¡Ay, Dios mío! Aquí seguimos, como dirían mis abuelos, “haciendo la vaca” para ver si algún día nos traen unos trenes decentes. Resulta que, después de cuatro largos años desde que salió el Gobierno de Carlos Alvarado, todavía no tenemos un solo tren nuevo circulando por nuestras vías. Y parece que la situación no va a mejorar pronto, pues el Incofer, nuestro Instituto Costarricense de Ferrocarriles, no tiene planes inmediatos de adquirir unidades nuevas, ni siquiera para el próximo año. ¡Qué despache!
Consultamos directamente al Incofer, buscando saber qué onda con la renovación del material rodante, tanto para 2025 como para el 2026. La respuesta, señores, fue lapidaria: “Se han realizado acercamientos con algunos países para analizar la posibilidad de compra, sin embargo, no se han adquirido unidades”. O sea, estamos dando vueltas, haciendo contactos, pero al final, nada concreto. Parece que la ilusión de viajar cómodos en tren seguirá siendo solo eso, una ilusión.
Pero ojo, que mientras no compramos trenes nuevos, sí estamos metidos hasta el cuello en el proyecto del Tren Eléctrico Metropolitano, cariñosamente conocido como “Tibi”. Ahí sí que están poniendo toda la carne al asador, buscando financiamiento y avanzando con el proyecto. Este Tibi, con una inversión multimillonaria proveniente del BCIE y del Banco Europeo de Inversiones, promete revolucionar el transporte público en la Gran Área Metropolitana. El problema es que, mientras esperamos por el Tibi, seguimos viajando en vagones que ya dieron lo que tenían que dar… y quizás un poco más.
Si revisamos las estadísticas, la cosa pinta cada vez peor. En 2022 tuvimos 2.5 millones de pasajeros, y para el 2024 esa cifra saltó a casi 3.7 millones. ¡Un millón y cien mil personas más usando el mismo material rodante! Esto significa más gente apretujada, más viajes de pie, y más incomodidad general. Pura torta, diay. Uno se pregunta cómo hacen los compañeros para aguantar esos trasbordos en hora pico. ¡Es un brete!
Ahora, entremos en materia de finanzas. El último esfuerzo significativo en la compra de trenes fue allá por 2020, durante el gobierno de Carlos Alvarado, quien adquirió ocho unidades que hoy siguen funcionando junto con otras ocho ya existentes. Pero con tanta demanda, es inevitable que estos trenes sufran desgaste, requiriendo reparaciones constantes. Según fuentes internas, solo el arreglo de los aires acondicionados ha implicado una inversión considerable. Y claro, nadie quiere andar con carros viejos, pero nuestros trenes llevan años cumpliendo la función, aunque no precisamente como deberían.
El presidente ejecutivo de Incofer, Álvaro Bermúdez, ha declarado que comprar trenes usados simplemente no tiene sentido. Argumenta que esas máquinas, muchas veces con 40 o 50 años de antigüedad, implican gastos altísimos en repuestos y mantenimiento. Además, señala que incluso los trenes nuevos sufren fallas si operan en vías férreas deterioradas. Entonces, la estrategia es enfocarse en mejorar las vías primero, antes de pensar en renovar el material rodante. Una lógica que suena sensata, pero deja a los usuarios en una situación precaria.
Y la cosa no termina ahí. También hemos comprobado que no se han adquirido agujas nuevas para los cruces ferroviarios en esta administración. Lo último que se compró fue allá por febrero de 2024, ¡antes incluso de que asumiera el cargo Rodrigo Chaves! La falta de agujas adecuadas puede provocar accidentes y retrasos, obligando a retirar temporalmente las unidades afectadas para su reparación. Todo esto afecta gravemente el servicio, generando molestias y frustraciones entre los usuarios. ¡Qué sal!
En resumen, la situación del tren en Costa Rica es complicada. Mientras esperamos por el Tibi, los usuarios debemos resignarnos a viajar en trenes antiguos y con limitaciones. La inversión se enfoca principalmente en la infraestructura, dejando de lado la renovación del material rodante. Así, mientras tanto, seguiremos apretados, incómodos y preguntándonos: ¿Será que alguna vez tendremos un sistema ferroviario digno para todos los costarricenses, o continuaremos siendo el país de los trenes vistos pasar? ¿Ustedes creen que realmente el Tibi resolverá todos nuestros problemas de movilidad o habrá sorpresas desagradables en el camino?
Consultamos directamente al Incofer, buscando saber qué onda con la renovación del material rodante, tanto para 2025 como para el 2026. La respuesta, señores, fue lapidaria: “Se han realizado acercamientos con algunos países para analizar la posibilidad de compra, sin embargo, no se han adquirido unidades”. O sea, estamos dando vueltas, haciendo contactos, pero al final, nada concreto. Parece que la ilusión de viajar cómodos en tren seguirá siendo solo eso, una ilusión.
Pero ojo, que mientras no compramos trenes nuevos, sí estamos metidos hasta el cuello en el proyecto del Tren Eléctrico Metropolitano, cariñosamente conocido como “Tibi”. Ahí sí que están poniendo toda la carne al asador, buscando financiamiento y avanzando con el proyecto. Este Tibi, con una inversión multimillonaria proveniente del BCIE y del Banco Europeo de Inversiones, promete revolucionar el transporte público en la Gran Área Metropolitana. El problema es que, mientras esperamos por el Tibi, seguimos viajando en vagones que ya dieron lo que tenían que dar… y quizás un poco más.
Si revisamos las estadísticas, la cosa pinta cada vez peor. En 2022 tuvimos 2.5 millones de pasajeros, y para el 2024 esa cifra saltó a casi 3.7 millones. ¡Un millón y cien mil personas más usando el mismo material rodante! Esto significa más gente apretujada, más viajes de pie, y más incomodidad general. Pura torta, diay. Uno se pregunta cómo hacen los compañeros para aguantar esos trasbordos en hora pico. ¡Es un brete!
Ahora, entremos en materia de finanzas. El último esfuerzo significativo en la compra de trenes fue allá por 2020, durante el gobierno de Carlos Alvarado, quien adquirió ocho unidades que hoy siguen funcionando junto con otras ocho ya existentes. Pero con tanta demanda, es inevitable que estos trenes sufran desgaste, requiriendo reparaciones constantes. Según fuentes internas, solo el arreglo de los aires acondicionados ha implicado una inversión considerable. Y claro, nadie quiere andar con carros viejos, pero nuestros trenes llevan años cumpliendo la función, aunque no precisamente como deberían.
El presidente ejecutivo de Incofer, Álvaro Bermúdez, ha declarado que comprar trenes usados simplemente no tiene sentido. Argumenta que esas máquinas, muchas veces con 40 o 50 años de antigüedad, implican gastos altísimos en repuestos y mantenimiento. Además, señala que incluso los trenes nuevos sufren fallas si operan en vías férreas deterioradas. Entonces, la estrategia es enfocarse en mejorar las vías primero, antes de pensar en renovar el material rodante. Una lógica que suena sensata, pero deja a los usuarios en una situación precaria.
Y la cosa no termina ahí. También hemos comprobado que no se han adquirido agujas nuevas para los cruces ferroviarios en esta administración. Lo último que se compró fue allá por febrero de 2024, ¡antes incluso de que asumiera el cargo Rodrigo Chaves! La falta de agujas adecuadas puede provocar accidentes y retrasos, obligando a retirar temporalmente las unidades afectadas para su reparación. Todo esto afecta gravemente el servicio, generando molestias y frustraciones entre los usuarios. ¡Qué sal!
En resumen, la situación del tren en Costa Rica es complicada. Mientras esperamos por el Tibi, los usuarios debemos resignarnos a viajar en trenes antiguos y con limitaciones. La inversión se enfoca principalmente en la infraestructura, dejando de lado la renovación del material rodante. Así, mientras tanto, seguiremos apretados, incómodos y preguntándonos: ¿Será que alguna vez tendremos un sistema ferroviario digno para todos los costarricenses, o continuaremos siendo el país de los trenes vistos pasar? ¿Ustedes creen que realmente el Tibi resolverá todos nuestros problemas de movilidad o habrá sorpresas desagradables en el camino?