¡Ay, Dios mío! Se armó un hueso tremendo con Laura Fernández, mija. La licenciada prendió la mecha de la campaña electoral con un discurso que te jala para un lado y para otro. Entre frases bíblicas y llamados a defender la patria, la candidata de Pueblo Soberano lanzó una proclama que suena casi como si estuviera leyendo el himno nacional al revés. ¡Qué cargada!
Si nos ponemos a revisar, esto viene de atrás. Desde que llegó Rodrigo Chaves a la Presidencia, Pueblo Soberano se ha aferrado a la idea de que ellos son los únicos que pueden traerle orden al gallinero. Y ahora, con estas elecciones a la vuelta de la esquina, Fernández parece decidida a echar toda la carne al asador, buscando que el electorado recuerde cómo era “antes” – tiempos que algunos señalan como oscuros y llenos de corrupción, y otros extrañan por estabilidad.
En un video que recorre las redes sociales a toda velocidad, Fernández explotó con un discurso cargado de patriotismo, usando y abusando de frases célebres como “los hijos del pueblo ya levantaron la frente”. Pero luego vino la estocada: “No volveremos a ser siervos menguados de los mismos de siempre.” Ahí, mis queridos, la puso a punto con la oposición. Claramente está apuntando a los viejos caciques del PLN y el PUSC, pintándolos como obstáculos para el progreso de Costa Rica.
Analíticamente hablando, la estrategia de Fernández es clara: atarse de manos a Rodrigo Chaves. Se presenta como su sucesora natural, la que va a continuar con su legado. Es una jugada maestra si consideramos que todavía hay un sector importante de la población que, aunque haya críticas, reconoce ciertos logros del gobierno actual. Pero también es arriesgado, porque cualquier torpeza de Chaves durante estos últimos días de su mandato recaerá directamente sobre ella, como una pelota de béisbol directa al rostro.
Los analistas políticos, esos que saben tantito más que nosotros, dicen que Fernández está tratando de polarizar el panorama. Divide al país en dos bandos: aquellos que quieren seguir adelante con el supuesto “cambio valiente” y aquellos que anhelan regresar a los tiempos de antaño. Una táctica clásica, diay, pero que a veces funciona como magia negra. Especialmente cuando la gente está frustrada y busca culpables fáciles.
Ahora bien, la gran incógnita es si esta retórica de “ruptura” realmente resonará en las urnas. Porque aunque en Twitter y Facebook parezca que todos están de acuerdo con ella, en la vida real la cosa puede ser distinta. Las encuestas muestran que el abstencionismo sigue siendo el enemigo número uno. Convencer a la gente indecisa, a esos que ni siquiera tienen ganas de ir a votar, es un brete enorme.
Además, no podemos olvidar que Laura Chinchilla salió con unas verdades que dejaron a Fernández temblando. Lo calificó de “mala copia” de su presidente, acusándola de carecer de la visión y el carisma necesarios para liderar el país. Un golpe bajo, sin duda, que busca desmoralizar a su equipo y sembrar dudas en la mente de los votantes. ¡Esto se puso bueno!
En fin, la carrera hacia el 1 de febrero se define así: Laura Fernández promete romper cadenas y construir una nueva Costa Rica, mientras sus detractores aseguran que solo quiere perpetuar el statu quo. Pero mi pregunta para ustedes, compas del Foro, es esta: ¿Creen que este tipo de discurso polarizador y lleno de promesas grandilocuentes es justo lo que necesita Costa Rica para avanzar, o sería preferible un enfoque más moderado y constructivo?
Si nos ponemos a revisar, esto viene de atrás. Desde que llegó Rodrigo Chaves a la Presidencia, Pueblo Soberano se ha aferrado a la idea de que ellos son los únicos que pueden traerle orden al gallinero. Y ahora, con estas elecciones a la vuelta de la esquina, Fernández parece decidida a echar toda la carne al asador, buscando que el electorado recuerde cómo era “antes” – tiempos que algunos señalan como oscuros y llenos de corrupción, y otros extrañan por estabilidad.
En un video que recorre las redes sociales a toda velocidad, Fernández explotó con un discurso cargado de patriotismo, usando y abusando de frases célebres como “los hijos del pueblo ya levantaron la frente”. Pero luego vino la estocada: “No volveremos a ser siervos menguados de los mismos de siempre.” Ahí, mis queridos, la puso a punto con la oposición. Claramente está apuntando a los viejos caciques del PLN y el PUSC, pintándolos como obstáculos para el progreso de Costa Rica.
Analíticamente hablando, la estrategia de Fernández es clara: atarse de manos a Rodrigo Chaves. Se presenta como su sucesora natural, la que va a continuar con su legado. Es una jugada maestra si consideramos que todavía hay un sector importante de la población que, aunque haya críticas, reconoce ciertos logros del gobierno actual. Pero también es arriesgado, porque cualquier torpeza de Chaves durante estos últimos días de su mandato recaerá directamente sobre ella, como una pelota de béisbol directa al rostro.
Los analistas políticos, esos que saben tantito más que nosotros, dicen que Fernández está tratando de polarizar el panorama. Divide al país en dos bandos: aquellos que quieren seguir adelante con el supuesto “cambio valiente” y aquellos que anhelan regresar a los tiempos de antaño. Una táctica clásica, diay, pero que a veces funciona como magia negra. Especialmente cuando la gente está frustrada y busca culpables fáciles.
Ahora bien, la gran incógnita es si esta retórica de “ruptura” realmente resonará en las urnas. Porque aunque en Twitter y Facebook parezca que todos están de acuerdo con ella, en la vida real la cosa puede ser distinta. Las encuestas muestran que el abstencionismo sigue siendo el enemigo número uno. Convencer a la gente indecisa, a esos que ni siquiera tienen ganas de ir a votar, es un brete enorme.
Además, no podemos olvidar que Laura Chinchilla salió con unas verdades que dejaron a Fernández temblando. Lo calificó de “mala copia” de su presidente, acusándola de carecer de la visión y el carisma necesarios para liderar el país. Un golpe bajo, sin duda, que busca desmoralizar a su equipo y sembrar dudas en la mente de los votantes. ¡Esto se puso bueno!
En fin, la carrera hacia el 1 de febrero se define así: Laura Fernández promete romper cadenas y construir una nueva Costa Rica, mientras sus detractores aseguran que solo quiere perpetuar el statu quo. Pero mi pregunta para ustedes, compas del Foro, es esta: ¿Creen que este tipo de discurso polarizador y lleno de promesas grandilocuentes es justo lo que necesita Costa Rica para avanzar, o sería preferible un enfoque más moderado y constructivo?