Ay, Dios mío, qué pesar... La tranquilidad matutina en el norte del país se hizo añicos el jueves pasado cuando un tremendo choque en la Ruta 4 dejó a dos personas sin vida y causó un verdadero relajo en el tráfico. Esto pasó cerquita del hotel Tilajari, en Muelle de Florencia, San Carlos – un lugar donde siempre hay movimiento, imagínate.
Según nos cuentan los vecinos y los que andaban por la zona, todo empezó alrededor de las tres de la mañana. De repente, boom, un estruendo que espantó hasta los gallos. Resulta que un Hyundai Accent y un Toyota Hilux se cruzaron de frente en un abrazo de metal que no dio oportunidad a nadie. La Cruz Roja y los bomberos llegaron rapidísimo, pero ya era demasiado tarde para los del sedan.
La escena era de película, pero no de las buenas, vamos. El Accent estaba hecho trizas, parecía lata de sardinas aplastada. Los pobres tipos ahí adentro, atrapados entre el hierro torcido, tenían entre 30 y 45 años, dicen. Los rescatistas trabajaron duro para sacarlos, pero lamentablemente ya no había nada que hacer. Lo peor es que esto pasó en plena pandemia, con tanto sufrimiento ya encima...
La señora que iba manejando el Hilux, una doña de apellido Pérez, salió ilesa, aunque bien traumada, claro. La llevaron al hospital de San Carlos para revisarla, por si acaso. Menos mal que ella está bien, porque pudo haber sido mucho peor. Imagínate el susto que se llevó, salir de semejante golpe y estar entera.
Por supuesto, la Ruta 4 quedó totalmente bloqueada por más de cuatro horas. Un maje embotellamiento, así nomás. Desde primera hora de la mañana hasta casi medio día, la gente varada, esperando poder pasar. Algunos gritándose, otros rezando, pura tensión. Los carros haciendo bocina, ¡qué bulla! Las autoridades tuvieron que poner operativos especiales para desviar el tráfico por caminos alternativos, pero igual hubo retrasos para todos.
Ahora, los investigadores del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) están tratando de armar el rompecabezas para ver qué pasó realmente. Se habla de exceso de velocidad, de posible invasión de carril, incluso de si las condiciones de la vía pudieron haber influido. Dicen que la neblina era densa esa noche, así que podría haber afectado la visibilidad. Vamos, que hay muchas cosas que aclarar.
Esta tragedia nos recuerda, una vez más, lo importante que es conducir con precaución, especialmente de noche y cuando estamos cansados. Que nos pongamos las pilas, che, porque estos accidentes no tienen nombre. Hay que respetar las señales, mantener la distancia y, sobre todo, no manejar bajo efectos del alcohol ni de drogas. Pura irresponsabilidad, y al final pagan las víctimas inocentes.
Así que, mi gente, contemosle a nuestros panas y familiares lo peligroso que es la carretera. Y ahora dime, tú, ¿crees que debería haber más controles policiales en estas rutas peligrosas, o prefieres que cada quien se respete solito al volante?
Según nos cuentan los vecinos y los que andaban por la zona, todo empezó alrededor de las tres de la mañana. De repente, boom, un estruendo que espantó hasta los gallos. Resulta que un Hyundai Accent y un Toyota Hilux se cruzaron de frente en un abrazo de metal que no dio oportunidad a nadie. La Cruz Roja y los bomberos llegaron rapidísimo, pero ya era demasiado tarde para los del sedan.
La escena era de película, pero no de las buenas, vamos. El Accent estaba hecho trizas, parecía lata de sardinas aplastada. Los pobres tipos ahí adentro, atrapados entre el hierro torcido, tenían entre 30 y 45 años, dicen. Los rescatistas trabajaron duro para sacarlos, pero lamentablemente ya no había nada que hacer. Lo peor es que esto pasó en plena pandemia, con tanto sufrimiento ya encima...
La señora que iba manejando el Hilux, una doña de apellido Pérez, salió ilesa, aunque bien traumada, claro. La llevaron al hospital de San Carlos para revisarla, por si acaso. Menos mal que ella está bien, porque pudo haber sido mucho peor. Imagínate el susto que se llevó, salir de semejante golpe y estar entera.
Por supuesto, la Ruta 4 quedó totalmente bloqueada por más de cuatro horas. Un maje embotellamiento, así nomás. Desde primera hora de la mañana hasta casi medio día, la gente varada, esperando poder pasar. Algunos gritándose, otros rezando, pura tensión. Los carros haciendo bocina, ¡qué bulla! Las autoridades tuvieron que poner operativos especiales para desviar el tráfico por caminos alternativos, pero igual hubo retrasos para todos.
Ahora, los investigadores del Organismo de Investigación Judicial (OIJ) están tratando de armar el rompecabezas para ver qué pasó realmente. Se habla de exceso de velocidad, de posible invasión de carril, incluso de si las condiciones de la vía pudieron haber influido. Dicen que la neblina era densa esa noche, así que podría haber afectado la visibilidad. Vamos, que hay muchas cosas que aclarar.
Esta tragedia nos recuerda, una vez más, lo importante que es conducir con precaución, especialmente de noche y cuando estamos cansados. Que nos pongamos las pilas, che, porque estos accidentes no tienen nombre. Hay que respetar las señales, mantener la distancia y, sobre todo, no manejar bajo efectos del alcohol ni de drogas. Pura irresponsabilidad, y al final pagan las víctimas inocentes.
Así que, mi gente, contemosle a nuestros panas y familiares lo peligroso que es la carretera. Y ahora dime, tú, ¿crees que debería haber más controles policiales en estas rutas peligrosas, o prefieres que cada quien se respete solito al volante?