Imagínate la escena: Edgardo Araya, con toda la energía, agarrándole la mano al micrófono en pleno programa de ¡OPA!. El hombre, que anda buscando chamba otra vez en la Asamblea, le soltó la espiga a Douglas Sánchez, el presentador, exigiendo a dijerito que si el Frente Amplio tuviera más diputados, ¡le cambiaríamos la cara al país!
Todo empezó hablando de la labor de Ariel Robles, ese man que siempre anda picoteando donde hay corrupción. Araya no se anduvo con rodeos: “Imagínense si fuéramos gobierno,” dijo, con esa calma que lo caracteriza, pero dejando claro que sí, que ellos tienen ideas claras para limpiar la barniz de la política.
Y ahí entró el tema de Gandoca-Manzanillo, ese churrisgo que ha dado tanto de qué hablar. El candidato aprovechó pa' recordarle a todos que, pese a tener solo seis diputados en la Asamblea, el FA ha logrado meter presión y frenar algunas cositas turbias que quería hacer el gobierno. “¿Quién ha logrado detener lo del amigote del presidente? ¿No ha sido Ariel?”, preguntó, clavándole la mirada a la cámara y haciendo que el estudio entero vibrara un poquito.
Pero llegó el momento incómodo. Cuando le preguntaron por la pila de basura que seguimos viendo en las esquinas, Araya se puso serio. Con toda la sinceridad del mundo, les dijo que no podían solucionar eso siendo solo oposición. “¿Cómo nos pidés que resolvamos un tema de residuos sólidos si no tenemos el poder?”, sentenció, dejando claro que necesitan más respaldo para realmente hacer cambios.
Aquí es donde viene el meollo del asunto: la eterna lucha entre los que denuncian y los que actúan. El FA, como perro de traba, es excelente para desenmascarar cosas, pero para implementar soluciones reales necesitan estar en el poder. Es como tener un machete afiladísimo, pero sin permiso para cortar la maleza.
Y ahí radica la estrategia de Araya. No se trata solo de ganar unas elecciones, sino de convencer a los votantes de que el FA es indispensable para mantener un control político efectivo. Él está vendiendo la idea de que seis diputados hacen ruido, pero doce podrían hacer leyes, y con el Ejecutivo… bueno, ¡imagínate el cambio que podríamos lograr!
La gente del “voto útil” es a quien apunta Araya. Ese votante progresista que sabe que el FA no va a ganar la Presidencia fácilmente, pero que reconoce su importancia en el Congreso. Necesitan esos curules extra para seguir vigilando al gobierno y para poder proponer proyectos que realmente beneficien al medio ambiente y a la sociedad en general. Es un juego político complicado, pero él parece tenerlo bien pensado, vamos.
Así que, compas, dime tú: ¿Crees que el Frente Amplio realmente podría transformar la realidad del país si tuviera más diputados, o es simplemente una promesa vacía para atraer votos? ¿Será suficiente con más curules o necesitamos un cambio radical en la forma en que gobernamos?
Todo empezó hablando de la labor de Ariel Robles, ese man que siempre anda picoteando donde hay corrupción. Araya no se anduvo con rodeos: “Imagínense si fuéramos gobierno,” dijo, con esa calma que lo caracteriza, pero dejando claro que sí, que ellos tienen ideas claras para limpiar la barniz de la política.
Y ahí entró el tema de Gandoca-Manzanillo, ese churrisgo que ha dado tanto de qué hablar. El candidato aprovechó pa' recordarle a todos que, pese a tener solo seis diputados en la Asamblea, el FA ha logrado meter presión y frenar algunas cositas turbias que quería hacer el gobierno. “¿Quién ha logrado detener lo del amigote del presidente? ¿No ha sido Ariel?”, preguntó, clavándole la mirada a la cámara y haciendo que el estudio entero vibrara un poquito.
Pero llegó el momento incómodo. Cuando le preguntaron por la pila de basura que seguimos viendo en las esquinas, Araya se puso serio. Con toda la sinceridad del mundo, les dijo que no podían solucionar eso siendo solo oposición. “¿Cómo nos pidés que resolvamos un tema de residuos sólidos si no tenemos el poder?”, sentenció, dejando claro que necesitan más respaldo para realmente hacer cambios.
Aquí es donde viene el meollo del asunto: la eterna lucha entre los que denuncian y los que actúan. El FA, como perro de traba, es excelente para desenmascarar cosas, pero para implementar soluciones reales necesitan estar en el poder. Es como tener un machete afiladísimo, pero sin permiso para cortar la maleza.
Y ahí radica la estrategia de Araya. No se trata solo de ganar unas elecciones, sino de convencer a los votantes de que el FA es indispensable para mantener un control político efectivo. Él está vendiendo la idea de que seis diputados hacen ruido, pero doce podrían hacer leyes, y con el Ejecutivo… bueno, ¡imagínate el cambio que podríamos lograr!
La gente del “voto útil” es a quien apunta Araya. Ese votante progresista que sabe que el FA no va a ganar la Presidencia fácilmente, pero que reconoce su importancia en el Congreso. Necesitan esos curules extra para seguir vigilando al gobierno y para poder proponer proyectos que realmente beneficien al medio ambiente y a la sociedad en general. Es un juego político complicado, pero él parece tenerlo bien pensado, vamos.
Así que, compas, dime tú: ¿Crees que el Frente Amplio realmente podría transformar la realidad del país si tuviera más diputados, o es simplemente una promesa vacía para atraer votos? ¿Será suficiente con más curules o necesitamos un cambio radical en la forma en que gobernamos?