¡Ay, papá! El ambiente en el Congreso está que arde, y no precisamente porque vamos camino al verano. El diputado Jonathan Acuña soltó la bomba durante un debate esta semana, diciendo que algunos personajes andan con “ánimos de dictador” cuando se les pone feo. Una barrazo pa’ despertar conciencias, vamos.
La cosa viene de atrás, mae. Desde hace rato que los ánimos están calientes entre diferentes facciones políticas. Las comisiones, las votaciones… todo parece una pelea de gallos a veces. Se nota que la tensión va creciendo con cada decisión importante que tienen que tomar, y eso no es precisamente bueno para la democracia, ni pa’ nadie.
Según fuentes internas – y claro, estas siempre existen–, el comentario del diputado Acuña iba dirigido a ciertos diputados que han mostrado actitudes autoritarias al intentar imponer sus puntos de vista. Dicen que algunos se creen dueños de la verdad y no escuchan a los demás. ¡Qué cargaaaaa! Uno esperaría un poco más de diálogo y respeto en un lugar como este, pero parece que la política nacional nos da tantos sustos.
Lo que preocupa es cómo estos comportamientos pueden afectar la participación ciudadana. Cuando uno ve que los representantes del pueblo se pelean como niños, se le quita la ganas de involucrarse. Y ahí es donde entra la clave: si la gente se desconecta, pues nos vamos al diablo, ¿no?
El financiamiento de campañas también ha sido otro punto álgido de controversia. Muchos cuestionan la influencia del dinero en las decisiones de los legisladores. Que si donaciones anónimas, que si lobistas… Un brete, realmente. No es ningún secreto que el poder económico puede corromper, y eso es algo que debemos estar vigilantes.
Además, la asistencia a las sesiones tampoco ha sido muy buena últimamente. Hay diputados que parecen tener más tiempo pa’ otras cosas que pa’ trabajar por el país. ¡Qué despiche! Se supone que ellos son nuestros representantes, pero a veces dan la impresión de que les hacemos el favor a ellos, no al revés.
El tema de las entrevistas y la transparencia también ha salido a relucir. Algunos piden mayor rendición de cuentas por parte de los funcionarios públicos. Quieren saber qué hacen con el dinero del Estado y cómo toman sus decisiones. Totalmente justificado, por cierto. Necesitamos que nos digan las cosas claras, sin rodeos ni excusas baratas.
Ahora bien, la gran pregunta es: ¿Estamos viendo el preludio de un giro antidemocrático en Costa Rica? ¿Nos encaminamos hacia un escenario donde prevalezcan los intereses personales sobre el bienestar común? ¿Y qué podemos hacer nosotros, como ciudadanos, para evitarlo? Dejen sus opiniones en el foro y agarremos esta vara con responsabilidad, porque esto nos afecta a todos, maes.
La cosa viene de atrás, mae. Desde hace rato que los ánimos están calientes entre diferentes facciones políticas. Las comisiones, las votaciones… todo parece una pelea de gallos a veces. Se nota que la tensión va creciendo con cada decisión importante que tienen que tomar, y eso no es precisamente bueno para la democracia, ni pa’ nadie.
Según fuentes internas – y claro, estas siempre existen–, el comentario del diputado Acuña iba dirigido a ciertos diputados que han mostrado actitudes autoritarias al intentar imponer sus puntos de vista. Dicen que algunos se creen dueños de la verdad y no escuchan a los demás. ¡Qué cargaaaaa! Uno esperaría un poco más de diálogo y respeto en un lugar como este, pero parece que la política nacional nos da tantos sustos.
Lo que preocupa es cómo estos comportamientos pueden afectar la participación ciudadana. Cuando uno ve que los representantes del pueblo se pelean como niños, se le quita la ganas de involucrarse. Y ahí es donde entra la clave: si la gente se desconecta, pues nos vamos al diablo, ¿no?
El financiamiento de campañas también ha sido otro punto álgido de controversia. Muchos cuestionan la influencia del dinero en las decisiones de los legisladores. Que si donaciones anónimas, que si lobistas… Un brete, realmente. No es ningún secreto que el poder económico puede corromper, y eso es algo que debemos estar vigilantes.
Además, la asistencia a las sesiones tampoco ha sido muy buena últimamente. Hay diputados que parecen tener más tiempo pa’ otras cosas que pa’ trabajar por el país. ¡Qué despiche! Se supone que ellos son nuestros representantes, pero a veces dan la impresión de que les hacemos el favor a ellos, no al revés.
El tema de las entrevistas y la transparencia también ha salido a relucir. Algunos piden mayor rendición de cuentas por parte de los funcionarios públicos. Quieren saber qué hacen con el dinero del Estado y cómo toman sus decisiones. Totalmente justificado, por cierto. Necesitamos que nos digan las cosas claras, sin rodeos ni excusas baratas.
Ahora bien, la gran pregunta es: ¿Estamos viendo el preludio de un giro antidemocrático en Costa Rica? ¿Nos encaminamos hacia un escenario donde prevalezcan los intereses personales sobre el bienestar común? ¿Y qué podemos hacer nosotros, como ciudadanos, para evitarlo? Dejen sus opiniones en el foro y agarremos esta vara con responsabilidad, porque esto nos afecta a todos, maes.