¡Aguántense!, parece que el desempleo en Costa Rica se puso en modo avión. Según el reporte más reciente del INE, la cifra se mantiene clavada en 6.6% para el trimestre de septiembre a noviembre del año pasado. No hay mucho qué festejar ni qué lamentar, simplemente... sigue igual. A ver, mae, nos vamos acostumbrando a esto porque no pinta a cambios drásticos, al menos por ahora.
Para refrescarles la memoria, estamos hablando de unos 2.2 millones de personas con trabajo, lo que da una tasa de ocupación del 51.4%. Números que, si los vemos por separado, no son terribles. Pero ahí viene el “pero”, porque si metemosle ojo a la tasa neta de participación, la cosa cambia un poquito. Esta cae a 55.1%, lo que significa que menos gente está buscando chamba o ya directamente decidió no meterse al brete. Es como si dijeramos, algunos se dieron por vencidos.
Y aquí viene la gran incógnita: ¿por qué tanta gente salió del mercado laboral? Podría ser que muchos simplemente decidieron dedicarse a otras cosas – montar un negocio, cuidar a sus hijos, o quizás hasta viajar. También podría ser que, agüitada la cosa, prefieran quedarse en casa a buscar un trabajo que no les llame la atención, o que sencillamente no encuentren nada que valga la pena. La verdad, nadie lo sabe con certeza, y eso es lo que le quita el sueño a varios economistas.
El informe del INE indica que hay alrededor de 156 mil personas sin empleo en el país, una cifra que tampoco ha dado saltos importantes. Eso sí, hay una pequeña luz al final del túnel: disminuyó el subempleo en un 2.9%. Esto implica que algunas personas que tenían trabajos a medias – o sea, que querían más horas o mejores condiciones – ahora ya encontraron algo más estable. Un pequeño respiro en medio de la tormenta, vaya.
Ahora bien, ¿en qué sectores es donde se mueve la carne? Pues, como siempre, el comercio y la reparación lideran la lista, seguidos por la industria manufacturera y la enseñanza y salud. Estos tres pilares siguen siendo la base de la economía nacional, generando la mayoría de los empleos. Lo cual me lleva a pensar, ¿estaríamos dependiendo demasiado de estos sectores?
Si miramos a futuro, la situación presenta dos escenarios posibles. Por un lado, podríamos estar entrando en una fase de estabilización económica, donde el desempleo se mantiene relativamente bajo y la actividad productiva se consolida. Por otro lado, también existe el riesgo de que esta estancamiento sea solo temporal, y que en cualquier momento la economía pueda dar un vuelco negativo. Ya saben, un pinzón sale volando y todo se va al traste. El mundo está loco, y nosotros no somos ajenos a esas locuras.
Algunos expertos sugieren que el gobierno debería implementar políticas públicas que fomenten la creación de nuevos empleos, especialmente en sectores emergentes como la tecnología y el turismo sostenible. Otros, más conservadores, abogan por reducir la burocracia y simplificar los trámites para facilitar la inversión privada. Al fin y al cabo, cada quien tiene su carrete, ¿verdad?
En resumen, la situación del empleo en Costa Rica no es ni color de rosa ni negra total. Estamos en una especie de limbo económico, a la deriva esperando que las aguas se calmen. Pero, díganme, ¿ustedes creen que esta estabilidad es buena señal o deberíamos estar preocupados por la falta de dinamismo en el mercado laboral? ¿Qué medidas deberían tomarse para impulsar la creación de empleos y evitar que más gente se deje de molestar por buscar trabajo?
Para refrescarles la memoria, estamos hablando de unos 2.2 millones de personas con trabajo, lo que da una tasa de ocupación del 51.4%. Números que, si los vemos por separado, no son terribles. Pero ahí viene el “pero”, porque si metemosle ojo a la tasa neta de participación, la cosa cambia un poquito. Esta cae a 55.1%, lo que significa que menos gente está buscando chamba o ya directamente decidió no meterse al brete. Es como si dijeramos, algunos se dieron por vencidos.
Y aquí viene la gran incógnita: ¿por qué tanta gente salió del mercado laboral? Podría ser que muchos simplemente decidieron dedicarse a otras cosas – montar un negocio, cuidar a sus hijos, o quizás hasta viajar. También podría ser que, agüitada la cosa, prefieran quedarse en casa a buscar un trabajo que no les llame la atención, o que sencillamente no encuentren nada que valga la pena. La verdad, nadie lo sabe con certeza, y eso es lo que le quita el sueño a varios economistas.
El informe del INE indica que hay alrededor de 156 mil personas sin empleo en el país, una cifra que tampoco ha dado saltos importantes. Eso sí, hay una pequeña luz al final del túnel: disminuyó el subempleo en un 2.9%. Esto implica que algunas personas que tenían trabajos a medias – o sea, que querían más horas o mejores condiciones – ahora ya encontraron algo más estable. Un pequeño respiro en medio de la tormenta, vaya.
Ahora bien, ¿en qué sectores es donde se mueve la carne? Pues, como siempre, el comercio y la reparación lideran la lista, seguidos por la industria manufacturera y la enseñanza y salud. Estos tres pilares siguen siendo la base de la economía nacional, generando la mayoría de los empleos. Lo cual me lleva a pensar, ¿estaríamos dependiendo demasiado de estos sectores?
Si miramos a futuro, la situación presenta dos escenarios posibles. Por un lado, podríamos estar entrando en una fase de estabilización económica, donde el desempleo se mantiene relativamente bajo y la actividad productiva se consolida. Por otro lado, también existe el riesgo de que esta estancamiento sea solo temporal, y que en cualquier momento la economía pueda dar un vuelco negativo. Ya saben, un pinzón sale volando y todo se va al traste. El mundo está loco, y nosotros no somos ajenos a esas locuras.
Algunos expertos sugieren que el gobierno debería implementar políticas públicas que fomenten la creación de nuevos empleos, especialmente en sectores emergentes como la tecnología y el turismo sostenible. Otros, más conservadores, abogan por reducir la burocracia y simplificar los trámites para facilitar la inversión privada. Al fin y al cabo, cada quien tiene su carrete, ¿verdad?
En resumen, la situación del empleo en Costa Rica no es ni color de rosa ni negra total. Estamos en una especie de limbo económico, a la deriva esperando que las aguas se calmen. Pero, díganme, ¿ustedes creen que esta estabilidad es buena señal o deberíamos estar preocupados por la falta de dinamismo en el mercado laboral? ¿Qué medidas deberían tomarse para impulsar la creación de empleos y evitar que más gente se deje de molestar por buscar trabajo?