Maes, honestamente, cuando uno piensa en la Cámara de Comercio, se imagina a un montón de señores de corbata hablando de números, importaciones y el tipo de cambio. Pero parece que la cosa está tan, pero tan salada, que hasta a ellos ya les llegó el agua al cuello con un tema que debería ser nuestra principal bandera: la educación. Acaba de salir el Décimo Informe Estado de la Educación y, para no cansar con el cuento, confirma lo que ya todos sospechábamos en el fondo: el sistema educativo tico es un despiche estructural y vamos en picada hacia una "generación perdida". Y ahora, los que ponen el brete están oficialmente asustados.
Diay, ¿y por qué el alboroto de los empresarios? Sencillo: no hay gente para el brete. Y no hablamos de bretes de la NASA. La Cámara lo dice clarito: la falta de competencias básicas está matando la capacidad de las empresas para crecer. O sea, los güilas están saliendo del cole (los que logran salir) sin las herramientas mínimas para pulsearla. Esto no es solo un "qué lástima", es un balazo en el pie para la economía. Las empresas de afuera que vienen a invertir no lo hacen porque la bandera de Costa Rica sea bonita; vienen porque aquí (supuestamente) hay talento. Si ese talento se nos va al traste, adiós inversión, adiós empleos de calidad y hola, más problemas.
La Cámara le pone nombre y apellido al monstruo: el famoso "apagón educativo" que nos comimos entre 2018 y 2022. Empezó con las huelgas eternas y luego la pandemia le echó el último clavo al ataúd. Cuatro años tirados a la basura que hoy estamos pagando con intereses altísimos. El presidente de la Cámara, un mae llamado Arturo Rosabal, lo dijo casi que suplicando: necesitamos talento humano para que el país camine. Sin eso, la carreta no avanza, por más que la empujen. Es una lógica aplastante: sin buena educación, no hay buenos trabajadores; sin buenos trabajadores, no hay buenas empresas; y sin buenas empresas, el país se estanca.
Pero aquí es donde la vara se pone realmente fea, maes. Esto ya trascendió los números y las oficinas. La Cámara de Comercio, sí, la de los empresarios, está conectando directamente este desastre educativo con la crisis de seguridad. Y tienen toda la razón. Si a un güila le cierras la puerta de un brete decente porque el sistema le falló, porque no le enseñó lo básico, ¿qué opciones le quedan? No hay que ser un genio para ver que las estructuras criminales están ahí, con las puertas abiertas de par en par, ofreciendo "oportunidades" que el sistema formal les niega. Cada joven que no puede competir por un trabajo digno es un candidato potencial para el narco. Así de crudo y así de real.
Al final, todo esto es una cadena de tortas que nos está explotando en la cara. El sistema educativo se jala una torta monumental, los jóvenes no consiguen brete, las empresas no pueden innovar y, de remate, la inseguridad se dispara porque hay un ejército de gente sin futuro. Es un círculo vicioso que amenaza con deshacer todo lo que hemos construido. La pregunta que me queda rebotando en la cabeza es, ¿y ahora qué? Más allá de quejarnos y señalar el problema que ya todos conocemos de sobra, ¿qué se puede hacer desde la acera de uno? ¿Es un problema solo del MEP o las empresas también tienen que ponerse las pilas y empezar a formar a la gente desde cero? ¿O ya es muy tarde y esta "generación perdida" se nos fue de las manos? Los leo.
Diay, ¿y por qué el alboroto de los empresarios? Sencillo: no hay gente para el brete. Y no hablamos de bretes de la NASA. La Cámara lo dice clarito: la falta de competencias básicas está matando la capacidad de las empresas para crecer. O sea, los güilas están saliendo del cole (los que logran salir) sin las herramientas mínimas para pulsearla. Esto no es solo un "qué lástima", es un balazo en el pie para la economía. Las empresas de afuera que vienen a invertir no lo hacen porque la bandera de Costa Rica sea bonita; vienen porque aquí (supuestamente) hay talento. Si ese talento se nos va al traste, adiós inversión, adiós empleos de calidad y hola, más problemas.
La Cámara le pone nombre y apellido al monstruo: el famoso "apagón educativo" que nos comimos entre 2018 y 2022. Empezó con las huelgas eternas y luego la pandemia le echó el último clavo al ataúd. Cuatro años tirados a la basura que hoy estamos pagando con intereses altísimos. El presidente de la Cámara, un mae llamado Arturo Rosabal, lo dijo casi que suplicando: necesitamos talento humano para que el país camine. Sin eso, la carreta no avanza, por más que la empujen. Es una lógica aplastante: sin buena educación, no hay buenos trabajadores; sin buenos trabajadores, no hay buenas empresas; y sin buenas empresas, el país se estanca.
Pero aquí es donde la vara se pone realmente fea, maes. Esto ya trascendió los números y las oficinas. La Cámara de Comercio, sí, la de los empresarios, está conectando directamente este desastre educativo con la crisis de seguridad. Y tienen toda la razón. Si a un güila le cierras la puerta de un brete decente porque el sistema le falló, porque no le enseñó lo básico, ¿qué opciones le quedan? No hay que ser un genio para ver que las estructuras criminales están ahí, con las puertas abiertas de par en par, ofreciendo "oportunidades" que el sistema formal les niega. Cada joven que no puede competir por un trabajo digno es un candidato potencial para el narco. Así de crudo y así de real.
Al final, todo esto es una cadena de tortas que nos está explotando en la cara. El sistema educativo se jala una torta monumental, los jóvenes no consiguen brete, las empresas no pueden innovar y, de remate, la inseguridad se dispara porque hay un ejército de gente sin futuro. Es un círculo vicioso que amenaza con deshacer todo lo que hemos construido. La pregunta que me queda rebotando en la cabeza es, ¿y ahora qué? Más allá de quejarnos y señalar el problema que ya todos conocemos de sobra, ¿qué se puede hacer desde la acera de uno? ¿Es un problema solo del MEP o las empresas también tienen que ponerse las pilas y empezar a formar a la gente desde cero? ¿O ya es muy tarde y esta "generación perdida" se nos fue de las manos? Los leo.