¡Ay, patitos! Ya estamos casi encima del 1° de febrero y la cosa está más caliente que gallina pochada. El TSE ya terminó con los debates entre los candidatos a la presidencia, y pa’lante, a analizar qué tanto sirvieron de algo. Se dijeron muchas cosas, algunas más interesantes que otras, pero la gran pregunta es: ¿alguien salió favorecido de verdad?
Como bien nos explicó el politólogo Daniel Calvo, la movida principal de estos debates no era precisamente convencer a los indecisos. Más bien, parecía que cada candidato estaba tratando de afianzar su base de votantes. O sea, hablarle a esos mae que ya estaban medio decididos a darle su voto, reforzarles la idea de que van por buen camino. Un brete, vamos. Parece que muchos prefirieron apuntarle a ese público más fiel que arriesgarse a perderlo buscando nuevos apoyos.
Fabricio Alvarado, por ejemplo, mantuvo el rollo de siempre, enfocándose en su discurso conservador. Nada nuevo bajo el sol, pero parece que funciona con su gente. Lo mismo pasó con el Partido Clase Trabajadora, que tienen una base más reducida pero bastante leal. Laura Fernández, ella sí, le echó gasolina al fuego con narrativas de confrontación, recordando bastante al estilo del Presidente Chaves. Pa’ algunos, eso es justo lo que buscan; pa' otros, ¡qué torta!
Pero no todo fue consolidación de bases. Según Calvo, hubo algunos candidatos que lograron sorprender, que rompieron el hielo y se hicieron notar. Ahí destacó José Aguilar Berrocal, que llegó con fuerza y demostró saber desenvolverse en estos espacios. También Ana Virginia Calzada, que aprovechó la oportunidad para darse a conocer y mostrar que sabe de política, diay, ¡hasta tuvo unos spots televisivos que ayudaron mucho!
Estos debates cobraron aún más importancia porque fueron casi los únicos escenarios televisados donde Laura Fernández prometió asistir. No vaya a ser que se anduviera haciendo la mosquita muerta, pero cumplió con su promesa. Eso demuestra que, a pesar de todo, los debates siguen siendo relevantes en la campaña electoral, aunque parezca que pocos le prestan atención, o quizás todos andamos distraídos pensando en qué chuches comprar para Navidad.
Y hablando de relevancia, hay que reconocer que los tiempos han cambiado. Antes, los debates eran cruciales para cambiar el rumbo de la campaña. Ahora, con tanta red social y tanta información volando por los aires, es más difícil medir el impacto real de estos encuentros. Uno ve los comentarios en Facebook y Twitter y se da cuenta de que la gente prefiere memes a análisis políticos profundos... ¡Qué nivel!
Personalmente, creo que el mayor problema de estos debates fue la segmentación. Poner a los candidatos en grupos pequeños, según el orden de la papeleta, limitó la interacción y el debate general. Hubiera sido más interesante verlos enfrentarse directamente, discutir abiertamente sus diferencias y demostrar quién tiene la mejor vara para gobernar nuestro país. Pero bueno, cada quien hace lo que puede con los recursos que tiene, ¿no creen?
Así que ya saben, compas. Llegamos a la recta final de esta contienda electoral. Vimos los debates, escuchamos las propuestas, analizamos los pros y los contras. Ahora, la decisión es suya: ¿creen que los debates influyeron en su elección o ya tenían la mente hecha antes de que empezaran? Dejen sus opiniones aquí abajo y díganme, ¿quién creen que se llevó la palma en estos debates?
Como bien nos explicó el politólogo Daniel Calvo, la movida principal de estos debates no era precisamente convencer a los indecisos. Más bien, parecía que cada candidato estaba tratando de afianzar su base de votantes. O sea, hablarle a esos mae que ya estaban medio decididos a darle su voto, reforzarles la idea de que van por buen camino. Un brete, vamos. Parece que muchos prefirieron apuntarle a ese público más fiel que arriesgarse a perderlo buscando nuevos apoyos.
Fabricio Alvarado, por ejemplo, mantuvo el rollo de siempre, enfocándose en su discurso conservador. Nada nuevo bajo el sol, pero parece que funciona con su gente. Lo mismo pasó con el Partido Clase Trabajadora, que tienen una base más reducida pero bastante leal. Laura Fernández, ella sí, le echó gasolina al fuego con narrativas de confrontación, recordando bastante al estilo del Presidente Chaves. Pa’ algunos, eso es justo lo que buscan; pa' otros, ¡qué torta!
Pero no todo fue consolidación de bases. Según Calvo, hubo algunos candidatos que lograron sorprender, que rompieron el hielo y se hicieron notar. Ahí destacó José Aguilar Berrocal, que llegó con fuerza y demostró saber desenvolverse en estos espacios. También Ana Virginia Calzada, que aprovechó la oportunidad para darse a conocer y mostrar que sabe de política, diay, ¡hasta tuvo unos spots televisivos que ayudaron mucho!
Estos debates cobraron aún más importancia porque fueron casi los únicos escenarios televisados donde Laura Fernández prometió asistir. No vaya a ser que se anduviera haciendo la mosquita muerta, pero cumplió con su promesa. Eso demuestra que, a pesar de todo, los debates siguen siendo relevantes en la campaña electoral, aunque parezca que pocos le prestan atención, o quizás todos andamos distraídos pensando en qué chuches comprar para Navidad.
Y hablando de relevancia, hay que reconocer que los tiempos han cambiado. Antes, los debates eran cruciales para cambiar el rumbo de la campaña. Ahora, con tanta red social y tanta información volando por los aires, es más difícil medir el impacto real de estos encuentros. Uno ve los comentarios en Facebook y Twitter y se da cuenta de que la gente prefiere memes a análisis políticos profundos... ¡Qué nivel!
Personalmente, creo que el mayor problema de estos debates fue la segmentación. Poner a los candidatos en grupos pequeños, según el orden de la papeleta, limitó la interacción y el debate general. Hubiera sido más interesante verlos enfrentarse directamente, discutir abiertamente sus diferencias y demostrar quién tiene la mejor vara para gobernar nuestro país. Pero bueno, cada quien hace lo que puede con los recursos que tiene, ¿no creen?
Así que ya saben, compas. Llegamos a la recta final de esta contienda electoral. Vimos los debates, escuchamos las propuestas, analizamos los pros y los contras. Ahora, la decisión es suya: ¿creen que los debates influyeron en su elección o ya tenían la mente hecha antes de que empezaran? Dejen sus opiniones aquí abajo y díganme, ¿quién creen que se llevó la palma en estos debates?