Bueno, maes, para los que andan en el mundo de las leyes, los recursos de amparo y los “ergo”, apunten la fecha porque se viene movimiento de sillas. El Tribunal Electoral del Colegio de Abogados y Abogadas ya tiró la convocatoria oficial y el próximo 6 de diciembre hay que ir a las urnas para elegir a la nueva Junta Directiva. Sí, esa misma que corta el queque en uno de los gremios más grandes y, para qué negarlo, más polémicos del país. La cita es en Asamblea General, y la regla de oro para poder alzar la mano (o marcar la papeleta) es la de siempre: estar al día con la platica y los requisitos. Si debe el aguinaldo del Colegio, mejor se pone las pilas.
Y no es cualquier cosa, estamos hablando de renovar todo el chunche. Se eligen desde la Presidencia y Vicepresidencia hasta el último de los cinco vocales, pasando por Tesorería, Secretaría y, por supuesto, la Fiscalía. Es un familión de puestos que, por los próximos dos años, llevarán el timón de la institución. El epicentro del zafarrancho electoral será, como de costumbre, la sede central allá en Zapote, por el viaducto de Garantías Sociales. Pero para que nadie se quede con la excusa de que “me queda en el quinto pino”, también se abrirán centros de votación en un montón de sedes regionales: Alajuela, Guápiles, Limón, Puntarenas, Pérez Zeledón, San Carlos, Ciudad Neily, Heredia y Cartago. O sea, la cobertura es total.
Ahora, entremos a la carnita del asunto. ¿Quiénes pueden tirarse a la piscina para dirigir este barco? Según la normativa, el requisito base es ser abogado colegiado y estar habilitado para ejercer. Bastante lógico. Los que ganen estarán en el brete por dos años y solo pueden reelegirse una vez seguida. Si quieren volver después de eso, tienen que esperar un período completo, como para que se refresquen las ideas (o las argollas). Además, hay una regla anti-nepotismo bastante clara: entre los miembros de la Junta y el Fiscal no puede haber parentesco de hasta tercer grado. Cero chance de montar el negocio familiar. Y aquí un detalle que siempre llama la atención: casi todos los puestos son ad honorem. Puro amor al arte gremial, salvo el Fiscal, que sí recibe su sueldito.
Pero diay, ¿por qué digo que esta elección en particular se pone interesante? Aquí es donde la cosa se pone color de hormiga. Este año, la elección tiene un condimento extra que podría cambiarlo todo. ¿Se acuerdan de la noticia de que se dispararon las admisiones al Colegio hace unos meses? Sí, esa vara de que, con la rebaja en el requisito de la nota del examen de excelencia, de 1505 candidatos pasaron 1459 de un solo tiro. Un montón de esa gente, casi la mitad, no lo hubiera logrado con la nota anterior. Eso significa que el padrón electoral del Colegio acaba de recibir una inyección masiva de sangre nueva, de abogados y abogadas recién llegados, con otras perspectivas y, quizás, otras lealtades.
Entonces, esta elección no es solo para ver quién se sienta en la silla más grande. Es una pregunta de fondo sobre el futuro y la representación del gremio. ¿Quién va a representar a esta nueva ola de profesionales? ¿Las mismas figuras de siempre, con las mismas promesas, o surgirán nuevos liderazgos que conecten con esta nueva realidad demográfica del Colegio? Este influjo podría diluir el poder de los grupos tradicionales o, por el contrario, no tener ningún efecto si los nuevos colegiados no se involucran. La mesa está servida y los candidatos que quieran ganar van a tener que pulsearla para convencer no solo a los de siempre, sino a ese ejército de nuevos votantes que hoy tiene el poder de inclinar la balanza.
Maes, siendo honestos, ¿creen que este influjo masivo de nuevos abogados va a moverle el piso a las argollas de siempre en el Colegio, o al final es más de lo mismo? ¿Veremos caras nuevas o se repetirá la foto? ¡Los leo en los comentarios!
Y no es cualquier cosa, estamos hablando de renovar todo el chunche. Se eligen desde la Presidencia y Vicepresidencia hasta el último de los cinco vocales, pasando por Tesorería, Secretaría y, por supuesto, la Fiscalía. Es un familión de puestos que, por los próximos dos años, llevarán el timón de la institución. El epicentro del zafarrancho electoral será, como de costumbre, la sede central allá en Zapote, por el viaducto de Garantías Sociales. Pero para que nadie se quede con la excusa de que “me queda en el quinto pino”, también se abrirán centros de votación en un montón de sedes regionales: Alajuela, Guápiles, Limón, Puntarenas, Pérez Zeledón, San Carlos, Ciudad Neily, Heredia y Cartago. O sea, la cobertura es total.
Ahora, entremos a la carnita del asunto. ¿Quiénes pueden tirarse a la piscina para dirigir este barco? Según la normativa, el requisito base es ser abogado colegiado y estar habilitado para ejercer. Bastante lógico. Los que ganen estarán en el brete por dos años y solo pueden reelegirse una vez seguida. Si quieren volver después de eso, tienen que esperar un período completo, como para que se refresquen las ideas (o las argollas). Además, hay una regla anti-nepotismo bastante clara: entre los miembros de la Junta y el Fiscal no puede haber parentesco de hasta tercer grado. Cero chance de montar el negocio familiar. Y aquí un detalle que siempre llama la atención: casi todos los puestos son ad honorem. Puro amor al arte gremial, salvo el Fiscal, que sí recibe su sueldito.
Pero diay, ¿por qué digo que esta elección en particular se pone interesante? Aquí es donde la cosa se pone color de hormiga. Este año, la elección tiene un condimento extra que podría cambiarlo todo. ¿Se acuerdan de la noticia de que se dispararon las admisiones al Colegio hace unos meses? Sí, esa vara de que, con la rebaja en el requisito de la nota del examen de excelencia, de 1505 candidatos pasaron 1459 de un solo tiro. Un montón de esa gente, casi la mitad, no lo hubiera logrado con la nota anterior. Eso significa que el padrón electoral del Colegio acaba de recibir una inyección masiva de sangre nueva, de abogados y abogadas recién llegados, con otras perspectivas y, quizás, otras lealtades.
Entonces, esta elección no es solo para ver quién se sienta en la silla más grande. Es una pregunta de fondo sobre el futuro y la representación del gremio. ¿Quién va a representar a esta nueva ola de profesionales? ¿Las mismas figuras de siempre, con las mismas promesas, o surgirán nuevos liderazgos que conecten con esta nueva realidad demográfica del Colegio? Este influjo podría diluir el poder de los grupos tradicionales o, por el contrario, no tener ningún efecto si los nuevos colegiados no se involucran. La mesa está servida y los candidatos que quieran ganar van a tener que pulsearla para convencer no solo a los de siempre, sino a ese ejército de nuevos votantes que hoy tiene el poder de inclinar la balanza.
Maes, siendo honestos, ¿creen que este influjo masivo de nuevos abogados va a moverle el piso a las argollas de siempre en el Colegio, o al final es más de lo mismo? ¿Veremos caras nuevas o se repetirá la foto? ¡Los leo en los comentarios!