¡Ay, Dios mío, qué vaina! Resulta que el Presidente Nayib Bukele, pa’lante como siempre, vino a Costa Rica a poner la primera piedra de la tan esperada megacárcel. Y no vino solo, llegó acompañado del nuestro, Don Rodri, quien parece que le dio un empujón extra a la idea de agarrarlele con dureza a la delincuencia. Uno diría que andan buscando darle vuelta a la tortilla, porque ya saben, la seguridad por acá anda más floja que café aguado.
Pa’ quienes no estén enterados, la megacárcel es la solución que propone el gobierno para parar de cuajo la ola de violencia que nos está cayendo encima. Con espacio para 5 mil reos, dicen que estará equipada con siete portones de vigilancia, cuatro puestos de control interno y hasta veinte celdas de aislamiento. Una verdadera fortaleza, vamos. Pero claro, con todo este rollo, uno se pregunta si realmente va a servir o si simplemente estamos gastando plata que podríamos invertir en educación o salud.
Bukele, el salvadoreño, vino a contarnos su propia historia, cómo transformó su país de ser uno de los más peligrosos del mundo a uno ejemplo de paz. Dijo que al principio nadie creía en él, que le decían loco por querer enfrentar a las pandillas directamente. Pero él siguió adelante y ahora mira, ¡son la envidia de muchos! Eso sí, advirtió que el problema de Costa Rica es diferente, pero que si no nos agarramos con ganas, podemos terminar yéndonos al traste. Que el crimen, según él, es como un cáncer que empieza pequeñito y te come vivo si no lo tratas a tiempo. ¡Qué sal!
Imagínense, el tipo hasta contó una historia escalofriante de cómo un miembro de una pandilla le cortó las manos a su propia abuela por negarse a pagar un impuesto. ¡Una barbaridad! Ahí te das cuenta de a qué niveles pueden llegar esos tipos cuando se les da rienda suelta. Bukele insistió en que si no hacemos algo pronto, vamos a acabar teniendo dos gobiernos en el país: uno legítimo y otro manejado por los delincuentes. ¡Qué torta sería eso!
Pero ojo, que la cosa no termina ahí. Chaves, nuestro presidente, también soltó unas verdades bien fuertes. Dijo que toda esta inversión en la megacárcel puede ser en vano si el Congreso no aprueba las reformas necesarias para mantener a los delincuentes más pesados tras las rejas. Insistió que necesitamos diputados valientes, que le tengan valor a enfrentarse a los intereses creados. Porque sino, advirtió, la cárcel se quedará vacía y estaremos perdiendo la plata a la deriva. ¡Un brete!
Y hablando de plata, la construcción de esta megacárcel costará unos 16 mil millones de colones, una suma considerable que, obviamente, generó debate. Algunos argumentan que es una necesidad urgente para recuperar la tranquilidad en el país, mientras que otros critican que sería mejor invertir en programas sociales que ataquen las causas profundas del delito. Como sea, la decisión ya está tomada y ahora toca esperar a ver si funciona o si al final nos echamos unas rifas.
La verdad es que la situación se está poniendo fea. En los últimos tres años hemos visto cómo la violencia se descontrola, con cifras récord de asesinatos y un aumento preocupante en el tráfico de drogas. El turismo, que era nuestra gallina de los huevos de oro, se está viendo afectado, la inversión extranjera huyó presas y los ciudadanos vivimos con miedo. Como decía Bukele, si no ponemos freno a esto, vamos a acabar peor que El Salvador en sus peores tiempos. ¡Qué carga!
Ahora bien, dejando de lado toda esta polémica, me pregunto: ¿Realmente creen que la megacárcel es la solución definitiva al problema de la inseguridad en Costa Rica, o deberíamos estar enfocándonos en atacar las raíces del problema, como la pobreza y la desigualdad social? ¡Díganme qué piensan en los comentarios, pues!
Pa’ quienes no estén enterados, la megacárcel es la solución que propone el gobierno para parar de cuajo la ola de violencia que nos está cayendo encima. Con espacio para 5 mil reos, dicen que estará equipada con siete portones de vigilancia, cuatro puestos de control interno y hasta veinte celdas de aislamiento. Una verdadera fortaleza, vamos. Pero claro, con todo este rollo, uno se pregunta si realmente va a servir o si simplemente estamos gastando plata que podríamos invertir en educación o salud.
Bukele, el salvadoreño, vino a contarnos su propia historia, cómo transformó su país de ser uno de los más peligrosos del mundo a uno ejemplo de paz. Dijo que al principio nadie creía en él, que le decían loco por querer enfrentar a las pandillas directamente. Pero él siguió adelante y ahora mira, ¡son la envidia de muchos! Eso sí, advirtió que el problema de Costa Rica es diferente, pero que si no nos agarramos con ganas, podemos terminar yéndonos al traste. Que el crimen, según él, es como un cáncer que empieza pequeñito y te come vivo si no lo tratas a tiempo. ¡Qué sal!
Imagínense, el tipo hasta contó una historia escalofriante de cómo un miembro de una pandilla le cortó las manos a su propia abuela por negarse a pagar un impuesto. ¡Una barbaridad! Ahí te das cuenta de a qué niveles pueden llegar esos tipos cuando se les da rienda suelta. Bukele insistió en que si no hacemos algo pronto, vamos a acabar teniendo dos gobiernos en el país: uno legítimo y otro manejado por los delincuentes. ¡Qué torta sería eso!
Pero ojo, que la cosa no termina ahí. Chaves, nuestro presidente, también soltó unas verdades bien fuertes. Dijo que toda esta inversión en la megacárcel puede ser en vano si el Congreso no aprueba las reformas necesarias para mantener a los delincuentes más pesados tras las rejas. Insistió que necesitamos diputados valientes, que le tengan valor a enfrentarse a los intereses creados. Porque sino, advirtió, la cárcel se quedará vacía y estaremos perdiendo la plata a la deriva. ¡Un brete!
Y hablando de plata, la construcción de esta megacárcel costará unos 16 mil millones de colones, una suma considerable que, obviamente, generó debate. Algunos argumentan que es una necesidad urgente para recuperar la tranquilidad en el país, mientras que otros critican que sería mejor invertir en programas sociales que ataquen las causas profundas del delito. Como sea, la decisión ya está tomada y ahora toca esperar a ver si funciona o si al final nos echamos unas rifas.
La verdad es que la situación se está poniendo fea. En los últimos tres años hemos visto cómo la violencia se descontrola, con cifras récord de asesinatos y un aumento preocupante en el tráfico de drogas. El turismo, que era nuestra gallina de los huevos de oro, se está viendo afectado, la inversión extranjera huyó presas y los ciudadanos vivimos con miedo. Como decía Bukele, si no ponemos freno a esto, vamos a acabar peor que El Salvador en sus peores tiempos. ¡Qué carga!
Ahora bien, dejando de lado toda esta polémica, me pregunto: ¿Realmente creen que la megacárcel es la solución definitiva al problema de la inseguridad en Costa Rica, o deberíamos estar enfocándonos en atacar las raíces del problema, como la pobreza y la desigualdad social? ¡Díganme qué piensan en los comentarios, pues!