Maes, este fin de semana la cosa se puso color de hormiga en Limón. El presidente Rodrigo Chaves andaba en su última gira por la provincia antes de que termine su mandato y, fiel a su estilo, no se guardó absolutamente nada. En medio de un acto de graduación, que usualmente es una vara más bien tranquila, Chaves soltó una bomba que ya está haciendo eco en todo el país: le pidió a la gente votar en 2026 por una Asamblea Legislativa con una mayoría tan fuerte que pueda, y cito, "hacerle un exorcismo" a nuestras instituciones. Así, con esa palabra.
Diay, seamos honestos. No es la primera vez que el presi le tira al Poder Judicial o a la Contraloría, pero esta vez el tono fue otro. Ya no es solo una crítica, es un llamado directo a la acción electoral con un objetivo clarísimo: desmantelar lo que él percibe como un bloqueo. Chaves habló de que con esa mayoría legislativa "algún día podamos juzgar (...) a los jueces y magistrados corruptos". La vara es que esto suena a un choque de trenes anunciado. Estamos hablando de un poder del Estado pidiendo abiertamente una configuración del otro para poder exigirle cuentas a un tercero. Un enredo que pone sobre la mesa el debate sobre la independencia de poderes, que es como el pilar fundamental de todo este chunche que llamamos democracia.
Pero el pleito no paró ahí. El presidente tenía un nombre y apellido en la mira: Marta Acosta, la contralora. La confrontó directamente, casi como si la tuviera en frente, por el tema de la marina de Limón. Chaves, con micrófono en mano, básicamente la acusó de jalarse una torta monumental con la interpretación de una ley que, según él, frenó por años el desarrollo de la provincia. La frase fue durísima: "¿Por qué usted interpretó de una manera que dañó al pueblo de Limón por años?". Aquí es donde la cosa se vuelve un despiche, porque ya no es un debate técnico, es una acusación pública de causar daño a toda una comunidad. Esto politiza aún más el brete de la Contraloría, que se supone debe ser técnico e imparcial.
Lo que está de fondo es más grande que una simple gira. Esto ya no es un simple discurso, es el primer capítulo de la campaña 2026, aunque falten dos años. Chaves está construyendo una narrativa muy potente: "El sistema actual no funciona, las instituciones son un obstáculo y solo una mayoría absoluta, leal a mi visión, puede arreglarlo". Es una estrategia de todo o nada. El mensaje que le está enviando al electorado es que el verdadero enemigo no son los otros partidos, sino el propio "establishment" institucional. Es una jugada riesgosa que polariza, pero que evidentemente le ha funcionado antes para conectar con el descontento de mucha gente.
Al final, la vara queda así: ¿estamos ante un líder que genuinamente quiere romper con la burocracia y la corrupción que paralizan al país, o estamos viendo un intento de concentrar poder que podría debilitar los contrapesos democráticos? El discurso del "exorcismo" es potente, carismático y, para muchos, hasta necesario. Pero también puede ser la puerta a que un futuro gobierno tenga vía libre para actuar sin el escrutinio que, para bien o para mal, garantizan la Contraloría y el Poder Judicial. La pregunta que queda en el aire es si el remedio que propone Chaves no terminará siendo peor que la enfermedad.
Maes, ¿qué opinan ustedes? ¿Están de acuerdo con Chaves en que hay que "exorcizar" el Poder Judicial y la Contraloría, o creen que se está jalando una torta peligrosa al atacar la separación de poderes? ¿Es un grito de auxilio necesario o una jugada populista? ¡Abro debate!
Diay, seamos honestos. No es la primera vez que el presi le tira al Poder Judicial o a la Contraloría, pero esta vez el tono fue otro. Ya no es solo una crítica, es un llamado directo a la acción electoral con un objetivo clarísimo: desmantelar lo que él percibe como un bloqueo. Chaves habló de que con esa mayoría legislativa "algún día podamos juzgar (...) a los jueces y magistrados corruptos". La vara es que esto suena a un choque de trenes anunciado. Estamos hablando de un poder del Estado pidiendo abiertamente una configuración del otro para poder exigirle cuentas a un tercero. Un enredo que pone sobre la mesa el debate sobre la independencia de poderes, que es como el pilar fundamental de todo este chunche que llamamos democracia.
Pero el pleito no paró ahí. El presidente tenía un nombre y apellido en la mira: Marta Acosta, la contralora. La confrontó directamente, casi como si la tuviera en frente, por el tema de la marina de Limón. Chaves, con micrófono en mano, básicamente la acusó de jalarse una torta monumental con la interpretación de una ley que, según él, frenó por años el desarrollo de la provincia. La frase fue durísima: "¿Por qué usted interpretó de una manera que dañó al pueblo de Limón por años?". Aquí es donde la cosa se vuelve un despiche, porque ya no es un debate técnico, es una acusación pública de causar daño a toda una comunidad. Esto politiza aún más el brete de la Contraloría, que se supone debe ser técnico e imparcial.
Lo que está de fondo es más grande que una simple gira. Esto ya no es un simple discurso, es el primer capítulo de la campaña 2026, aunque falten dos años. Chaves está construyendo una narrativa muy potente: "El sistema actual no funciona, las instituciones son un obstáculo y solo una mayoría absoluta, leal a mi visión, puede arreglarlo". Es una estrategia de todo o nada. El mensaje que le está enviando al electorado es que el verdadero enemigo no son los otros partidos, sino el propio "establishment" institucional. Es una jugada riesgosa que polariza, pero que evidentemente le ha funcionado antes para conectar con el descontento de mucha gente.
Al final, la vara queda así: ¿estamos ante un líder que genuinamente quiere romper con la burocracia y la corrupción que paralizan al país, o estamos viendo un intento de concentrar poder que podría debilitar los contrapesos democráticos? El discurso del "exorcismo" es potente, carismático y, para muchos, hasta necesario. Pero también puede ser la puerta a que un futuro gobierno tenga vía libre para actuar sin el escrutinio que, para bien o para mal, garantizan la Contraloría y el Poder Judicial. La pregunta que queda en el aire es si el remedio que propone Chaves no terminará siendo peor que la enfermedad.
Maes, ¿qué opinan ustedes? ¿Están de acuerdo con Chaves en que hay que "exorcizar" el Poder Judicial y la Contraloría, o creen que se está jalando una torta peligrosa al atacar la separación de poderes? ¿Es un grito de auxilio necesario o una jugada populista? ¡Abro debate!