se quedan cortas cuando se trata de desarmar estos negocios familiares. De hecho, la cooperación es tan buena que hasta el fiscal de Distrito de Dallas, Texas, se vino a dar la vuelta por Tiquicia para felicitar personalmente a nuestros agentes. Eso no es paja, eso es un espaldarazo que demuestra que el brete de inteligencia se está haciendo bien.
Y hablando de Limón, las autoridades no se andan por las ramas. Una fuente judicial soltó una frase que es oro puro: “Seguimos con la escoba que sí barre en Limón”. ¡Pura vida! Ya era hora. Por años, hemos visto cómo el Caribe se convierte en una bodega y un trampolín para el narco, y la gente honesta es la que paga los platos rotos con la violencia y la inseguridad. Este golpe, sumado a los otros cuatro extraditables que ya van camino a enfrentar la justicia gringa, manda un mensaje clarísimo: Costa Rica dejó de ser el paraíso tranquilo para los capos. La paciencia se acabó y la escoba, parece, tiene buenas cerdas.
Pero aquí es donde la cosa se pone color de hormiga. Los que saben de seguridad siempre lo advierten: cuando cae un cabecilla, se abre un vacío de poder. Es como quitar al león alfa de la manada; las hienas que estaban esperando su turno empiezan a pelear por el trono, y esas peleas no son con flores. Suelen ser a punta de bala en plena calle. Así que, aunque celebremos que un presunto narco de alto perfil esté fuera de circulación, esto probablemente signifique más brete y más riesgo para la Fuerza Pública, que tendrá que ponerle el pecho a los reacomodos violentos que casi siempre vienen después de una captura de este calibre.
Al final, es una noticia con dos caras. Por un lado, un éxito innegable de la cooperación internacional y un respiro en la lucha contra el crimen organizado. Por otro, la advertencia de que la bronca en las calles de Limón podría intensificarse. Es una victoria estratégica, sin duda, pero que nos obliga a no bajar la guardia. La captura de “Noni” no es el final del partido, es apenas un cambio de jugadores en una mejenga que está lejos de terminar.
La pregunta del millón, gente: ¿Creen que estos megaoperativos son la solución de fondo para la bronca en Limón, o es como quitarle una cabeza a la Hidra para que le salgan dos más? ¿Qué más se puede hacer? Los leo.