¡Ay, Dios mío! Quién iba a decir que las Leonas, nuestra Liga Deportiva Alajuelense, iban a llegar a nueve campeonatos nacionales seguidos en el fútbol femenino. Parecía mentira, ¿verdad? Pues resulta que nadie, absolutamente nadie, ha podido quitarles la corona. Parece que las manudas se han tragado el fútbol tico entero y no quieren escupirlo.
Desde hace casi cinco años, la Alajuelense ha sido la reina indiscutible de nuestro balompié femenino. Sus jugadoras, formadas con una disciplina envidiable y un talento increíble, han destrozado a sus rivales semana tras semana. Un brete, te digo, ver cómo dominan el juego desde la defensa hasta el ataque. Han llevado el nombre de Costa Rica con orgullo, y eso es lo que nos llena de satisfacción, aunque también da un poquito de qué pensar.
Pero ojo, que no todo es color de rosa. Porque si bien acá en casa son imbatibles, a nivel internacional la cosa pinta diferente. En la última Copa de Campeones, terminaron cuartas de cinco, metidas en un grupo con equipos que sí saben lo que es jugar a alto nivel: los mexicanos América y Pachuca, el Orlando Pride de Estados Unidos y el Chorrillo de Panamá. Una cachetada de realidad, vamos. Demostró que todavía hay mucho camino por recorrer para competir contra las potencias mundiales.
Ahora, con Wilmer López al frente, las manudas buscan el décimo campeonato. ¡Un logro histórico!, como nadie nunca había visto en el fútbol tico, ni masculino ni femenino. Pero la presión es enorme, la expectativa altísima. Se espera que confirmen su estatus de superpotencia, pero el fútbol es impredecible, ¿quién sabe qué puede pasar?
Muchos analistas señalan que la clave del éxito de la Alajuelense radica en su infraestructura, su cuerpo técnico y, sobre todo, en la mentalidad ganadora que han inculcado a sus jugadoras. Desde categorías inferiores, las niñas sueñan con vestir la camiseta rojinegra y levantar trofeos. Un modelo a seguir para todas las jóvenes futbolistas del país, sin lugar a dudas. Pero claro, también hay quienes critican la falta de inversión en otras ligas femeninas del país, argumentando que esto dificulta la competencia y perpetúa la hegemonía de la Alajuelense.
La verdad es que la desigualdad en el fútbol femenino es una vara muy dura de tragar. Mientras la Alajuelense cuenta con todos los recursos necesarios, otros equipos luchan con presupuestos mínimos y carencias evidentes. Esto limita su capacidad para retener talento y competir en igualdad de condiciones. Urge que las autoridades deportivas tomen cartas en el asunto y fomenten el desarrollo equitativo del fútbol femenino en todo el territorio nacional.
Algunos sugieren que sería bueno implementar programas de intercambio de jugadores entre diferentes ligas, o crear un fondo de apoyo económico para los clubes más pequeños. Otras ideas incluyen mejorar las instalaciones y ofrecer mejores condiciones laborales para las entrenadoras. Lo importante es reconocer que el futuro del fútbol femenino costarricense depende de la inversión y el compromiso de todos los actores involucrados. El descuido en las bases terminará pasando factura tarde o temprano.
En fin, veremos qué pasa con las Leones en su búsqueda del decampeonato. Será interesante observar si logran mantener su racha invicta o si algún otro equipo logra romper la hegemonía alajuelense. Pero más allá de los resultados deportivos, lo fundamental es seguir apoyando el crecimiento del fútbol femenino en Costa Rica. Ahora dime, ¿creen ustedes que alguna otra liga podrá desafiar seriamente el dominio de la Alajuelense en los próximos años, o continuará siendo una tendencia imparable?”,
Desde hace casi cinco años, la Alajuelense ha sido la reina indiscutible de nuestro balompié femenino. Sus jugadoras, formadas con una disciplina envidiable y un talento increíble, han destrozado a sus rivales semana tras semana. Un brete, te digo, ver cómo dominan el juego desde la defensa hasta el ataque. Han llevado el nombre de Costa Rica con orgullo, y eso es lo que nos llena de satisfacción, aunque también da un poquito de qué pensar.
Pero ojo, que no todo es color de rosa. Porque si bien acá en casa son imbatibles, a nivel internacional la cosa pinta diferente. En la última Copa de Campeones, terminaron cuartas de cinco, metidas en un grupo con equipos que sí saben lo que es jugar a alto nivel: los mexicanos América y Pachuca, el Orlando Pride de Estados Unidos y el Chorrillo de Panamá. Una cachetada de realidad, vamos. Demostró que todavía hay mucho camino por recorrer para competir contra las potencias mundiales.
Ahora, con Wilmer López al frente, las manudas buscan el décimo campeonato. ¡Un logro histórico!, como nadie nunca había visto en el fútbol tico, ni masculino ni femenino. Pero la presión es enorme, la expectativa altísima. Se espera que confirmen su estatus de superpotencia, pero el fútbol es impredecible, ¿quién sabe qué puede pasar?
Muchos analistas señalan que la clave del éxito de la Alajuelense radica en su infraestructura, su cuerpo técnico y, sobre todo, en la mentalidad ganadora que han inculcado a sus jugadoras. Desde categorías inferiores, las niñas sueñan con vestir la camiseta rojinegra y levantar trofeos. Un modelo a seguir para todas las jóvenes futbolistas del país, sin lugar a dudas. Pero claro, también hay quienes critican la falta de inversión en otras ligas femeninas del país, argumentando que esto dificulta la competencia y perpetúa la hegemonía de la Alajuelense.
La verdad es que la desigualdad en el fútbol femenino es una vara muy dura de tragar. Mientras la Alajuelense cuenta con todos los recursos necesarios, otros equipos luchan con presupuestos mínimos y carencias evidentes. Esto limita su capacidad para retener talento y competir en igualdad de condiciones. Urge que las autoridades deportivas tomen cartas en el asunto y fomenten el desarrollo equitativo del fútbol femenino en todo el territorio nacional.
Algunos sugieren que sería bueno implementar programas de intercambio de jugadores entre diferentes ligas, o crear un fondo de apoyo económico para los clubes más pequeños. Otras ideas incluyen mejorar las instalaciones y ofrecer mejores condiciones laborales para las entrenadoras. Lo importante es reconocer que el futuro del fútbol femenino costarricense depende de la inversión y el compromiso de todos los actores involucrados. El descuido en las bases terminará pasando factura tarde o temprano.
En fin, veremos qué pasa con las Leones en su búsqueda del decampeonato. Será interesante observar si logran mantener su racha invicta o si algún otro equipo logra romper la hegemonía alajuelense. Pero más allá de los resultados deportivos, lo fundamental es seguir apoyando el crecimiento del fútbol femenino en Costa Rica. Ahora dime, ¿creen ustedes que alguna otra liga podrá desafiar seriamente el dominio de la Alajuelense en los próximos años, o continuará siendo una tendencia imparable?”,