¡Ay, Dios mío! Parece que los timadores no le dan respiro a nadie. Un joven goicocheano vivió una experiencia de pesadilla cuando descubrió que sus tarjetas de crédito habían sido clonadas mientras disfrutaba de unas vacaciones en Río de Janeiro. Tres transacciones fraudulentas por $2.400 dólares aparecieron como si fueran caramelos en su extracto bancario, enviándolo directo a la oficina del OIJ.
Según datos oficiales, el año 2025 fue un panorama oscuro para los billeteras costarricenses. Se reportaron un asombroso total de 112.156 denuncias ante el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), ¡una cifra que te deja boquiabierto! Dentro de estas, 10.027 corresponden a estafas informáticas, representando un aumento del 41,3% respecto al año anterior. ¡Imagínate qué chimba para los rateros!
Y eso no es todo, amigos. Las estafas tradicionales, aquellas en las que te caen con la ganzúa, también aumentaron significativamente. Durante el cierre de 2025, se registraron 7.483 denuncias de este tipo, lo que implica un ajuste al alza del 18,7%. Parece que esos tipos andan más activos que nunca, buscando cómo sacarle unos billetes a la gente trabajadora. ¡Una verdadera pena!
Pero, ¿cómo operan estos delincuentes? El director interino del OIJ, Soto, nos abrió los ojos con tres modalidades principales. Primero, tenemos los que actúan cerca de La Reforma, explotando situaciones vulnerables. Luego, llegan los correos electrónicos con promesas de herencias millonarias – ¡qué carga!, siempre con la misma cantaleta– y, finalmente, el truco del número de teléfono falso, donde te aparece un número nacional, pero en realidad estás hablando con alguien desde quien sabe dónde.
Lo más preocupante es la velocidad con la que se mueven los fondos robados. Según Soto, “cuando la persona va a poner la denuncia, ese dinero ya se ha disgregado en el mundo virtual”. Esto dificulta enormemente la recuperación del dinero, porque los vientos van cambiando y esos narices se mojan rápido. Lo que hacen es mover el dinero entre cuentas hasta llegar a manos de recibidores, muchos de ellos personas necesitadas que reciben unos colones insignificantes por abrir cuentas y servir de pantalla. ¡Un brete el que tienen montado!
El secreto bancario complica aún más la situación. Para rastrear el flujo de dinero, el OIJ necesita obtener autorizaciones judiciales, un proceso que consume tiempo y puede dificultar la captura de los responsables. Además, Soto enfatizó la importancia de la prevención, recordándonos que es mucho más efectivo evitar caer en la trampa que intentar recuperar el dinero después de haber sido víctima. Es como dicen por ahí, más vale prevenir que lamentar, ¿no?
Aunque muchas personas no denuncian, el OIJ estima que existen aún más casos de fraude de los que se registran oficialmente. Esto significa que estamos apenas raspando la superficie de un problema que afecta a miles de familias costarricenses. La tecnología avanza a pasos agigantados, y los delincuentes aprovechan cada herramienta disponible para engañar a la gente. Hay que estar pilas y revisar constantemente nuestros movimientos financieros, reportar cualquier actividad sospechosa y proteger nuestra información personal como si fuera oro de ley.
En fin, amigos, ¿creen que el gobierno debería invertir más recursos en educación financiera y campañas de concientización para combatir este flagelo? ¿O deberían endurecer las penas para los ciberdelincuentes y facilitar el acceso a la justicia para las víctimas? ¡Compártanme sus ideas en el foro! Que no quede ni un huesito, diay…
Según datos oficiales, el año 2025 fue un panorama oscuro para los billeteras costarricenses. Se reportaron un asombroso total de 112.156 denuncias ante el Organismo de Investigación Judicial (OIJ), ¡una cifra que te deja boquiabierto! Dentro de estas, 10.027 corresponden a estafas informáticas, representando un aumento del 41,3% respecto al año anterior. ¡Imagínate qué chimba para los rateros!
Y eso no es todo, amigos. Las estafas tradicionales, aquellas en las que te caen con la ganzúa, también aumentaron significativamente. Durante el cierre de 2025, se registraron 7.483 denuncias de este tipo, lo que implica un ajuste al alza del 18,7%. Parece que esos tipos andan más activos que nunca, buscando cómo sacarle unos billetes a la gente trabajadora. ¡Una verdadera pena!
Pero, ¿cómo operan estos delincuentes? El director interino del OIJ, Soto, nos abrió los ojos con tres modalidades principales. Primero, tenemos los que actúan cerca de La Reforma, explotando situaciones vulnerables. Luego, llegan los correos electrónicos con promesas de herencias millonarias – ¡qué carga!, siempre con la misma cantaleta– y, finalmente, el truco del número de teléfono falso, donde te aparece un número nacional, pero en realidad estás hablando con alguien desde quien sabe dónde.
Lo más preocupante es la velocidad con la que se mueven los fondos robados. Según Soto, “cuando la persona va a poner la denuncia, ese dinero ya se ha disgregado en el mundo virtual”. Esto dificulta enormemente la recuperación del dinero, porque los vientos van cambiando y esos narices se mojan rápido. Lo que hacen es mover el dinero entre cuentas hasta llegar a manos de recibidores, muchos de ellos personas necesitadas que reciben unos colones insignificantes por abrir cuentas y servir de pantalla. ¡Un brete el que tienen montado!
El secreto bancario complica aún más la situación. Para rastrear el flujo de dinero, el OIJ necesita obtener autorizaciones judiciales, un proceso que consume tiempo y puede dificultar la captura de los responsables. Además, Soto enfatizó la importancia de la prevención, recordándonos que es mucho más efectivo evitar caer en la trampa que intentar recuperar el dinero después de haber sido víctima. Es como dicen por ahí, más vale prevenir que lamentar, ¿no?
Aunque muchas personas no denuncian, el OIJ estima que existen aún más casos de fraude de los que se registran oficialmente. Esto significa que estamos apenas raspando la superficie de un problema que afecta a miles de familias costarricenses. La tecnología avanza a pasos agigantados, y los delincuentes aprovechan cada herramienta disponible para engañar a la gente. Hay que estar pilas y revisar constantemente nuestros movimientos financieros, reportar cualquier actividad sospechosa y proteger nuestra información personal como si fuera oro de ley.
En fin, amigos, ¿creen que el gobierno debería invertir más recursos en educación financiera y campañas de concientización para combatir este flagelo? ¿O deberían endurecer las penas para los ciberdelincuentes y facilitar el acceso a la justicia para las víctimas? ¡Compártanme sus ideas en el foro! Que no quede ni un huesito, diay…