¡Pero qué vaina, pura gente! El presidente Nayib Bukele viene pa’l carreto a Costa Rica, y no precisamente a tomarse un café con chispa. Resulta que el señorito Chaves, nuestro presidente, le abrió las puertas para que venga a echarle ojo al proyecto de la megacárcel. Un temblor sísmico en el panorama político, vamos.
La jugada es clara: Costa Rica, buscando apañar el tema de la inseguridad que nos tiene a todos con el corazón en la boca, mira hacia El Salvador y su modelo, digamos, “radical”. Después de años de debates sobre cómo combatir el narcotráfico y la delincuencia organizada, parece que algunos quieren probar un camino diferente, uno que huele a canícula y leyes durísimas. Veremos si esto realmente funciona, porque hasta ahora, las soluciones fáciles siempre terminan saliendo caras.
Según cuentan los que saben, Bukele va a recorrer el terrenito donde van a levantar la cárcel, que ni una maqueta, ¡una verdadera mole! Quiere darle sus consejos, compartir su experiencia... ojalá que no nos venda humo. Porque a ver, nosotros somos tranquilos, pero tampoco queremos caer en trampas que nos quiten las libertades o generen más problemas de los que tenemos ahorita.
Y no solo eso, parece que va a haber una reunión bilateral con Don Rodri. Temas de conversación: cooperación regional, seguridad, control penitenciario… básicamente, todo lo que tenga que ver con tratar de ponerle candado a la delincuencia. Algunos dentro del gobierno dicen que esto es un respaldo, una muestra de apoyo a las medidas que están tomando. Otros, bueno, otros fruncen el ceño pensando en los derechos humanos y en el costo fiscal de todo este brete.
Pilar Cisneros, la jefa de fracción oficialista, no se anduvo con rodeos: “Bukele va a estar presente en la colocación de la primera piedra”. ¡Puajj!, directo al grano. Esto marca un hito, señores. Formalmente se inicia el proyecto, con toda la pompa y circunstancia. Pero la pregunta es: ¿Estamos listos para semejante cambio? ¿Es este realmente el camino que queremos para Costa Rica?
Ahora bien, analizando la movida, hay quienes ven en esto una oportunidad para modernizar nuestro sistema penitenciario y combatir frontalmente el crimen. Quieren aprender de los errores ajenos y aplicar soluciones innovadoras. Pero también hay críticos que advierten sobre los riesgos de copiar modelos autoritarios y sacrificar garantías fundamentales en aras de la seguridad. A fin de cuentas, la libertad es un tesoro que no debemos perder por miedo a la delincuencia.
La visita de Bukele ha abierto un debate encendido en las redes sociales y en los medios de comunicación. Hay quien dice que es un crack, que nos va a salvar de la mara; otros, que es un dictador disfrazado y que nos va a meter en un lío peor. Como sea, la polémica está servida y no creo que se calme pronto. Ahora el tema es si nuestros representantes políticos tienen la madurez suficiente para tomar decisiones responsables, pensando en el bienestar de todos los costarricenses y no en sus propios intereses.
El futuro de la seguridad en Costa Rica pende de un hilo, y esta visita podría ser el punto de inflexión. Con la llegada de Bukele y la puesta en marcha de la megacárcel, estamos entrando en un nuevo capítulo de nuestra historia. Pero me pregunto, mis queridos lectores: ¿Realmente creen que una prisión gigante es la solución mágica a nuestros problemas de seguridad? ¿O deberíamos enfocarnos en atacar las causas profundas de la delincuencia, como la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades?
La jugada es clara: Costa Rica, buscando apañar el tema de la inseguridad que nos tiene a todos con el corazón en la boca, mira hacia El Salvador y su modelo, digamos, “radical”. Después de años de debates sobre cómo combatir el narcotráfico y la delincuencia organizada, parece que algunos quieren probar un camino diferente, uno que huele a canícula y leyes durísimas. Veremos si esto realmente funciona, porque hasta ahora, las soluciones fáciles siempre terminan saliendo caras.
Según cuentan los que saben, Bukele va a recorrer el terrenito donde van a levantar la cárcel, que ni una maqueta, ¡una verdadera mole! Quiere darle sus consejos, compartir su experiencia... ojalá que no nos venda humo. Porque a ver, nosotros somos tranquilos, pero tampoco queremos caer en trampas que nos quiten las libertades o generen más problemas de los que tenemos ahorita.
Y no solo eso, parece que va a haber una reunión bilateral con Don Rodri. Temas de conversación: cooperación regional, seguridad, control penitenciario… básicamente, todo lo que tenga que ver con tratar de ponerle candado a la delincuencia. Algunos dentro del gobierno dicen que esto es un respaldo, una muestra de apoyo a las medidas que están tomando. Otros, bueno, otros fruncen el ceño pensando en los derechos humanos y en el costo fiscal de todo este brete.
Pilar Cisneros, la jefa de fracción oficialista, no se anduvo con rodeos: “Bukele va a estar presente en la colocación de la primera piedra”. ¡Puajj!, directo al grano. Esto marca un hito, señores. Formalmente se inicia el proyecto, con toda la pompa y circunstancia. Pero la pregunta es: ¿Estamos listos para semejante cambio? ¿Es este realmente el camino que queremos para Costa Rica?
Ahora bien, analizando la movida, hay quienes ven en esto una oportunidad para modernizar nuestro sistema penitenciario y combatir frontalmente el crimen. Quieren aprender de los errores ajenos y aplicar soluciones innovadoras. Pero también hay críticos que advierten sobre los riesgos de copiar modelos autoritarios y sacrificar garantías fundamentales en aras de la seguridad. A fin de cuentas, la libertad es un tesoro que no debemos perder por miedo a la delincuencia.
La visita de Bukele ha abierto un debate encendido en las redes sociales y en los medios de comunicación. Hay quien dice que es un crack, que nos va a salvar de la mara; otros, que es un dictador disfrazado y que nos va a meter en un lío peor. Como sea, la polémica está servida y no creo que se calme pronto. Ahora el tema es si nuestros representantes políticos tienen la madurez suficiente para tomar decisiones responsables, pensando en el bienestar de todos los costarricenses y no en sus propios intereses.
El futuro de la seguridad en Costa Rica pende de un hilo, y esta visita podría ser el punto de inflexión. Con la llegada de Bukele y la puesta en marcha de la megacárcel, estamos entrando en un nuevo capítulo de nuestra historia. Pero me pregunto, mis queridos lectores: ¿Realmente creen que una prisión gigante es la solución mágica a nuestros problemas de seguridad? ¿O deberíamos enfocarnos en atacar las causas profundas de la delincuencia, como la pobreza, la desigualdad y la falta de oportunidades?