¡Ay, Dios mío! Ya estamos viendo cómo el planeta se nos derrite como helao en día de sol. Resulta que 2025, según dicen los científicos, ha sido el tercer año más caluroso de la historia, solo detrás del 2023 y el 2024. ¡Imagínate! Y eso que todavía tenemos que aguantar el verano… este se va a poner pa’ pelar, chunche.
Lo peor de todo es que, por primera vez que recuerden los viejitos, hemos tenido tres años seguidos pasando del límite de 1.5°C respecto a como era la cosa antes de que nosotros nos enchirmáramos con tanta chimenea y carro. Copernicus, que son unos señores europeos que miden esto, lo confirmaron. No es una cosita aislada, brete, es que la cosa va escalando, y no para bien, diay.
Según el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas, la temperatura promedio mundial en 2025 llegó a los 14.97°C, lo que significa que estamos 1.47°C más calientes que en la época en que los abuelos andaban corriendo por los campos. ¡Eso sí da qué pensar! Otro centro, Berkeley Earth, dice algo parecido, así que no es solo cosa de unos pocos neuroncitos preocupados, es la pura verdad.
Y no es solo a nivel mundial, mi pana. Aquí en Europa tuvieron su tercer año más caluroso también. Pero lo que más me asusta es lo que está pasando en los polos. La Antártida tuvo el año más quente que han medido nunca, ¡y el Ártico, el segundo! Eso sí que es una señal de alarma, porque esos lugares son como los termómetros del mundo, te dan aviso temprano de lo que está pasando.
Pero esto no son solo números fríos, ¿eh? Esto se traduce en cosas que sentimos en carne propia: olas de calor que te dejan tirado, sequías que secan hasta el alma, incendios que queman todo lo que se cruzan en el camino y lluvias torrenciales que te dejan varado. Acá en Costa Rica, estamos sintiendo el fajón en la falta de agua, en los cultivos que no dan como antes y en nuestros ecosistemas, especialmente en la costa y en los parques nacionales. ¡Qué vara!
Además, el calorcito extra está poniendo a prueba nuestra biodiversidad, que ya anda un poco espantada, y el nivel del mar está subiendo, amenazando a las comunidades que viven cerca de la costa. Son situaciones delicadas que no podemos ignorar, maé. Tenemos que ponernos las pilas antes de que sea demasiado tarde, porque el problema no es pequeño, y las soluciones tampoco serán fáciles.
Dicen los pronósticos que 2026 podría ser igual de caliente, e incluso peor, si se presenta otro fenómeno de El Niño. Lo que nos quieren decir es que, si seguimos haciendo lo mismo, vamos a superar ese límite de 1.5°C antes de que acabe la década. Y eso, imagínatelo, significará más problemas: más calor, más sequías, más inundaciones… ¡Un maje! Las consecuencias económicas, sociales y ambientales van a ser terribles, y nos tocará pagarlas a todos.
Así que, ¿qué hacemos ahora? ¿Seguimos mirando para otro lado mientras el planeta se cocina a fuego lento, o empezamos a tomar medidas serias para reducir nuestras emisiones y proteger nuestro hogar? ¿Crees que todavía estamos a tiempo de darle la vuelta a esta tortilla, o ya estamos condenados a ver cómo nuestro hermoso país se transforma en un desierto? ¡Dale, cuéntame qué piensas tú!
Lo peor de todo es que, por primera vez que recuerden los viejitos, hemos tenido tres años seguidos pasando del límite de 1.5°C respecto a como era la cosa antes de que nosotros nos enchirmáramos con tanta chimenea y carro. Copernicus, que son unos señores europeos que miden esto, lo confirmaron. No es una cosita aislada, brete, es que la cosa va escalando, y no para bien, diay.
Según el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas, la temperatura promedio mundial en 2025 llegó a los 14.97°C, lo que significa que estamos 1.47°C más calientes que en la época en que los abuelos andaban corriendo por los campos. ¡Eso sí da qué pensar! Otro centro, Berkeley Earth, dice algo parecido, así que no es solo cosa de unos pocos neuroncitos preocupados, es la pura verdad.
Y no es solo a nivel mundial, mi pana. Aquí en Europa tuvieron su tercer año más caluroso también. Pero lo que más me asusta es lo que está pasando en los polos. La Antártida tuvo el año más quente que han medido nunca, ¡y el Ártico, el segundo! Eso sí que es una señal de alarma, porque esos lugares son como los termómetros del mundo, te dan aviso temprano de lo que está pasando.
Pero esto no son solo números fríos, ¿eh? Esto se traduce en cosas que sentimos en carne propia: olas de calor que te dejan tirado, sequías que secan hasta el alma, incendios que queman todo lo que se cruzan en el camino y lluvias torrenciales que te dejan varado. Acá en Costa Rica, estamos sintiendo el fajón en la falta de agua, en los cultivos que no dan como antes y en nuestros ecosistemas, especialmente en la costa y en los parques nacionales. ¡Qué vara!
Además, el calorcito extra está poniendo a prueba nuestra biodiversidad, que ya anda un poco espantada, y el nivel del mar está subiendo, amenazando a las comunidades que viven cerca de la costa. Son situaciones delicadas que no podemos ignorar, maé. Tenemos que ponernos las pilas antes de que sea demasiado tarde, porque el problema no es pequeño, y las soluciones tampoco serán fáciles.
Dicen los pronósticos que 2026 podría ser igual de caliente, e incluso peor, si se presenta otro fenómeno de El Niño. Lo que nos quieren decir es que, si seguimos haciendo lo mismo, vamos a superar ese límite de 1.5°C antes de que acabe la década. Y eso, imagínatelo, significará más problemas: más calor, más sequías, más inundaciones… ¡Un maje! Las consecuencias económicas, sociales y ambientales van a ser terribles, y nos tocará pagarlas a todos.
Así que, ¿qué hacemos ahora? ¿Seguimos mirando para otro lado mientras el planeta se cocina a fuego lento, o empezamos a tomar medidas serias para reducir nuestras emisiones y proteger nuestro hogar? ¿Crees que todavía estamos a tiempo de darle la vuelta a esta tortilla, o ya estamos condenados a ver cómo nuestro hermoso país se transforma en un desierto? ¡Dale, cuéntame qué piensas tú!