¡Ay, Dios mío! Quién lo diría, aquí seguimos sacando bichos de debajo de la piedra. El Organismo de Investigación Judicial (OIJ) le pegó duro a una banda dedicada a la trata de personas con fines de explotación sexual en Guanacaste. Parece mentira que siga pasando esto en nuestro país, pero bueno, ahí tenemos que estar alertas, ¿verdad?
La cosa se armó la noche del viernes en Belén de Carrillo, donde el OIJ realizó dos allanamientos simultáneos. Al parecer, esta vaina llevaba operando desde diciembre del año pasado, ¡casi un año engañando al sistema! Se dice que tenían bien montada la movida, prometiendo oro y moro a unas muchachas para después meterlas en problemas bien gordos.
Los que anduvieron tramoyendo esta bronca son tres: dos dominicanas identificadas como Valerio, de 27 años, y Moronta, de 30 años, y un vato costarricense llamado Cruz, de 35. Ahora mismo están a disposición del Ministerio Público, esperando ver qué les toca. ¡Que les caiga todo lo que merecen!
Según el OIJ, estos personajes estaban dedicados a captar, movilizar y explotar mujeres –parece que también extranjeras– en la zona de Liberia y sus alrededores. Esta área, ya saben, es parada dura por el turismo, y eso facilita que hagan sus trapicheos. Uno se queda pensando cómo es que pudieron pasar tan piola tanto tiempo así.
Durante los allanamientos, los judiciales se encontraron con un botín que no cualquiera acumula: ¡más de nueve millones de colones en efectivo! Además, decomisaron tres pasaportes, seis celulares, y unas tarjetas microSD con quién sabe qué pruebas escondidas. Imagínate la plata que deben haber estado generando, con lo cual se confirma que era una operación bien rentable para ellos, ¡unos sinvergüenzas!
Ahora, el delito que se les imputa es trata de personas con fines de explotación sexual, que es una figura super grave en nuestro Código Penal. Las penas pueden superar los diez años de prisión, así que sí, se van a llevar una sorpresa. Y ni hablar del daño psicológico que le causaron a las víctimas, eso no tiene precio.
Este caso nos recuerda que Guanacaste, con toda su belleza y dinamismo turístico, sigue siendo un lugar vulnerable para este tipo de delitos. Hay que ponerle atención a la protección de las mujeres migrantes, que son quienes más sufren en estas situaciones. Necesitamos más controles, más denuncias y, sobre todo, más conciencia social para evitar que esto siga pasando.
Es lamentable tener que seguir hablando de estas tragedias, pero hay que sacar provecho a la situación. ¿Ustedes creen que deberíamos implementar programas especiales de capacitación y sensibilización para los trabajadores del sector turístico, para que puedan identificar y denunciar casos de trata de personas? ¡Vamos a darle candela a este asunto en el foro!
La cosa se armó la noche del viernes en Belén de Carrillo, donde el OIJ realizó dos allanamientos simultáneos. Al parecer, esta vaina llevaba operando desde diciembre del año pasado, ¡casi un año engañando al sistema! Se dice que tenían bien montada la movida, prometiendo oro y moro a unas muchachas para después meterlas en problemas bien gordos.
Los que anduvieron tramoyendo esta bronca son tres: dos dominicanas identificadas como Valerio, de 27 años, y Moronta, de 30 años, y un vato costarricense llamado Cruz, de 35. Ahora mismo están a disposición del Ministerio Público, esperando ver qué les toca. ¡Que les caiga todo lo que merecen!
Según el OIJ, estos personajes estaban dedicados a captar, movilizar y explotar mujeres –parece que también extranjeras– en la zona de Liberia y sus alrededores. Esta área, ya saben, es parada dura por el turismo, y eso facilita que hagan sus trapicheos. Uno se queda pensando cómo es que pudieron pasar tan piola tanto tiempo así.
Durante los allanamientos, los judiciales se encontraron con un botín que no cualquiera acumula: ¡más de nueve millones de colones en efectivo! Además, decomisaron tres pasaportes, seis celulares, y unas tarjetas microSD con quién sabe qué pruebas escondidas. Imagínate la plata que deben haber estado generando, con lo cual se confirma que era una operación bien rentable para ellos, ¡unos sinvergüenzas!
Ahora, el delito que se les imputa es trata de personas con fines de explotación sexual, que es una figura super grave en nuestro Código Penal. Las penas pueden superar los diez años de prisión, así que sí, se van a llevar una sorpresa. Y ni hablar del daño psicológico que le causaron a las víctimas, eso no tiene precio.
Este caso nos recuerda que Guanacaste, con toda su belleza y dinamismo turístico, sigue siendo un lugar vulnerable para este tipo de delitos. Hay que ponerle atención a la protección de las mujeres migrantes, que son quienes más sufren en estas situaciones. Necesitamos más controles, más denuncias y, sobre todo, más conciencia social para evitar que esto siga pasando.
Es lamentable tener que seguir hablando de estas tragedias, pero hay que sacar provecho a la situación. ¿Ustedes creen que deberíamos implementar programas especiales de capacitación y sensibilización para los trabajadores del sector turístico, para que puedan identificar y denunciar casos de trata de personas? ¡Vamos a darle candela a este asunto en el foro!