¡Ay, Dios mío! Las listas de espera del CCSS… parece que se han convertido en nuestra sombra, en ese vecino pesado que nunca te deja en paz. Uno va pensando que las cosas van a mejorar, que este año sí vamos a ver avances, pero ahí siguen, largas como la costa atlántica, y con gente esperando atención médica desde hace tanto tiempo que ya casi olvidaron cómo se siente tener salud.
La verdad es que no es ningún secreto para nadie que el sistema de salud pública está hasta las cejas de problemas. Desde la falta de personal médico –los pocos que quedan trabajando doble turno, ¡qué carga!– hasta la obsolescencia de equipos e instalaciones, pasando por la burocracia que ahoga cualquier intento de agilizar los procesos. Y ni hablar del financiamiento, que siempre anda justo, como quien le regañan el pan y queso.
Recientemente, varios pacientes han denunciado esperas superiores a los seis meses para citas con especialistas básicos, y eso sin contar las pruebas diagnósticas. Algunos casos son peores; personas con enfermedades crónicas o incluso con cáncer viendo retrasados sus tratamientos. ¡Qué sal! Es inadmisible que en un país con nuestras condiciones, la vida de alguien dependa de la suerte o de quién tenga más contactos para conseguir una cita.
Ahora bien, no todo está perdido. Existen iniciativas y propuestas para atacar este problema frontalmente. Se habla de invertir en tecnología para optimizar la gestión de citas, contratar más personal y mejorar las condiciones laborales para evitar la fuga de talento. También hay quienes abogan por un modelo de colaboración público-privada, aunque eso levanta ampollas entre algunos sectores.
Lo cierto es que el debate está abierto y la urgencia es palpable. No podemos seguir mirando para otro lado mientras miles de compatriotas sufren las consecuencias de un sistema sanitario colapsado. Este no es un problema que se pueda dejar para “otra ocasión”. Necesitamos soluciones concretas, rápidas y efectivas, y necesitamos que el gobierno asuma su responsabilidad y actúe ya. Vamos, que nos tienen hartitos con esta situación, ¡es un verdadero despiche!
Algunos expertos señalan que parte del problema radica en la planificación deficiente y en la falta de inversión a largo plazo. Se priorizan parches temporales en lugar de abordar las causas estructurales. Además, la pandemia de COVID-19 exacerbó aún más las debilidades del sistema, dejando secuelas que tardarán en sanar. Pero es importante recordar que muchos de estos problemas eran evidentes mucho antes de la llegada del virus, así que no podemos usar la pandemia como excusa para justificar la inacción.
Y claro, no podemos ignorar la influencia de factores políticos. Cambios constantes de administración y políticas públicas confusas dificultan la implementación de reformas consistentes. Parece que cada nuevo gobierno llega con ganas de hacer cambios radicales, pero termina perpetuando los mismos errores. Lo ideal sería construir consensos amplios que trasciendan los intereses partidistas y permitan avanzar hacia un sistema de salud más equitativo y eficiente. Una verdadera vara de medir sería si, en cinco años, logramos reducir significativamente las listas de espera y garantizar el acceso oportuno a la atención médica para todos los costarricenses, diay, qué brete.
En fin, la pelota está en el tejado del gobierno y de todas las partes interesadas. Es hora de ponerle remedio a este problema que nos afecta a todos. ¿Ustedes creen que la colaboración público-privada es realmente la solución para acortar las listas de espera del CCSS, o estamos ante una posible privatización encubierta del sistema de salud?
La verdad es que no es ningún secreto para nadie que el sistema de salud pública está hasta las cejas de problemas. Desde la falta de personal médico –los pocos que quedan trabajando doble turno, ¡qué carga!– hasta la obsolescencia de equipos e instalaciones, pasando por la burocracia que ahoga cualquier intento de agilizar los procesos. Y ni hablar del financiamiento, que siempre anda justo, como quien le regañan el pan y queso.
Recientemente, varios pacientes han denunciado esperas superiores a los seis meses para citas con especialistas básicos, y eso sin contar las pruebas diagnósticas. Algunos casos son peores; personas con enfermedades crónicas o incluso con cáncer viendo retrasados sus tratamientos. ¡Qué sal! Es inadmisible que en un país con nuestras condiciones, la vida de alguien dependa de la suerte o de quién tenga más contactos para conseguir una cita.
Ahora bien, no todo está perdido. Existen iniciativas y propuestas para atacar este problema frontalmente. Se habla de invertir en tecnología para optimizar la gestión de citas, contratar más personal y mejorar las condiciones laborales para evitar la fuga de talento. También hay quienes abogan por un modelo de colaboración público-privada, aunque eso levanta ampollas entre algunos sectores.
Lo cierto es que el debate está abierto y la urgencia es palpable. No podemos seguir mirando para otro lado mientras miles de compatriotas sufren las consecuencias de un sistema sanitario colapsado. Este no es un problema que se pueda dejar para “otra ocasión”. Necesitamos soluciones concretas, rápidas y efectivas, y necesitamos que el gobierno asuma su responsabilidad y actúe ya. Vamos, que nos tienen hartitos con esta situación, ¡es un verdadero despiche!
Algunos expertos señalan que parte del problema radica en la planificación deficiente y en la falta de inversión a largo plazo. Se priorizan parches temporales en lugar de abordar las causas estructurales. Además, la pandemia de COVID-19 exacerbó aún más las debilidades del sistema, dejando secuelas que tardarán en sanar. Pero es importante recordar que muchos de estos problemas eran evidentes mucho antes de la llegada del virus, así que no podemos usar la pandemia como excusa para justificar la inacción.
Y claro, no podemos ignorar la influencia de factores políticos. Cambios constantes de administración y políticas públicas confusas dificultan la implementación de reformas consistentes. Parece que cada nuevo gobierno llega con ganas de hacer cambios radicales, pero termina perpetuando los mismos errores. Lo ideal sería construir consensos amplios que trasciendan los intereses partidistas y permitan avanzar hacia un sistema de salud más equitativo y eficiente. Una verdadera vara de medir sería si, en cinco años, logramos reducir significativamente las listas de espera y garantizar el acceso oportuno a la atención médica para todos los costarricenses, diay, qué brete.
En fin, la pelota está en el tejado del gobierno y de todas las partes interesadas. Es hora de ponerle remedio a este problema que nos afecta a todos. ¿Ustedes creen que la colaboración público-privada es realmente la solución para acortar las listas de espera del CCSS, o estamos ante una posible privatización encubierta del sistema de salud?