Maes, seamos honestos. ¿Cuántos de ustedes pegaron un brinco y hasta se les quitó el sueño con los temblores del mes pasado? Yo fui una. Estaba terminando un brete y de repente todo empezó a moverse, ese meneo seco y rápido que te avisa que la tierra debajo de Chepe está más viva que nunca. Uno se asusta, revisa que todo esté en orden, manda un par de mensajes para ver si la familia está bien y, al rato, sigue con su vida. Pero, diay, parece que la vara es más seria de lo que pensamos y el Ovsicori acaba de ponernos los puntos sobre las íes.
Resulta que los sismólogos, con Esteban Chaves a la cabeza, no se quedaron de brazos cruzados. Se pusieron a analizar toda la actividad sísmica reciente y la conclusión es para que a más de uno se le pongan los pelos de punta. Las fallas que tenemos aquí nomás, debajo de la capital, tienen un “potencial sísmico” de generar un remezón de entre 5,9 y 6,4 grados. Pero agarrense, porque si a estas fallas se les ocurre hacer una fiesta y romperse todas juntas, el bailongo podría llegar a una magnitud de 6,5. ¡Seis punto cinco! Eso ya no es un sustito, eso es un señor terremoto.
El principal problema, y aquí es donde la cosa se pone color de hormiga, es que estas fallas son muy superficiales. ¿Qué significa eso en español? Que los temblores se sienten mucho más fuertes de lo que diría la magnitud. No es lo mismo un sismo profundo que se siente como una hamaca, a uno de estos que parece que un gigante está usando un martillo neumático debajo de tu casa. La sacudida es violenta, es un latigazo. Y si a eso le sumamos que San José es un hormiguero de gente, edificios viejos y un cableado que parece una telaraña, el posible escenario es un completo y absoluto despiche.
Imagínense por un segundo un temblor de esa magnitud a las 5 de la tarde. La gente saliendo de los bretes, las presas que ya son un infierno convertidas en un parqueo de pánico total, los servicios de emergencia tratando de abrirse paso... ¡qué torta sería! Los mismos expertos lo advierten: por la densidad de la población y la cantidad de chunches que tenemos en la GAM, un evento así podría causar daños materiales muy serios y, lo que es peor, posibles víctimas. No es para meter miedo, es para ser realistas. Vivimos en un país sísmicamente activo y a veces se nos olvida entre el correcorre del día a día.
Al final, aunque los científicos dicen que todavía falta estudiar más la situación, este es el panorama que tenemos hoy. No podemos hacer nada para detener los temblores, pero sí podemos prepararnos. La pregunta del millón no es si va a temblar, sino cuándo y cómo nos va a agarrar parados. Esto va más allá de tener una linterna y una botella de agua; es tener un plan familiar, saber dónde están las zonas seguras y, sobre todo, no entrar en pánico cuando llegue el momento. La información es poder, y ahora que sabemos lo que podría pasar, la pelota está en nuestra cancha.
Así que, maes, les tiro la pregunta directamente a ustedes: ¿Honestamente creen que Chepe y nosotros aguantamos un remezón de esos? ¿Tienen su maletín de emergencia listo con todos los chunches o, como buenos ticos, lo dejamos todo para después con un "ahí vemos"?
Resulta que los sismólogos, con Esteban Chaves a la cabeza, no se quedaron de brazos cruzados. Se pusieron a analizar toda la actividad sísmica reciente y la conclusión es para que a más de uno se le pongan los pelos de punta. Las fallas que tenemos aquí nomás, debajo de la capital, tienen un “potencial sísmico” de generar un remezón de entre 5,9 y 6,4 grados. Pero agarrense, porque si a estas fallas se les ocurre hacer una fiesta y romperse todas juntas, el bailongo podría llegar a una magnitud de 6,5. ¡Seis punto cinco! Eso ya no es un sustito, eso es un señor terremoto.
El principal problema, y aquí es donde la cosa se pone color de hormiga, es que estas fallas son muy superficiales. ¿Qué significa eso en español? Que los temblores se sienten mucho más fuertes de lo que diría la magnitud. No es lo mismo un sismo profundo que se siente como una hamaca, a uno de estos que parece que un gigante está usando un martillo neumático debajo de tu casa. La sacudida es violenta, es un latigazo. Y si a eso le sumamos que San José es un hormiguero de gente, edificios viejos y un cableado que parece una telaraña, el posible escenario es un completo y absoluto despiche.
Imagínense por un segundo un temblor de esa magnitud a las 5 de la tarde. La gente saliendo de los bretes, las presas que ya son un infierno convertidas en un parqueo de pánico total, los servicios de emergencia tratando de abrirse paso... ¡qué torta sería! Los mismos expertos lo advierten: por la densidad de la población y la cantidad de chunches que tenemos en la GAM, un evento así podría causar daños materiales muy serios y, lo que es peor, posibles víctimas. No es para meter miedo, es para ser realistas. Vivimos en un país sísmicamente activo y a veces se nos olvida entre el correcorre del día a día.
Al final, aunque los científicos dicen que todavía falta estudiar más la situación, este es el panorama que tenemos hoy. No podemos hacer nada para detener los temblores, pero sí podemos prepararnos. La pregunta del millón no es si va a temblar, sino cuándo y cómo nos va a agarrar parados. Esto va más allá de tener una linterna y una botella de agua; es tener un plan familiar, saber dónde están las zonas seguras y, sobre todo, no entrar en pánico cuando llegue el momento. La información es poder, y ahora que sabemos lo que podría pasar, la pelota está en nuestra cancha.
Así que, maes, les tiro la pregunta directamente a ustedes: ¿Honestamente creen que Chepe y nosotros aguantamos un remezón de esos? ¿Tienen su maletín de emergencia listo con todos los chunches o, como buenos ticos, lo dejamos todo para después con un "ahí vemos"?