La neblina seguía espesa sobre Peñas Blancas de Osa este fin de semana, reflejo de la angustia que embargaba a la comunidad y a los equipos de rescate. Ya van cuatro días desde que una embarcación zarpó rumbo al diay, y Ashley Rojas, una jovencita de apenas 16 años, desapareció en las aguas del Golfo Dulce durante un desafortunado accidente. La situación, francamente, es de tortilla, y cada hora que pasa hace que la esperanza disminuya.
Todo comenzó el martes pasado, cuando un grupo familiar –la propia Ashley, su madre, su hermano de 14 años, su abuela, una tía y un primo de cinco años– se aventuró en una excursión náutica desde Progreso de Cajón de Buenos Aires. Según las primeras investigaciones, el bote sufrió una avería repentina cerca de Los Mogos en Puerto Jiménez, terminando volcando. El panorama, sin lugar a dudas, era caótico; una escena que pocos podrán olvidar, especialmente aquellos que presenciaron el horror.
De los seis ocupantes, cinco lograron aferrarse a restos flotantes hasta que llegaron los equipos de rescate de la Cruz Roja Costarricense. Fueron trasladados al Hospital Tomás Casas, donde recibieron atención médica. Pero Ashley, ay, Ashley... Las últimas palabras que escuchó su madre, grabadas a fuego en su memoria, fueron un grito desgarrador: “¡Ya no tengo fuerzas!”. Un lamento que ha estremecido a toda la provincia de Puntarenas.
Las operaciones de búsqueda continúan sin descanso. Helicópteros sobrevuelan la zona, mientras que lanchas patrullan la costa y buzos exploran el lecho marino en busca de alguna señal. Steven Umaña, el coordinador operativo regional de la Cruz Roja, nos comentaba ayer que han movilizado todos los recursos disponibles. "Estamos trabajando a tope, día y noche. No vamos a dejar de buscarla", aseguró con rostro preocupado. La verdad, brother, se siente la tensión en el aire.
Más allá de la búsqueda inmediata, empiezan a surgir preguntas sobre la seguridad de las embarcaciones que operan en la zona. Vecinos de la comunidad aseguran que muchas veces se ven botes en condiciones precarias, sobrecargados y sin el equipamiento de seguridad adecuado. Existe la preocupación de que este tipo de prácticas puedan haber contribuido al fatal desenlace. Claro que investigar esto llevará su tiempo, pero es crucial para evitar que tragedias similares se repitan.
La familia de Ashley, visiblemente afectada, ha agradecido públicamente el apoyo recibido por parte de la comunidad y de los equipos de rescate. Han pedido a cualquier persona que tenga información que pueda ayudar a encontrarla que se comunique con las autoridades. Se nota que el dolor es profundo, una pena que cala hondo en el corazón de todos los que conocemos la historia. Que les den fuerza, porque esto es duro, bien duro.
Este incidente ha puesto nuevamente el foco en la importancia de la prevención y la regulación en actividades acuáticas. Es fundamental que las autoridades fortalezcan los controles y aseguren que todas las embarcaciones cumplan con los estándares de seguridad necesarios. También es importante que los turistas y residentes tomen conciencia de los riesgos asociados a estas actividades y extremen las precauciones. Porque al final, nadie quiere vivir un susto así, ni mucho menos perder a un ser querido. Sería bueno revisar todo el tema de permisos y seguros de estos botes, sinceramente.
Con el pasar de las horas y sin noticias definitivas, la incertidumbre crece. ¿Qué medidas se deberían tomar para mejorar la seguridad en las actividades turísticas en zonas costeras como Osa? ¿Es suficiente la supervisión actual o necesitamos regulaciones más estrictas y fiscalización más efectiva? Les pregunto, compas: ¿qué opinan ustedes sobre cómo podemos prevenir futuras tragedias como ésta y brindar mayor tranquilidad a quienes disfrutan de nuestros hermosos paisajes?
Todo comenzó el martes pasado, cuando un grupo familiar –la propia Ashley, su madre, su hermano de 14 años, su abuela, una tía y un primo de cinco años– se aventuró en una excursión náutica desde Progreso de Cajón de Buenos Aires. Según las primeras investigaciones, el bote sufrió una avería repentina cerca de Los Mogos en Puerto Jiménez, terminando volcando. El panorama, sin lugar a dudas, era caótico; una escena que pocos podrán olvidar, especialmente aquellos que presenciaron el horror.
De los seis ocupantes, cinco lograron aferrarse a restos flotantes hasta que llegaron los equipos de rescate de la Cruz Roja Costarricense. Fueron trasladados al Hospital Tomás Casas, donde recibieron atención médica. Pero Ashley, ay, Ashley... Las últimas palabras que escuchó su madre, grabadas a fuego en su memoria, fueron un grito desgarrador: “¡Ya no tengo fuerzas!”. Un lamento que ha estremecido a toda la provincia de Puntarenas.
Las operaciones de búsqueda continúan sin descanso. Helicópteros sobrevuelan la zona, mientras que lanchas patrullan la costa y buzos exploran el lecho marino en busca de alguna señal. Steven Umaña, el coordinador operativo regional de la Cruz Roja, nos comentaba ayer que han movilizado todos los recursos disponibles. "Estamos trabajando a tope, día y noche. No vamos a dejar de buscarla", aseguró con rostro preocupado. La verdad, brother, se siente la tensión en el aire.
Más allá de la búsqueda inmediata, empiezan a surgir preguntas sobre la seguridad de las embarcaciones que operan en la zona. Vecinos de la comunidad aseguran que muchas veces se ven botes en condiciones precarias, sobrecargados y sin el equipamiento de seguridad adecuado. Existe la preocupación de que este tipo de prácticas puedan haber contribuido al fatal desenlace. Claro que investigar esto llevará su tiempo, pero es crucial para evitar que tragedias similares se repitan.
La familia de Ashley, visiblemente afectada, ha agradecido públicamente el apoyo recibido por parte de la comunidad y de los equipos de rescate. Han pedido a cualquier persona que tenga información que pueda ayudar a encontrarla que se comunique con las autoridades. Se nota que el dolor es profundo, una pena que cala hondo en el corazón de todos los que conocemos la historia. Que les den fuerza, porque esto es duro, bien duro.
Este incidente ha puesto nuevamente el foco en la importancia de la prevención y la regulación en actividades acuáticas. Es fundamental que las autoridades fortalezcan los controles y aseguren que todas las embarcaciones cumplan con los estándares de seguridad necesarios. También es importante que los turistas y residentes tomen conciencia de los riesgos asociados a estas actividades y extremen las precauciones. Porque al final, nadie quiere vivir un susto así, ni mucho menos perder a un ser querido. Sería bueno revisar todo el tema de permisos y seguros de estos botes, sinceramente.
Con el pasar de las horas y sin noticias definitivas, la incertidumbre crece. ¿Qué medidas se deberían tomar para mejorar la seguridad en las actividades turísticas en zonas costeras como Osa? ¿Es suficiente la supervisión actual o necesitamos regulaciones más estrictas y fiscalización más efectiva? Les pregunto, compas: ¿qué opinan ustedes sobre cómo podemos prevenir futuras tragedias como ésta y brindar mayor tranquilidad a quienes disfrutan de nuestros hermosos paisajes?