¡Ay, Dios mío, qué vara! Últimamente parece que todos andamos más tensos que cuerda de guitarra. Entre el cambio climático, los precios que no dan tregua y la política… bueno, ya saben cómo anda eso. Pero hay cosas que nos afectan más de lo que pensamos, y hoy vamos a hablar de una que quizás no conocías muy bien: la tricotilomanía. Sí, suena complicado, pero te explico.
Según expertos en psicología clínica, como la Dra. Ana Yendry Morales, la tricotilomanía es mucho más que arrancar un par de cabellos cuando estás nerviosa. Es un trastorno psicológico que te impulsa a hacerlo de forma recurrente, hasta el punto de tener zonas calvas y sentirte fatal contigo misma. No es simple picazón, es un problema que tiene que ver con emociones profundas y preocupaciones que llevamos dentro. Imagínate, ¡qué despiche!
La doctora Morales explica que muchas veces esta conducta es una especie de válvula de escape. Cuando las preocupaciones y el estrés son demasiados, el cuerpo busca una forma de liberar esa tensión. Y para algunas personas, esa forma es arrancarse el cabello. Es como si el pelo fuera un sustituto de esas preocupaciones que no podemos enfrentar directamente. Ese alivio momentáneo, claro, termina siendo peor porque luego llega la culpa y la vergüenza. ¡Un brete, vamos!
Pero, ¿de dónde salen todas estas preocupaciones? Pues, de mil cosas, mae. Pueden ser exigencias personales, miedos al fracaso, la sensación de perder el control o simplemente no saber qué va a pasar mañana. Todo eso se acumula, se vuelve una bola de nieve, y el cuerpo busca una forma de descargarlo, aunque sea dañina. Piensa en esos días que te sientes super agobiada y necesitas hacer algo, cualquier cosa, para sentirte mejor… pues ahí entra en juego este asunto.
Lo interesante es que no se trata solamente de evitar arrancarse el pelo. Según la Dra. Morales, el tratamiento efectivo implica entender qué es lo que realmente te preocupa. Hay que ponerle nombre a esos monstruos internos, analizarlos y buscar maneras más sanas de lidiar con ellos. ¿Cómo? Pues con terapia, obviamente. Y no me refiero a sesiones largas y aburridas, sino a un espacio seguro donde puedas expresarte libremente y aprender técnicas para manejar el estrés y la ansiedad.
En momentos de crisis, como durante un cambio importante en la vida o en situaciones estresantes, la tricotilomanía tiende a empeorar. Ahí es cuando es aún más importante buscar ayuda profesional. No te avergüences de pedirla, recuerda que nadie está exento de pasar por momentos difíciles. Además, el stigma que existe alrededor de estos temas necesita cambiarse, porque buscar apoyo no es signo de debilidad, sino de valentía y autoconocimiento. Es súper tuanis querer cuidarte, chunche.
Y ojo, esto no es solamente para las mujeres, aunque sí es más común en ellas. Los hombres también sufren de tricotilomanía, y a menudo lo esconden por vergüenza. Así que si tienes un amigo o familiar que parezca estar pasando por algo así, ofrécele tu apoyo. Un abrazo, una palabra amable, a veces es todo lo que necesitan. Porque, díganlo conmigo, ¡todos necesitamos un poquito de cariño en estos tiempos agitados! Ya estamos todos raspao' un poco, diay.
Ahora bien, después de hablar de todo esto, me pregunto: ¿crees que la sociedad debería invertir más en programas de salud mental preventiva, enfocándose en enseñar herramientas de manejo del estrés desde temprana edad? ¿O prefieres dejar que cada quien se las arregle como pueda?
Según expertos en psicología clínica, como la Dra. Ana Yendry Morales, la tricotilomanía es mucho más que arrancar un par de cabellos cuando estás nerviosa. Es un trastorno psicológico que te impulsa a hacerlo de forma recurrente, hasta el punto de tener zonas calvas y sentirte fatal contigo misma. No es simple picazón, es un problema que tiene que ver con emociones profundas y preocupaciones que llevamos dentro. Imagínate, ¡qué despiche!
La doctora Morales explica que muchas veces esta conducta es una especie de válvula de escape. Cuando las preocupaciones y el estrés son demasiados, el cuerpo busca una forma de liberar esa tensión. Y para algunas personas, esa forma es arrancarse el cabello. Es como si el pelo fuera un sustituto de esas preocupaciones que no podemos enfrentar directamente. Ese alivio momentáneo, claro, termina siendo peor porque luego llega la culpa y la vergüenza. ¡Un brete, vamos!
Pero, ¿de dónde salen todas estas preocupaciones? Pues, de mil cosas, mae. Pueden ser exigencias personales, miedos al fracaso, la sensación de perder el control o simplemente no saber qué va a pasar mañana. Todo eso se acumula, se vuelve una bola de nieve, y el cuerpo busca una forma de descargarlo, aunque sea dañina. Piensa en esos días que te sientes super agobiada y necesitas hacer algo, cualquier cosa, para sentirte mejor… pues ahí entra en juego este asunto.
Lo interesante es que no se trata solamente de evitar arrancarse el pelo. Según la Dra. Morales, el tratamiento efectivo implica entender qué es lo que realmente te preocupa. Hay que ponerle nombre a esos monstruos internos, analizarlos y buscar maneras más sanas de lidiar con ellos. ¿Cómo? Pues con terapia, obviamente. Y no me refiero a sesiones largas y aburridas, sino a un espacio seguro donde puedas expresarte libremente y aprender técnicas para manejar el estrés y la ansiedad.
En momentos de crisis, como durante un cambio importante en la vida o en situaciones estresantes, la tricotilomanía tiende a empeorar. Ahí es cuando es aún más importante buscar ayuda profesional. No te avergüences de pedirla, recuerda que nadie está exento de pasar por momentos difíciles. Además, el stigma que existe alrededor de estos temas necesita cambiarse, porque buscar apoyo no es signo de debilidad, sino de valentía y autoconocimiento. Es súper tuanis querer cuidarte, chunche.
Y ojo, esto no es solamente para las mujeres, aunque sí es más común en ellas. Los hombres también sufren de tricotilomanía, y a menudo lo esconden por vergüenza. Así que si tienes un amigo o familiar que parezca estar pasando por algo así, ofrécele tu apoyo. Un abrazo, una palabra amable, a veces es todo lo que necesitan. Porque, díganlo conmigo, ¡todos necesitamos un poquito de cariño en estos tiempos agitados! Ya estamos todos raspao' un poco, diay.
Ahora bien, después de hablar de todo esto, me pregunto: ¿crees que la sociedad debería invertir más en programas de salud mental preventiva, enfocándose en enseñar herramientas de manejo del estrés desde temprana edad? ¿O prefieres dejar que cada quien se las arregle como pueda?