¡Aguántense, pura vida futbolera! En este 2025, cuando el fútbol nacional ha tenido sus altas y bajas, uno de los cambios más frescos y prometedores llegó con la llegada de Lindsay Camila a la dirección técnica de la Selección Femenina. No me digan que no les parecía urgente un aire nuevo, porque la verdad, la estábamos llevando al brete con procesos anteriores.
Como saben, los últimos años para nuestra selección femenina han sido… bueno, digamos que no hemos andado sacando aplausos a nivel internacional. Nos faltaba chispa, nos faltaba juego asociado, y a veces, hasta la actitud dejaba mucho que desear. Pero desde que Camila llegó, se siente otra vibra. Trajo consigo una metodología moderna, donde el alto rendimiento no es un dicho, sino una realidad que se vive día tras día en los entrenamientos. Y ni hablar de cómo está motivando a las jugadoras, eso sí es chiva.
Camila asumió el puesto con un mensaje claro: subir el nivel de exigencia y profesionalizar el proceso. Dejó ver desde el primer momento que no iba a andar con rodeos. Implementó entrenamientos más intensos, enfocados en táctica, físico y psicología deportiva. Hay quienes dijeron que era demasiado rápido, que estaba presionando demasiado a las chicas, pero la respuesta de las jugadoras ha sido contundente: estaban cansadas de medias tintas y querían un desafío real. Lo que estabamos buscando, ¿verdad?
Las jugadoras de todas las categorías, desde las menores hasta las que ya tienen experiencia internacional, coinciden en que el ambiente dentro de la selección ha cambiado radicalmente. Se respira un espíritu de superación, un deseo genuino de mejorar y de representar a nuestro país con orgullo. Ya no hay excusas ni lamentos, solo ganas de trabajar duro y de conseguir resultados. Antes parecíamos gatos callejeros, ahora estamos organizados y con hambre de victoria. Un cambio radical, ¿eh?
Además, Camila ha hecho énfasis en la evaluación individual y colectiva, analizando cada detalle del juego, identificando fortalezas y debilidades, y diseñando planes de entrenamiento personalizados para cada jugadora. No se anda fiando de nombres propios, sino de quién rinde en la cancha. Ese es el enfoque que le hacía falta a la selección, quitarse los complejos y confiar en el talento que tenemos. Ya sabemos, aquí no hay lugar para los cómodos.
Este cambio llega en un momento clave, cuando la Federación Costarricense de Fútbol está invirtiendo más recursos en el desarrollo del fútbol femenino y preparando a Costa Rica para futuras competiciones internacionales. Se están construyendo nuevas canchas, se están implementando programas de formación para entrenadores y se está trabajando en la promoción del deporte entre las niñas y jóvenes de todo el país. Una buena señal, porque si queremos competir contra las potencias, necesitamos crear una base sólida desde abajo.
No obstante, también hay desafíos por delante. El camino hacia la clasificación a un Mundial o Juegos Olímpicos no será fácil, y tendremos que enfrentarnos a rivales muy fuertes. Pero con la llegada de Lindsay Camila, la Selección Femenina ha recuperado la ilusión y la confianza necesarias para luchar por sus sueños. Ahora mismo, somos un diablo de equipo y vamos por todos lados dejando huella. Todo esto viene a decir que hay motivos para celebrar y para tener esperanza en el futuro del fútbol femenino en Costa Rica.
Así que, con todo este panorama alentador, me pregunto: ¿Creen que Lindsay Camila logrará llevar a la Selección Femenina a clasificar a un mundial en los próximos años, o qué ajustes considera usted que aún deben hacerse para alcanzar ese ambicioso objetivo? ¡Déjenme saber su opinión en los comentarios!
Como saben, los últimos años para nuestra selección femenina han sido… bueno, digamos que no hemos andado sacando aplausos a nivel internacional. Nos faltaba chispa, nos faltaba juego asociado, y a veces, hasta la actitud dejaba mucho que desear. Pero desde que Camila llegó, se siente otra vibra. Trajo consigo una metodología moderna, donde el alto rendimiento no es un dicho, sino una realidad que se vive día tras día en los entrenamientos. Y ni hablar de cómo está motivando a las jugadoras, eso sí es chiva.
Camila asumió el puesto con un mensaje claro: subir el nivel de exigencia y profesionalizar el proceso. Dejó ver desde el primer momento que no iba a andar con rodeos. Implementó entrenamientos más intensos, enfocados en táctica, físico y psicología deportiva. Hay quienes dijeron que era demasiado rápido, que estaba presionando demasiado a las chicas, pero la respuesta de las jugadoras ha sido contundente: estaban cansadas de medias tintas y querían un desafío real. Lo que estabamos buscando, ¿verdad?
Las jugadoras de todas las categorías, desde las menores hasta las que ya tienen experiencia internacional, coinciden en que el ambiente dentro de la selección ha cambiado radicalmente. Se respira un espíritu de superación, un deseo genuino de mejorar y de representar a nuestro país con orgullo. Ya no hay excusas ni lamentos, solo ganas de trabajar duro y de conseguir resultados. Antes parecíamos gatos callejeros, ahora estamos organizados y con hambre de victoria. Un cambio radical, ¿eh?
Además, Camila ha hecho énfasis en la evaluación individual y colectiva, analizando cada detalle del juego, identificando fortalezas y debilidades, y diseñando planes de entrenamiento personalizados para cada jugadora. No se anda fiando de nombres propios, sino de quién rinde en la cancha. Ese es el enfoque que le hacía falta a la selección, quitarse los complejos y confiar en el talento que tenemos. Ya sabemos, aquí no hay lugar para los cómodos.
Este cambio llega en un momento clave, cuando la Federación Costarricense de Fútbol está invirtiendo más recursos en el desarrollo del fútbol femenino y preparando a Costa Rica para futuras competiciones internacionales. Se están construyendo nuevas canchas, se están implementando programas de formación para entrenadores y se está trabajando en la promoción del deporte entre las niñas y jóvenes de todo el país. Una buena señal, porque si queremos competir contra las potencias, necesitamos crear una base sólida desde abajo.
No obstante, también hay desafíos por delante. El camino hacia la clasificación a un Mundial o Juegos Olímpicos no será fácil, y tendremos que enfrentarnos a rivales muy fuertes. Pero con la llegada de Lindsay Camila, la Selección Femenina ha recuperado la ilusión y la confianza necesarias para luchar por sus sueños. Ahora mismo, somos un diablo de equipo y vamos por todos lados dejando huella. Todo esto viene a decir que hay motivos para celebrar y para tener esperanza en el futuro del fútbol femenino en Costa Rica.
Así que, con todo este panorama alentador, me pregunto: ¿Creen que Lindsay Camila logrará llevar a la Selección Femenina a clasificar a un mundial en los próximos años, o qué ajustes considera usted que aún deben hacerse para alcanzar ese ambicioso objetivo? ¡Déjenme saber su opinión en los comentarios!