¡Aguante! Ya casi podemos dejar de madrugar para ponerle guita al Sinpe y subirnos al bus tranquilos. El Banco Central de Costa Rica (BCCR) anunció que para febrero, tendremos las tarjetas recargables Sinpe-TP, un monedero electrónico que promete facilitar el pago del transporte público, especialmente para aquellos que andan desconectados del mundo bancario. O sea, pa’ los que no tienen tarjeta de crédito ni cuenta en el banco.
Durante años hemos visto cómo la tecnología avanza a pasos gigantescos, pero el tema del transporte público seguía rezagado. Siempre la misma pelea con el efectivo, las filas en las taquillas y el cambio suelto. Pero parece que ahora sí, vamos a darle una vuelta a este brete. Según Carlos Melegatti, el capo de la División de Sistemas de Pago del BCCR, la idea es sacarle el dedo del medio al sistema bancario tradicional y llevar la recarga directamente a las pulperías, tiendas de barrio y esos lugarcitos donde la gente común hace sus cosas diarias.
¿Se imaginan? En lugar de tener que arrastrarnos hasta un banco, podremos pasar por la pulpería de Doña Rosa y recargar la tarjetita. Eso sí, don Carlos nos advierte: habrá capacitación para los pulperos. Acuérdense que esto va pa’ la gente que no anda entrando a los bancos, así que la pulpería se convertirá en una especie de sucursal bancaria improvisada. Un poquito de ayuda extra pa’ quienes más lo necesitan, diay.
Y ojo, porque estas tarjetas no serán cualquier cosa. No podrás usarlas para comprarse unos churros o mandar dinero a familiares lejos. Están diseñadas exclusivamente para el transporte público. Así, asegura el BCCR, evitamos futuros problemas y malos entendidos. Al parecer, hubo algunas alertas tempranas sobre cómo podrían usarse indebidamente. Mejor prevenir que lamentar, dicen por ahí.
Una de las mejores noticias es que la recarga se hará a través del Sinpe Móvil, esa aplicación que ya usamos todos para pagarle al taxista o pedir comida a domicilio. Cada tarjeta tendrá un alias único, como si te crearan un nombre nuevo solo para el bus. Con ese alias, puedes recibir transferencias gratis, las 24 horas del día. Imaginen la facilidad: tu hija te manda la plata desde Estados Unidos y tú te la echas directo a la tarjeta para ir al trabajo, ¡qué chiva!
Pero no solo eso, también tendrán un número IBAN, como las cuentas bancarias normales. Esto permitirá que el gobierno, las municipalidades o el Ministerio de Educación depositen dineros directamente en la tarjeta para pagar el transporte. Así, aseguran que la plata llegue a su destino final sin ningún desvío sospechoso. Una ventaja interesante, especialmente en tiempos donde la transparencia es un tema clave. Se nota que están poniendo empeño en hacer bien las cosas, aunque siempre queda la duda si realmente funcionará perfecto, ¡qué torta sería si tuviera problemas!
Además, el BCCR sueña con que esto sea el primer paso hacia la bancarización de toda la población. Dicen que muchos van a empezar usando este monedero sencillo, y luego, poco a poco, se animarán a abrir una cuenta de débito y aprovechar todos los beneficios que ofrece el sistema financiero. Un plan ambicioso, pero con potencial. Don Carlos lo pinta como una ‘bancarización suave’, una manera de acercar a la banca a la gente que históricamente ha estado al margen.
Definitivamente, esta iniciativa suena prometedora y podría cambiar radicalmente la forma en que pagamos el transporte público. Pero me pregunto, ¿creen que esta estrategia realmente alcanzará a la población no bancarizada o simplemente será otro intento que se irá al traste? ¿Les parece una buena idea que las pulperías sean las encargadas de gestionar estas tarjetas, o creen que debería haber alguna otra alternativa?
Durante años hemos visto cómo la tecnología avanza a pasos gigantescos, pero el tema del transporte público seguía rezagado. Siempre la misma pelea con el efectivo, las filas en las taquillas y el cambio suelto. Pero parece que ahora sí, vamos a darle una vuelta a este brete. Según Carlos Melegatti, el capo de la División de Sistemas de Pago del BCCR, la idea es sacarle el dedo del medio al sistema bancario tradicional y llevar la recarga directamente a las pulperías, tiendas de barrio y esos lugarcitos donde la gente común hace sus cosas diarias.
¿Se imaginan? En lugar de tener que arrastrarnos hasta un banco, podremos pasar por la pulpería de Doña Rosa y recargar la tarjetita. Eso sí, don Carlos nos advierte: habrá capacitación para los pulperos. Acuérdense que esto va pa’ la gente que no anda entrando a los bancos, así que la pulpería se convertirá en una especie de sucursal bancaria improvisada. Un poquito de ayuda extra pa’ quienes más lo necesitan, diay.
Y ojo, porque estas tarjetas no serán cualquier cosa. No podrás usarlas para comprarse unos churros o mandar dinero a familiares lejos. Están diseñadas exclusivamente para el transporte público. Así, asegura el BCCR, evitamos futuros problemas y malos entendidos. Al parecer, hubo algunas alertas tempranas sobre cómo podrían usarse indebidamente. Mejor prevenir que lamentar, dicen por ahí.
Una de las mejores noticias es que la recarga se hará a través del Sinpe Móvil, esa aplicación que ya usamos todos para pagarle al taxista o pedir comida a domicilio. Cada tarjeta tendrá un alias único, como si te crearan un nombre nuevo solo para el bus. Con ese alias, puedes recibir transferencias gratis, las 24 horas del día. Imaginen la facilidad: tu hija te manda la plata desde Estados Unidos y tú te la echas directo a la tarjeta para ir al trabajo, ¡qué chiva!
Pero no solo eso, también tendrán un número IBAN, como las cuentas bancarias normales. Esto permitirá que el gobierno, las municipalidades o el Ministerio de Educación depositen dineros directamente en la tarjeta para pagar el transporte. Así, aseguran que la plata llegue a su destino final sin ningún desvío sospechoso. Una ventaja interesante, especialmente en tiempos donde la transparencia es un tema clave. Se nota que están poniendo empeño en hacer bien las cosas, aunque siempre queda la duda si realmente funcionará perfecto, ¡qué torta sería si tuviera problemas!
Además, el BCCR sueña con que esto sea el primer paso hacia la bancarización de toda la población. Dicen que muchos van a empezar usando este monedero sencillo, y luego, poco a poco, se animarán a abrir una cuenta de débito y aprovechar todos los beneficios que ofrece el sistema financiero. Un plan ambicioso, pero con potencial. Don Carlos lo pinta como una ‘bancarización suave’, una manera de acercar a la banca a la gente que históricamente ha estado al margen.
Definitivamente, esta iniciativa suena prometedora y podría cambiar radicalmente la forma en que pagamos el transporte público. Pero me pregunto, ¿creen que esta estrategia realmente alcanzará a la población no bancarizada o simplemente será otro intento que se irá al traste? ¿Les parece una buena idea que las pulperías sean las encargadas de gestionar estas tarjetas, o creen que debería haber alguna otra alternativa?