¡Ay, mándale reverencia a don Clemencia! Este viernes nos dejó una verdadera dama, Clemencia Conejo Chacón, a sus 88 añitos. Una vida dedicada al deporte, dejando una huella imborrable en nuestra querida Costa Rica. Dicen que ya estaba hecha una chinita, pero siempre llena de energía y ganas de impulsar a las muchachas en el deporte. Que paz descanse.
Doña Clemencia, originaria de una humilde familia, demostró desde muy joven un talento innato para el atletismo. Pero su pasión iba más allá de las pistas; era una firme defensora de la igualdad de género en el deporte, algo que no era precisamente fácil en esos tiempos, mánguez. Recuerdo escuchar a mi abu contando historias de cómo luchaba para que las chicas tuvieran las mismas oportunidades que los muchachos. ¡Una guerrera!
Lo más destacao de su carrera fue cuando se convirtió en la primera mujer en integrarse al Consejo Nacional del Deporte, ahora conocido como Icoder. ¡Imagínate el gallito que debió tener! Rompiendo barreras machistas en un ambiente dominado por hombres. Fue un paso gigante para todas las mujeres deportistas del país. Luego, siguió trabajando incansablemente para mejorar las condiciones de entrenamiento y competencia para las atletas nacionales.
Y ni hablar de su labor formativa. Doña Clemencia no solo brilló como atleta y dirigente, sino que también dedicó gran parte de su vida a enseñar y motivar a jóvenes talentos. Muchos recuerdan sus charlas inspiradoras, donde les transmitía valores como la disciplina, el esfuerzo y el respeto. Era pura bendición, mándale saludas ahí arriba.
En el año 2014, recibió un merecido homenaje al ingresar a la Galería Costarricense del Deporte, un reconocimiento a toda una vida entregada al deporte nacional. La Universidad Nacional (UNA), su casa académica, también le rindió tributo por su invaluable contribución a la educación deportiva. Se jaló una torta, señores, se ganó a pulso todos esos honores.
Su influencia se extiende a la Escuela de Ciencias del Movimiento Humano y Calidad de Vida de la UNA, donde su legado perdura como ejemplo a seguir. Sus enseñanzas continúan guiando a estudiantes y profesionales, inspirándolos a trabajar por un deporte más justo e inclusivo. La esencia de Clemencia Conejo sigue viva en cada proyecto y actividad que realiza la universidad. Un tesoro, sin lugar a dudas.
Las reacciones no se hicieron esperar. Personalidades del mundo deportivo, entrenadores, atletas y aficionados han expresado su profundo pesar por su partida. Las redes sociales se inundaron de mensajes de gratitud y admiración hacia esta mujer ejemplar que trascendió fronteras. Desde la federación de atletismo hasta los equipos de fútbol femenino, todos lamentan la pérdida de una figura clave en la historia deportiva de Costa Rica. Qué pena, mae, se nos va un ícono.
Con este triste adiós, reflexionamos sobre el impacto duradero de Clemencia Conejo en el deporte costarricense. ¿Cómo podemos mantener vivo su legado y asegurar que las nuevas generaciones de atletas tengan las mismas oportunidades que ella luchó por conseguir? ¿Cuál crees que es la forma más efectiva de honrar su memoria y continuar su labor de promoción del deporte femenino en nuestro país?
Doña Clemencia, originaria de una humilde familia, demostró desde muy joven un talento innato para el atletismo. Pero su pasión iba más allá de las pistas; era una firme defensora de la igualdad de género en el deporte, algo que no era precisamente fácil en esos tiempos, mánguez. Recuerdo escuchar a mi abu contando historias de cómo luchaba para que las chicas tuvieran las mismas oportunidades que los muchachos. ¡Una guerrera!
Lo más destacao de su carrera fue cuando se convirtió en la primera mujer en integrarse al Consejo Nacional del Deporte, ahora conocido como Icoder. ¡Imagínate el gallito que debió tener! Rompiendo barreras machistas en un ambiente dominado por hombres. Fue un paso gigante para todas las mujeres deportistas del país. Luego, siguió trabajando incansablemente para mejorar las condiciones de entrenamiento y competencia para las atletas nacionales.
Y ni hablar de su labor formativa. Doña Clemencia no solo brilló como atleta y dirigente, sino que también dedicó gran parte de su vida a enseñar y motivar a jóvenes talentos. Muchos recuerdan sus charlas inspiradoras, donde les transmitía valores como la disciplina, el esfuerzo y el respeto. Era pura bendición, mándale saludas ahí arriba.
En el año 2014, recibió un merecido homenaje al ingresar a la Galería Costarricense del Deporte, un reconocimiento a toda una vida entregada al deporte nacional. La Universidad Nacional (UNA), su casa académica, también le rindió tributo por su invaluable contribución a la educación deportiva. Se jaló una torta, señores, se ganó a pulso todos esos honores.
Su influencia se extiende a la Escuela de Ciencias del Movimiento Humano y Calidad de Vida de la UNA, donde su legado perdura como ejemplo a seguir. Sus enseñanzas continúan guiando a estudiantes y profesionales, inspirándolos a trabajar por un deporte más justo e inclusivo. La esencia de Clemencia Conejo sigue viva en cada proyecto y actividad que realiza la universidad. Un tesoro, sin lugar a dudas.
Las reacciones no se hicieron esperar. Personalidades del mundo deportivo, entrenadores, atletas y aficionados han expresado su profundo pesar por su partida. Las redes sociales se inundaron de mensajes de gratitud y admiración hacia esta mujer ejemplar que trascendió fronteras. Desde la federación de atletismo hasta los equipos de fútbol femenino, todos lamentan la pérdida de una figura clave en la historia deportiva de Costa Rica. Qué pena, mae, se nos va un ícono.
Con este triste adiós, reflexionamos sobre el impacto duradero de Clemencia Conejo en el deporte costarricense. ¿Cómo podemos mantener vivo su legado y asegurar que las nuevas generaciones de atletas tengan las mismas oportunidades que ella luchó por conseguir? ¿Cuál crees que es la forma más efectiva de honrar su memoria y continuar su labor de promoción del deporte femenino en nuestro país?