Maes, levante la mano al que el sismo de hoy lo agarró en media taza de café o terminando el gallo pinto. Porque seamos honestos, no hay nada más tico que un buen susto mañanero para recordarnos dónde estamos parados. Justo a las 8:30 a.m. de este sábado, cuando uno apenas está carburando para empezar el fin de semana, la tierra decidió que la rutina estaba muy aburrida y nos mandó un meneón cortesía de las brumosas tierras de La Unión, en Cartago.
Y diay, aunque el reporte oficial del Ovsicori dice que la vara fue de magnitud 3.6, se sintió como si un gigante le hubiera dado una patada a la cama. ¿La razón? El chunche este tuvo una profundidad de apenas 8 kilómetros. Para los que no están en la jugada sísmica, eso es súper superficial, y por eso el zarpe se siente más seco, más violento, como un latigazo. El reporte ciudadano no se hizo esperar: la gente de Cartago centro, Tres Ríos y hasta de varias partes de Chepe pegó el brinco y corrió a Twitter (o X, como quieran decirle a esa plataforma ahora) a confirmar que no se lo habían imaginado.
La vara es que en cuestión de minutos las redes sociales ya eran el comité de emergencias no oficial. El clásico "¿Lo sintieron?" se replicó más rápido que un chisme de oficina. No faltaron los memes, las historias del perro que ladró dos segundos antes, ni el reporte del compa al que casi se le cae el adorno de la abuela. Por dicha, y esto es lo más importante, más allá del susto y de un par de corazones acelerados, los cuerpos de emergencia confirmaron que no hay reportes de daños ni de incidentes. Un final feliz para una historia que nos sacudió, literalmente, el inicio del día.
Estos temblores son como el recordatorio periódico que nos da el planeta. Vivimos en un país que es una coctelera geológica, justo donde la placa de Cocos decide que quiere meterse debajo de la del Caribe, y de vez en cuando, esa fricción nos pasa la factura. Un sismo de 3.6 es, en la gran escala de las cosas, un evento menor. No es para hacer un despiche, pero sí para mantenernos pilas. Es la alarma natural que nos dice: "Mae, revise el bulto de emergencia, tenga agua a mano y hable con su familia sobre qué hacer". Es parte del paquete de vivir en este paraíso tan movido.
Al final del día, fue el tema de conversación perfecto para el desayuno. Incluso se reportaron algunas réplicas chiquitillas, de esas que uno no sabe si fue un mareo o si de verdad tembló otra vez. Un clásico susto sabatino que nos unió en la experiencia colectiva de sentir el piso moverse y luego seguir con nuestras vidas, porque así somos. Ahora, la pregunta del millón para el foro: A ver, cuenten ustedes. ¿Dónde los agarró el temblor? ¿Estaban en media Tosty, ya andaban en el brete del sábado o todavía roncando? ¿Se asustaron o ya estos remezones ni cosquillas les hacen?
Y diay, aunque el reporte oficial del Ovsicori dice que la vara fue de magnitud 3.6, se sintió como si un gigante le hubiera dado una patada a la cama. ¿La razón? El chunche este tuvo una profundidad de apenas 8 kilómetros. Para los que no están en la jugada sísmica, eso es súper superficial, y por eso el zarpe se siente más seco, más violento, como un latigazo. El reporte ciudadano no se hizo esperar: la gente de Cartago centro, Tres Ríos y hasta de varias partes de Chepe pegó el brinco y corrió a Twitter (o X, como quieran decirle a esa plataforma ahora) a confirmar que no se lo habían imaginado.
La vara es que en cuestión de minutos las redes sociales ya eran el comité de emergencias no oficial. El clásico "¿Lo sintieron?" se replicó más rápido que un chisme de oficina. No faltaron los memes, las historias del perro que ladró dos segundos antes, ni el reporte del compa al que casi se le cae el adorno de la abuela. Por dicha, y esto es lo más importante, más allá del susto y de un par de corazones acelerados, los cuerpos de emergencia confirmaron que no hay reportes de daños ni de incidentes. Un final feliz para una historia que nos sacudió, literalmente, el inicio del día.
Estos temblores son como el recordatorio periódico que nos da el planeta. Vivimos en un país que es una coctelera geológica, justo donde la placa de Cocos decide que quiere meterse debajo de la del Caribe, y de vez en cuando, esa fricción nos pasa la factura. Un sismo de 3.6 es, en la gran escala de las cosas, un evento menor. No es para hacer un despiche, pero sí para mantenernos pilas. Es la alarma natural que nos dice: "Mae, revise el bulto de emergencia, tenga agua a mano y hable con su familia sobre qué hacer". Es parte del paquete de vivir en este paraíso tan movido.
Al final del día, fue el tema de conversación perfecto para el desayuno. Incluso se reportaron algunas réplicas chiquitillas, de esas que uno no sabe si fue un mareo o si de verdad tembló otra vez. Un clásico susto sabatino que nos unió en la experiencia colectiva de sentir el piso moverse y luego seguir con nuestras vidas, porque así somos. Ahora, la pregunta del millón para el foro: A ver, cuenten ustedes. ¿Dónde los agarró el temblor? ¿Estaban en media Tosty, ya andaban en el brete del sábado o todavía roncando? ¿Se asustaron o ya estos remezones ni cosquillas les hacen?