¡Ay, Dios mío! Esto sí que es un panorama feo, má. El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) está encendidos, porque parece que los homicidios no piensan ceder en Costa Rica. Michael Soto Rojas, el director interino, nos soltó la bomba hace poco: esperan que 2024 y 2025 sean parecidos a 2023 en términos de violencia. ¿Se imaginan eso?
Según los datos oficiales, para el cinco de enero ya teníamos seis homicidios registrados, incluyendo un caso bien raro donde murieron varias personas a la vez. Soto dice que hay que seguir echándole ganas a la contención policial, coordinándose con otras instituciones del gobierno, porque esto es un problema social, de desarrollo y hasta económico. Claramente no solo policías pueden resolverlo, ¡necesitamos un cambio de actitud general!
El director interino enfatizó que si quieren bajar esos números, no basta con ponerle más carros patrulla a las calles. Hay que hacer una estrategia conjunta entre todas las fuerzas policiales y los ministerios, porque, díganlo en voz alta, estamos hablando de problemas profundos en nuestra sociedad. Además, con la campaña electoral a la vuelta de la esquina, necesitan apoyo económico, pero no cualquier apoyo, sino uno que vaya acompañado de trabajo serio y coordinado.
Y no crean que la cosa pinta bien. Cerramos el 2023 con 905 homicidios, que ya era un récord histórico. Luego, en 2024 bajamos un poquito, a 876, y el año pasado tuvimos 873. Una diferencia mínima, vamos. Es como si estuviéramos dando palazos al aire y nada cambiara realmente. ¡Qué torta!
Si miramos hacia atrás, la situación ha empeorado considerablemente. En el 2010, la tasa de homicidios era de 11.6 por cada 100 mil habitantes. Ahora, en 2025, estamos en 16.7. Sí, un poco menos que el 2023 (17.2), pero ni de cerca es una mejora significativa. ¡Es preocupante! Nos estamos acercando peligrosamente a niveles de violencia que nunca habíamos visto por acá.
Otro dato que da escalofríos son las llamadas “víctimas colaterales”. Estas son personas inocentes que terminan atrapadas en medio de ataques armados y mueren sin siquiera estar involucradas. En 2024 fueron 93, y para finales del 2025 la cifra se mantuvo igual, ¡93 vidas perdidas injustamente!. Es que esto no tiene nombre, pura tragedia para las familias.
Ahora, hablemos de las drogas. Aunque los decomisos de marihuana se dispararon – de 2.495 kilos en 2024 a unos impresionantes 10.303 kilos en 2025 – , los de cocaína bajaron de 6.710 a 5.007 kilos. Pero lo que realmente preocupa es la aparición masiva de drogas sintéticas. Ya decomisaron 50 paquetes de estas mezclas peligrosas, valuadas en casi tres millones de dólares. Soto advierte que este tipo de químicos van a definir el futuro del consumo y de la delincuencia en nuestro país. ¡Qué brete!
Desarticularon 44 organizaciones criminales el año pasado, pero según el OIJ, todavía hay unas 100 bajo investigación. Entonces, aunque estén haciendo esfuerzos, la delincuencia organizada sigue agarrada fuerte al país. ¿Ustedes creen que las autoridades entrantes podrán darle una solución real a este problema creciente, o seguiremos viendo cómo la violencia se apodera de nuestras calles? ¿Cuál debería ser la medida más drástica para enfrentar esta crisis?
Según los datos oficiales, para el cinco de enero ya teníamos seis homicidios registrados, incluyendo un caso bien raro donde murieron varias personas a la vez. Soto dice que hay que seguir echándole ganas a la contención policial, coordinándose con otras instituciones del gobierno, porque esto es un problema social, de desarrollo y hasta económico. Claramente no solo policías pueden resolverlo, ¡necesitamos un cambio de actitud general!
El director interino enfatizó que si quieren bajar esos números, no basta con ponerle más carros patrulla a las calles. Hay que hacer una estrategia conjunta entre todas las fuerzas policiales y los ministerios, porque, díganlo en voz alta, estamos hablando de problemas profundos en nuestra sociedad. Además, con la campaña electoral a la vuelta de la esquina, necesitan apoyo económico, pero no cualquier apoyo, sino uno que vaya acompañado de trabajo serio y coordinado.
Y no crean que la cosa pinta bien. Cerramos el 2023 con 905 homicidios, que ya era un récord histórico. Luego, en 2024 bajamos un poquito, a 876, y el año pasado tuvimos 873. Una diferencia mínima, vamos. Es como si estuviéramos dando palazos al aire y nada cambiara realmente. ¡Qué torta!
Si miramos hacia atrás, la situación ha empeorado considerablemente. En el 2010, la tasa de homicidios era de 11.6 por cada 100 mil habitantes. Ahora, en 2025, estamos en 16.7. Sí, un poco menos que el 2023 (17.2), pero ni de cerca es una mejora significativa. ¡Es preocupante! Nos estamos acercando peligrosamente a niveles de violencia que nunca habíamos visto por acá.
Otro dato que da escalofríos son las llamadas “víctimas colaterales”. Estas son personas inocentes que terminan atrapadas en medio de ataques armados y mueren sin siquiera estar involucradas. En 2024 fueron 93, y para finales del 2025 la cifra se mantuvo igual, ¡93 vidas perdidas injustamente!. Es que esto no tiene nombre, pura tragedia para las familias.
Ahora, hablemos de las drogas. Aunque los decomisos de marihuana se dispararon – de 2.495 kilos en 2024 a unos impresionantes 10.303 kilos en 2025 – , los de cocaína bajaron de 6.710 a 5.007 kilos. Pero lo que realmente preocupa es la aparición masiva de drogas sintéticas. Ya decomisaron 50 paquetes de estas mezclas peligrosas, valuadas en casi tres millones de dólares. Soto advierte que este tipo de químicos van a definir el futuro del consumo y de la delincuencia en nuestro país. ¡Qué brete!
Desarticularon 44 organizaciones criminales el año pasado, pero según el OIJ, todavía hay unas 100 bajo investigación. Entonces, aunque estén haciendo esfuerzos, la delincuencia organizada sigue agarrada fuerte al país. ¿Ustedes creen que las autoridades entrantes podrán darle una solución real a este problema creciente, o seguiremos viendo cómo la violencia se apodera de nuestras calles? ¿Cuál debería ser la medida más drástica para enfrentar esta crisis?