Maes, ¿se acuerdan del despiche que se armó en Panamá hace unos tres meses? Chiquita Brands, el gigante del banano, agarró sus chunches y se fue, dejando a más de 6,000 personas sin brete en Bocas del Toro después de una huelga que tenía la provincia patas para arriba. Fue un problemón, una de esas noticias que uno lee y piensa "¡qué sal para esa gente!". Bueno, pues parece que la novela dio un giro de 180 grados. Resulta que, tras unas cuantas reuniones de alto nivel en Brasil, el nuevo presi panameño y los meros meros de Chiquita hicieron las paces. La noticia del día es que la bananera vuelve, y con la promesa de recontratar a casi todo el mundo. ¡Qué vara más loca!
La movida es de película. A finales de mayo, la cosa estaba que ardía: huelgas, cierres de calles, desabastecimiento... un caos. Chiquita dijo "hasta aquí llegamos", declaró pérdidas millonarias y cerró el boliche. Seis mil familias, de la noche a la mañana, se quedaron viendo para el ciprés. Ahora, de repente, anuncian que no solo regresan, sino que van a meterle 30 millones de dólares para reactivar la producción y que el plan es recontratar a 3,000 personas en una primera etapa y a 2,000 más después. La meta, dicen, es que para febrero de 2026 todo esté operando a cachete. Para los trabajadores de Bocas del Toro, esto tiene que ser un respiro gigantesco, pasar del traste al alivio en cuestión de semanas.
Diay, pero es que esta vara nos suena demasiado familiar, ¿verdad? Aquí en Tiquicia, la historia de las bananeras es casi un curso obligatorio de Estudios Sociales. Hemos vivido esa relación de amor y odio por más de un siglo. Las huelgas, las negociaciones con el gobierno, el poder inmenso de estas multinacionales... es el mismo guion. Ver esta noticia desde Panamá es como ver un capítulo repetido de nuestra propia serie. Uno no puede evitar pensar en las luchas de nuestros propios trabajadores en las fincas de Limón o la Zona Sur. La dependencia de una región entera a una sola fruta y a una sola compañía es un arma de doble filo que conocemos muy, pero muy bien.
Lo que me deja con la ceja levantada es la frase del presi de Chiquita. Dice que van a reiniciar labores "bajo un modelo nuevo de operación, que es más sostenible, moderno y eficiente". Eso suena muy tuanis en el papel, de verdad, como salido de un folleto de relaciones públicas. Pero la pregunta del millón es qué significa ese "modelo nuevo" en la vida real. ¿Significa mejores condiciones para los trabajadores? ¿O significa más automatización y menos personal a largo plazo? ¿Significa un compromiso real con la comunidad, o es solo una forma elegante de decir que encontraron la manera de evitar que otra huelga les cueste 75 millones de dólares? Ojalá sea lo primero, pero la historia nos ha enseñado a ser un poquito malpensados.
Al final del día, la noticia es positiva, no hay quite. Miles de familias en Bocas del Toro van a recuperar su principal fuente de ingreso y eso es lo que más importa. Que el banano panameño "vuelva a brillar", como dice la empresa, es bueno para la economía del país vecino. Pero este culebrón deja una lección clarísima sobre el poder y la fragilidad. Un portazo de una multinacional puede poner de rodillas a toda una provincia. Mi pregunta para el foro es esta: ¿Creen que este regreso de Chiquita es un verdadero "borrón y cuenta nueva" para los trabajadores panameños, o es simplemente el capítulo dos de la misma historia de siempre, solo que con un par de palabras bonitas en el contrato?
La movida es de película. A finales de mayo, la cosa estaba que ardía: huelgas, cierres de calles, desabastecimiento... un caos. Chiquita dijo "hasta aquí llegamos", declaró pérdidas millonarias y cerró el boliche. Seis mil familias, de la noche a la mañana, se quedaron viendo para el ciprés. Ahora, de repente, anuncian que no solo regresan, sino que van a meterle 30 millones de dólares para reactivar la producción y que el plan es recontratar a 3,000 personas en una primera etapa y a 2,000 más después. La meta, dicen, es que para febrero de 2026 todo esté operando a cachete. Para los trabajadores de Bocas del Toro, esto tiene que ser un respiro gigantesco, pasar del traste al alivio en cuestión de semanas.
Diay, pero es que esta vara nos suena demasiado familiar, ¿verdad? Aquí en Tiquicia, la historia de las bananeras es casi un curso obligatorio de Estudios Sociales. Hemos vivido esa relación de amor y odio por más de un siglo. Las huelgas, las negociaciones con el gobierno, el poder inmenso de estas multinacionales... es el mismo guion. Ver esta noticia desde Panamá es como ver un capítulo repetido de nuestra propia serie. Uno no puede evitar pensar en las luchas de nuestros propios trabajadores en las fincas de Limón o la Zona Sur. La dependencia de una región entera a una sola fruta y a una sola compañía es un arma de doble filo que conocemos muy, pero muy bien.
Lo que me deja con la ceja levantada es la frase del presi de Chiquita. Dice que van a reiniciar labores "bajo un modelo nuevo de operación, que es más sostenible, moderno y eficiente". Eso suena muy tuanis en el papel, de verdad, como salido de un folleto de relaciones públicas. Pero la pregunta del millón es qué significa ese "modelo nuevo" en la vida real. ¿Significa mejores condiciones para los trabajadores? ¿O significa más automatización y menos personal a largo plazo? ¿Significa un compromiso real con la comunidad, o es solo una forma elegante de decir que encontraron la manera de evitar que otra huelga les cueste 75 millones de dólares? Ojalá sea lo primero, pero la historia nos ha enseñado a ser un poquito malpensados.
Al final del día, la noticia es positiva, no hay quite. Miles de familias en Bocas del Toro van a recuperar su principal fuente de ingreso y eso es lo que más importa. Que el banano panameño "vuelva a brillar", como dice la empresa, es bueno para la economía del país vecino. Pero este culebrón deja una lección clarísima sobre el poder y la fragilidad. Un portazo de una multinacional puede poner de rodillas a toda una provincia. Mi pregunta para el foro es esta: ¿Creen que este regreso de Chiquita es un verdadero "borrón y cuenta nueva" para los trabajadores panameños, o es simplemente el capítulo dos de la misma historia de siempre, solo que con un par de palabras bonitas en el contrato?