¡Ay, Dios mío! Esto sí que cayó como anillo de agua fría en la casa brumosa. Resulta que Leonardo Vargas, el man del Cartaginés, soltó la bomba en el programa Encuentro Deportivo: Osael Maroto, el big boss de la Fedefútbol, andaba buscando comprar el equipo hace como tres añitos. ¡Imagínate el temblor que esto causó!
La historia es así: Según Vargas, ya hubo conversaciones, pero la oferta que le puso Maroto encima de la mesa no le convenció ni un poquito. Dijo que no le pareció un buen negocio, y ahí quedó la cosa. Claro, el señor Vargas siempre ha sido un negociazo, así que no cualquiera puede venir a aventurarse a meterle mano a su equipo.
Lo curioso es que Vargas no le vio nada malo en el interés de Maroto. Él mismo dice que el hombre es un empresario y que no hay nada de extraño en que quiera invertir en fútbol. Pero bueno, a él, parece que no le gustó lo que le ofrecieron. Y eso, señores, vale más que mil disculpas. Uno tiene sus principios, ¿verdad?
Pero la gran pregunta que ronda la cabeza de todos los aficionados – y vaya que estamos rondando con la mosca detrás de la oreja– es si el Cartaginés está realmente a la venta. Vargas fue bastante ambiguo al respecto, diciendo que no se cierra a ninguna negociación, pero que si llega alguna propuesta interesante, pues la van a analizar. ¡Un clásico tico, diay!
Ahora, hablemos de números. Se rumorea que el Cartaginés tiene un valor de 14 millones de dólares. Vargas defiende este monto argumentando que el club tiene activos sólidos que lo respaldan. No es cualquier cifra inventada, asegura. Hay terrenos, infraestructura… Lo que sea que tengan, parece que vale oro puro.
Esta movida de Maroto viene en un momento complicado para el Cartaginés. Han tenido altibajos deportivos, y la economía no anda regalada. Que venga alguien con dinero fresco siempre suena tentador, aunque luego se recuerden los problemas que pueden traer consigo los dueños con agendas ocultas. Ya hemos visto cosas peores en el fútbol mundial, y acá no somos la excepción.
Más allá del escándalo mediático, este caso plantea interrogantes sobre la salud financiera del fútbol costarricense y la influencia de empresarios poderosos en los clubes. ¿Hasta dónde llegará el poder económico en nuestro deporte? ¿Estamos dispuestos a sacrificar la tradición y la identidad de nuestros equipos por unas cuantas lucas extra?
Así que, mi gente, digan lo que piensan. ¿Creen que el Cartaginés debería abrirle la puerta a una inversión extranjera, aunque signifique perder parte de su esencia? ¿Será que Osael Maroto volverá a intentarlo, o este asunto quedará enterrado bajo la hierba del estadio José Rafael Fello Gómez?
La historia es así: Según Vargas, ya hubo conversaciones, pero la oferta que le puso Maroto encima de la mesa no le convenció ni un poquito. Dijo que no le pareció un buen negocio, y ahí quedó la cosa. Claro, el señor Vargas siempre ha sido un negociazo, así que no cualquiera puede venir a aventurarse a meterle mano a su equipo.
Lo curioso es que Vargas no le vio nada malo en el interés de Maroto. Él mismo dice que el hombre es un empresario y que no hay nada de extraño en que quiera invertir en fútbol. Pero bueno, a él, parece que no le gustó lo que le ofrecieron. Y eso, señores, vale más que mil disculpas. Uno tiene sus principios, ¿verdad?
Pero la gran pregunta que ronda la cabeza de todos los aficionados – y vaya que estamos rondando con la mosca detrás de la oreja– es si el Cartaginés está realmente a la venta. Vargas fue bastante ambiguo al respecto, diciendo que no se cierra a ninguna negociación, pero que si llega alguna propuesta interesante, pues la van a analizar. ¡Un clásico tico, diay!
Ahora, hablemos de números. Se rumorea que el Cartaginés tiene un valor de 14 millones de dólares. Vargas defiende este monto argumentando que el club tiene activos sólidos que lo respaldan. No es cualquier cifra inventada, asegura. Hay terrenos, infraestructura… Lo que sea que tengan, parece que vale oro puro.
Esta movida de Maroto viene en un momento complicado para el Cartaginés. Han tenido altibajos deportivos, y la economía no anda regalada. Que venga alguien con dinero fresco siempre suena tentador, aunque luego se recuerden los problemas que pueden traer consigo los dueños con agendas ocultas. Ya hemos visto cosas peores en el fútbol mundial, y acá no somos la excepción.
Más allá del escándalo mediático, este caso plantea interrogantes sobre la salud financiera del fútbol costarricense y la influencia de empresarios poderosos en los clubes. ¿Hasta dónde llegará el poder económico en nuestro deporte? ¿Estamos dispuestos a sacrificar la tradición y la identidad de nuestros equipos por unas cuantas lucas extra?
Así que, mi gente, digan lo que piensan. ¿Creen que el Cartaginés debería abrirle la puerta a una inversión extranjera, aunque signifique perder parte de su esencia? ¿Será que Osael Maroto volverá a intentarlo, o este asunto quedará enterrado bajo la hierba del estadio José Rafael Fello Gómez?